Revista Intemperie

Brocha y pintura: el grito gráfico en Chile

Por: Rodrigo Marín Matamoros
pintura

Las actuales marchas de los estudiantes no son el primer ni único movimiento contracultural: basta leer Pintura callejera chilena para acordarse de cómo nos hemos ganado un espacio en las calles. Así lo asegura Rodrigo Marín.

 

Multitudinarias protestas por la educación se toman las calles de Santiago y los llamados de atención en contra de quienes tratan de impedir el derecho a la libertad de expresión, sumados a nuevas normas que vendrían a modernizar la definición de desorden público, parecieran ser parte de nuestra rutina. Y es ahí, en la ruta, en la calle, lugar en que nos ganamos la libertad de desplazamiento, de expresión y de encuentro, donde se sitúa el objeto de estudio de Pintura callejera chilena. Manufactura estética y provocación teórica de Patricio Rodríguez-Plaza (Ocho Libros Editores).

Este estudio propone un soporte teórico para dimensionar el impacto de los distintos tipos de grafismos que acuden a ojos de todos quienes se han desplazado por las calles del Chile contemporáneo. Mural, graffiti, esténcil, tag, son hoy expresiones que forman parte constitutiva de la ciudad y su análisis pasa por la reflexión de los ejes históricos a través de los cuales se han desarrollado. Durante la expansión democrática (1960-1973), la dictadura militar y los años posteriores, el arte callejero acompaño el proceso político de nuestro país y hoy a encontrado sentido como movimiento contracultural. Desde ese tiempo, la ciudad ha sido el soporte de estos flujos discursivos, de ideas y gritos, donde lo político y en específico las ideas político-partidistas de izquierda han sido sus principales productoras.

Los estudiantes fueron los primeros involucrados –junto a pobladores y trabajadores- en constituir las llamadas brigadas muralistas. Así Ramona Parra, Elmo Catalán, Inti Peredo, Camilo Torres, y los papelógrafos de la Brigada Chacón -que hasta hoy presentan los titulares urbanos de una especie de periodismo callejero- fueron grupos militantes que tenían como tarea el rayado de muros y la propagación de actividades e ideas políticas. “A construir la Patria Nueva” pintado en la Alameda del primer año del Gobierno de Allende, sea quizás el más conocido e importante de todas estas picturalidades performativas que significa la pintura callejera. Todas estas manifestaciones y más son parte del recorrido de este libro, que transita por poblaciones y lugares del gran Santiago.

Tal vez el lector echará de menos una mayor información sobre el centenar de imágenes que aquí se presentan. Y es que la escasa importancia bibliográfica que ha tenido el patrimonio gráfico –no institucional- en Chile, producto de los años de oscurantismo en que estas imágenes –tachadas de subversivas- estuvieron guardadas, sino perdidas, fueron la causa de que muchas de sus referencias se perdieran irremisiblemente. Es ahí donde radica la importancia de Pintura callejera chilena, que junto con librar a estos signos del nefasto sentido subversivo, los rescata de la frágil memoria y los expone al lector, que más allá de cacerolazos y marchas, espera que la calle siga siendo un territorio abierto, ese lugar donde se rompe con los itinerarios de la vida programada.

 

Pintura callejera chilena. Manufactura estética y provocación teórica

Patricio Rodríguez-Plaza
Santiago, Ocho Libros Editores, 2011

Un comentario

  1. Francisco dice:

    Echo de menos unas imagenes graficando la cronologia, buena reflexion de todas formas

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