Revista Intemperie

Ese cine chileno que nadie quiere ver

Por: Rodrigo Marín Matamoros

El análisis presentado en este libro explica el por qué los jóvenes cineastas nacionales (tan poco vistos en Chile) son elogiados en el mundo. Escribe aquí Rodrigo Marín.

 

En los últimos años hemos visto cómo ha emergido un grupo importante de jóvenes cineastas, que con apenas un par -o algo más- de obras, han logrado que las miradas se vuelquen hacia ellos. Pero la atención ha provenido más desde el exterior que de nuestro propio país, cosa nada nueva, y es en el Festival Internacional de Cine de Valdivia –el certamen cinematográfico más importante de Chile- donde varios de estos filmes han hecho su irrupción.

El novísimo cine chileno editado por Ascanio Cavallo y Gonzalo Maza (Uqbar Editores) propone 21 artículos de críticos y académicos sobre distintas filmografías. Una generación de realizadores que han hecho del cine un lugar íntimo, lejos de los grandes relatos de sus predecesores directos (Andrés Wood, Boris Quercia o Marcelo Ferrari que en los noventa llenaron las multisalas con éxitos como Machuca o Subterra) y que se educaron bajo las referencias del nuevo cine chileno de los años setenta (representado por Miguel Littin, Pedro Chaskel o Patricio Guzmán), esa generación de donde -según sus editores- Raúl Ruiz emergió como “el gran faro del cine chileno en la porfiada determinación de hacer cine por encima de todos los obstáculos”.

Pero más que seguir alguno de los caminos trazados por estas dos generaciones de realizadores -la de los setenta y los noventa- estos jóvenes cineastas han optado por sendas autorales, con lenguajes y preocupaciones propias, lejos de la taquilla, o al menos, sin que esta determine las temáticas o la escritura de guión. El foco de estos realizadores apunta a esos pequeños relatos de la cotidianidad, más cercano a la realidad, a esa realidad que pareciera vivir lejos de los circuitos comerciales construidos para las masas que justamente buscan digerir rápidamente, a modo de entretención, historias y relatos por todos conocidos, y en definitiva, por todos esperados.

El novísimo cine chileno retrata obras tan disímiles como El pejesapo (2007) de Luis Sepúlveda o Música campesina (2011) de Alberto Fuguet. A partir de la primera obra, Gonzalo Maza reflexiona sobre las interrogantes acerca de cómo el cine de denuncia, o el documental social, ese que pone la mirada sobre las problemáticas sociales más chocantes, podría llegar a ser en sí mismo, otro tipo de aprovechamiento que como sociedad hacemos de la extrema pobreza. Y a propósito de Música campesina –uno de los pocos filmes presentes en las grandes salas- Juan Pablo Vilches presenta la obra audiovisual de un escritor que tiende a centrar su objetivo en los privilegiados, en la mirada que estos afortunados tienen del mundo y su derecho a marginarse, sutilmente, sin rebelión, pero sin aceptar que el mercado o el ejercicio de la profesión los discipline.

Lo común entre los cineastas antologados en El novísimo cine chileno es el empeño que ponen en ser fieles a sí mismos, la búsqueda y defensa del discurso sobre un cine no comercial, intimista, y que busca revertir la excluyente realidad de no ser exhibido en el resto de las salas de nuestro país. Sin duda estos 21 textos son una valiosa aproximación al trabajo de los jóvenes realizadores que se proyectan más allá de la escasa atención que hoy tienen en Chile, pese a los elogios que cosechan en los festivales más importantes del mundo.

 

El novísimo cine chileno

Ascanio Cavallo y Gonzalo Maza (editores)
Santiago, Uqbar Editores, 2011.

Un comentario

  1. urbano dice:

    quisiera saber donde puede comprase el libro de Gonzalo Maza que da lugar a la película Gloria. Editoria, año etc. Gracias

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