Revista Intemperie

Nubes oscuras ofrecen tempestad sobre la niñez

Por: Karen Bascuñán

En ‘No aceptes caramelos de extraños’ último libro de cuentos de Andrea Jeftanovic, explora la sensualidad y el deseo perturbado a través de un complejo entramado de influencias que Karen Bascuñán intenta desentrañar.

 

Once cuentos unidos por formas perturbadas del deseo, constituyen el libro “No aceptes caramelos de extraños” (2011, Uqbar editores), de la escritora chilena Andrea Jeftanovic (1970). Jeftanovic escribe en este libro principalmente acerca de la sombra que amenaza la niñez y cómo la perversión social encuentra fisuras propicias para entrar en lo que siempre nos pareció familiar hasta que emergió lo tenebroso o el delirio. Junto a este tópico, también nos encontramos en sus cuentos con otros que refieren el deseo y el desencuentro en la adultez, especialmente de personas que enfrentan vértices o amplias formas de la soledad.

Escritura a veces de tiempo moroso y a veces trepidante, crea escenarios filosos que nos perturban desde su misma apertura, a través de cuerpos plagados de núcleos dramáticos, como el delirante relato del incesto entre un padre y su hija, donde nos encontramos con el uso social y amenazante del cuerpo de los niños, a modo de ejercicio de poder perverso, habitualmente innombrable y difícil de procesar en su gesto fundante: “En un principio fue el incesto”, señala con certeza el personaje de la hija. Es difícil entrar en el resquicio que genera y nombra el incesto y Jeftanovic lo hace con claridad perturbadora.

Esta puesta en escena de la pregunta por cómo se ocupa el lugar del deseo del otro es un hilo conductor en parte importante del libro, ya que Jeftanovic nos entrega personajes que navegan en el narcisismo en sus variantes más oscuras: el deseo de ocupar el lugar de la madre y el juego de espejo deseante entre padre e hija, el odio que vive un hijo único ante el nacimiento de su hermana, la furia especular de dos mujeres que comparten un hombre que las transforma en malamadas, una pareja de adultos con un erotismo inexistente.

“La necesidad de ser hijo”, el título de otro de los cuentos, pareciera  abordar una de las preguntas medulares que recorre el libro. Nos encontramos con hijas e hijos que se enfrentan a la intensidad del vínculo con el padre o la madre, ya sea en lo real o en la metáfora que implica. Jeftanovic nos instala en atmósferas que se impregnan de emociones profundas, ira, dolor, delirio, más desde los hijos que desde los padres.

Si bien los cuentos se mueven en espacios de intimidad, la sombra del pasado político reciente aparece con fuerza en la rabia de un hijo que no tuvo padres a causa a la filiación activa de estos con la lucha clandestina para acabar con la dictadura militar en Chile. Es interesante como el cuento “La necesidad de ser hijo” pone en relieve una dimensión política con implicancias en lo que acostumbra llamarse “vida privada” –si bien ya sabemos que lo personal es político, como se nos ha dicho en otros contextos-, vínculo que que ha sido difícil de abordar en nuestra historia reciente, a modo de transgeneracionalidad del daño.

No obstante lo anterior, también logra emerger la voz de una madre desde la angustia, como en el cuento que da título al libro. Estecuento refiere la experiencia de una madre que busca a su hija pequeña desaparecida en la ciudad, y quizá es el mejor logrado de este libro. También parece interesante en este cuento cómo se establece intertexto con la figura absolutamente ausente en el libro al que recurre la autora para uno de sus epígrafes “De los niños nada se sabe” (Vinci, 1997), mostrando una madre que nunca se vio en el texto de Vinci, en una trama compartida.

Ahora bien, parece importante hacernos una pregunta por el lenguaje del deseo en la escritura. Jeftanovic ha sido señalada por algunos críticos como heredera -en este texto- de la estética de importantes escritoras del siglo pasado, tales como Woolf o Lispector. Y, sin duda, es posible reconocer esa adherencia a través de sus textos. Pero desde mi particular experiencia como lectora, en este libro Jeftanovic establece un diálogo casi a puertas cerradas con la escritora italiana Simona Vinci, y particularmente con sus libro “De los niños nada se sabe” (1997), con el cual se intersectan gestos, estructura, situaciones, temática y frases. El reconocimiento a la novela citada a través del epígrafe, es un gesto que se transforma en entramado y conversación a través de varios cuentos. Quizá porque una vez que se ha leído “De los niños nada se sabe”, difícilmente se le puede olvidar. Es como si la potencia del lenguaje y la narrativa de Vinci generaran una suerte de embrujo a través de la seducción por la palabra, y ese embrujo también hubiera operado sobre la autora chilena.

En este contexto, al encontrarme con frases textuales de Vinci insertas en cuentos de Jeftanovic, me pregunto qué significa realmente la intertextualidad, o en qué indaga la autora de “No aceptes caramelos de extraños” con este movimiento interno en su libro. Lo resultante entre el deseo y la transgresión, tema transversal a ambos libros, y la doble violencia de la estética y belleza narrativa de situaciones de horror quizá nos ofrecen alguna clave. De algún modo, la seducción de la palabra puede llevarnos a un instante (al menos a uno) en el que se cede, donde no queda más salida que sucumbir. Pienso que quizá esa es la estrategia que Jeftanovic quiere evidenciar en su diálogo con Vinci: seducida por su lenguaje, en el proceso de intertexto deja traspasar en sus propios cuentos, algunas frases de Vinci que navegan sin cita. Transgresión entre autores, que si bien no define trama, señala otro nivel de la seducción del cuál ambos libros hablan. Es un gesto amoroso y deseante a la vez, o quizá una suerte de homenaje a una obra que establece una huella en su escritura y con la cual dialoga con fuerza. Pienso que es incluso posible leerlo como un gesto amoroso, en tanto Jeftanovic presenta su mundo creativo en diálogo con una par, compartiendo estética y tópicos.

“No aceptes caramelos de extraños”, no obstante el último punto señalado, es sin duda es un libro recomendable, y no sería extraño verse empapado con la humedad que le inunda a través del simbolismo del océano y las emociones, generando un manto que en la lectura del libro envuelve y estremece bellamente resquicios que probablemente cualquier lector ha rondado. Jeftanovic navega de forma explicita por esas aguas y se le agradece en este libro que perturba y se disfruta, quizá como espejo del trasfondo emocional que impregna las escenas y sus palabras.

 

No aceptes caramelos de extraños

Andrea Jeftanovic
Santiago, Uqbar Editores, 2011.

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