Revista Intemperie

Sobre la violencia y los encapuchados

Por: Rodrigo Hidalgo
flowerchucker

 

Comenzaré citando las palabras de algunos lectores que hace poco más de un mes comentaron un artículo mío en torno a este mismo tema para otra revista, y a partir de lo cual se despeja la diferencia entre dos tipos de encapuchados:

“Hay algunos que necesitan echarle agüita fría al mate pa’ que les cruja. No es lo mismo un encapuchado anarquista, que aunque no comparta sus métodos, sí tiene conciencia de clase y un fundamento de lucha, que un simple flaite que aprovecha la coyuntura para desórdenes y saqueos.” 

“Flaites son los marginados del sistema pero agregando la semilla delictual y “anticultural” que los caracteriza, es lumpen proletario… un producto residual del sistema capitalista, pero que a diferencia de la clase proletaria consciente (y en algunos casos pasiva), se vuelven contra su propia clase al no hacer diferenciación en “a quiénes atacan o enfrentan”. Si asumimos como cierta la afirmación que Gabriel Salazar realizara hace un tiempo (“el pobre de hoy es el flaite, uno que tiene sus necesidades básicas cubiertas, pero revela pobreza cívica”), debemos asumir que este “nuevo pobre” aparece transversalmente en todas las clases sociales chilenas. Convengamos, por ejemplo, que los ejecutivos de La Polar también eran flaites.”

“Flaite es entonces, una condición trans-clase, hoy en día es más un modo de hacer las cosas, que se puede revertir justamente con un sistema de educación de calidad y gratuito para todos los niveles o clases sociales.”

Despejado entonces el tema de los flaites, concentrémonos en los otros encapuchados, los que se conocen como “anarquistas”, que en teoría tienen “fundamentos”. Echémosle “agua fría”, cual ministra sorda a música impotente.

Yo fui uno de esos. No recuerdo cómo, con quién, ni en qué pensaba, pero estuve mi primer año en la universidad, en cuanta marcha y enfrentamiento hubo. No milité nunca en el anarquismo ni leí a Bakunin ni a Malatesta ni a Proudhon. Pero un día mientras gritaba un clásico “pacos reconchesumare” y tiraba una piedra, al lado mío, una viejecilla, huyendo con los oídos tapados, exclamó un “ay por favor” con tal sentimiento, que me puse rojo de vergüenza. Era una profesora de las entonces escasas, con quien teníamos una relación notable, de admiración, de respeto, de cariño. Era además, un contexto bien distinto al actual, el primer cuatrienio post-Pinochet, la instauración definitiva de la medida de lo posible. La rabia que sentía entonces… me da de nuevo vergüenza, pero debo decirlo: se fue apagando con los años. Y ahora, con esta alérgica primavera, he vuelto a sentirla viva, encendida. Por eso la verdad es que me cuesta condenar al pendejo tontorrón que tira piedras y se encapucha. Porque entusiasmado salgo a cacerolear con mis sobrinos en brazos, con familia ya, y veo la violencia extrema de las fuerzas policiales, veo nítida la estrategia de deslegitimar a los estudiantes caricaturizándolos como vándalos (que los hay, pero son pocos y se mezclan con los meros flaites), veo que además los infiltran, que arman montajes burdos… entonces da una rabia de aquellas y hay que recordar que uno ya hizo tonteras para no volver a tirar piedras o encapucharse.

Estoy feliz con los pies bien puestos en la tierra. Sé –todos lo saben- que la molotov solo sirve al enemigo. Y me da la misma rabia cuando un adolescente sobre-ideologizado estalla con una bomba casera en la espalda, porque le otorga argumentos a la represión, a Villegas y Hinzpeter, y alimenta la boca de mi vecino que clama porque desalojen el liceo donde su propio hijo cocina fideos hace seis meses. ¿Mártires o héroes a estas alturas? No jodan. ¿Creen realmente que respondiendo con violencia a la violencia del sistema se vaya a lograr algo? Puro pelotazo en contra, mijito. Se despeja pa’l lado, nunca pa’l centro.

Es de perogrullo que la victoria será a través del voto. Pese al sistema binominal de mierda y todo eso. Una victoria charcha que a lo mejor será “en la medida de lo posible”, de acuerdo, es lo más probable, depende de uno, de que se arme el famoso nuevo referente por ejemplo. ¿Partidos políticos? Sí compadre, no me mire con esa cara de asco. Así va a tener que ser, qué quiere que le diga. Y no me haga odiar esto que he dicho porque para eso me basto a mi mismo, tengo 36 años y recién me acabo de inscribir en el registro electoral. Estamos hablando de asumir una derrota de hace muchos años, y no solo en Chile sino en el mundo entero. No hay revolución posible ya. No es con armas el asunto. Pero se tiene que lograr algo. Se va a lograr algo. Aunque sean migajas. Que una gota con ser poco, con otra se hace aguacero.

 

Foto: banksy.co.uk

 

Artículo publicado originalmente el 29/10/2011.

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