Revista Intemperie

¿A alguien le gusta nuestra Feria del Libro?

Por: Intemperie
filsa

Que no nos gusta, pero vamos porque “es lo que hay”. Que más que una actividad cultural parece un centro comercial de segunda categoría. O que la feria le gusta a muchos que salen felices con un par de libros, excepto a los gruñones que se creen intelectuales. A pocos días de haberse inaugurado la 31ª Feria Internacional del Libro de Santiago quisimos saber realmente qué nos parece este encuentro. 

Críticas y halagos fue lo que pudimos recopilar en las opiniones de Andrea Palet, Galo Ghigliotto y Felipe Cussen.

 

Felipe Cussen, investigador Instituto de Estudios Avanzados – USACH

Acabo de revisar la página web de la Feria del Libro, y este año se cobrará $2.500 por la entrada general. A pesar de no ser un costo tan alto, me parece curioso que se deba pagar por asistir a actividades que casi siempre son gratuitas (como lanzamientos de libros, encuentros con escritores y discusiones académicas). Aún más extraño es tener que pagar por ser víctimas de propaganda y promociones más propias de un centro comercial de segunda clase, en el que la voz del locutor se replica interminablemente gracias a la pésima acústica. Pero lo que resulta particularmente violento es que con este esquema de cobro, en vez de favorecer un acceso más igualitario a la cultura, se mantiene la diferencia: quienes forman parte del mundillo de escritores, editores y libreros, siempre reciben alguna invitación gratuita para un lanzamiento, mientras que quienes aún no han accedido a esa camarilla son los que sí tendrán que pagar.

 

Andrea Palet, editora

La Feria les gusta a todos, menos a los gruñones ligados a las letras que nos creemos superiores, especiales, eternamente traicionados por esta sociedad mediocre que no nos entiende. A mucha gente buena, honrada y que genuinamente cree que ir a la Feria es una experiencia cultural. A aquellos que aprecian conocer en persona a los escritores que les gustan, que incluso vienen de provincia a verlos, a compartir un minuto con ellos, a contarles una anécdota o el momento especial que vivieron identificándose con sus obras. ¿Y por qué no? A las madres y los padres que logran desconectar a sus hijos de los cables y los llevan a ver libros en vez de pasar un domingo en el Mampato. A toda la gente que el resto del año no tiene tiempo, o formación, o costumbre, de darse un espacio para sí misma pero sigue pensando que leer libros es una buena cosa. A los que salen de la estación Mapocho felices con su bolsita con uno o dos volúmenes y muchos marcalibros gratis, porque el presupuesto no dio para más. A los estudiantes que esperan afuera a conseguirse una entrada porque no tienen las pocas lucas que cuesta. Porque todos ellos entienden que una feria es eso, una feria, y no un simposio.

 

Galo Ghigliotto, editor

La Feria les gusta a los organizadores, que reciben desde un millón por el stand más chico hasta más de cuatro por los grandes, sin contar el precio de la entrada, que alcanza los $2.500 el fin de semana. También a las editoriales industriales, que cobran sobre quince lucas por libros cuya fabricación cuesta menos de mil. Les gusta también a miles de chilenos que creen que por pagar la entrada y ponerse en la cola para que NN les firme el único libro que leerán en el año, están empapándose de cultura. O a los otros tantos miles que van a la feria sin expectativas de nada y se pierden entre miles y miles de títulos de cocina, fotografía, origami, sudoku, yoga, hip hop, (tele)novelas de escritorxs famosxs, excitados en la montaña rusa del consumismo, y terminan llevándose algo sobre el islam porque costaba luca. Es decir, la feria de Mapocho les gusta a los mismos que hacen de Chile un país copión, sin identidad propia, desinformado, caro, falsificado, truhán. Y a los que no nos gusta, vamos igual porque “es lo que hay”. Un dato: a quien le interese ir a la feria y no sentir que ha perdido tiempo y plata, le recomiendo ir al pabellón E, el más chico y escondido de la estación, donde estaremos las editoriales independientes.

 

Foto: La Tercera

2 Comentarios

  1. Es políticamente correcto que escritores, intelectuales y bibliófilos odien la feria del libro. Pero también es lo correcto.

  2. Cómo las pinta el “oficio” de Cussen…

Deje su mensaje

Debes estarsuscrito para enviar un comentario.