Revista Intemperie

Bajo la sombra de otros árboles

Por: Felipe González Alfonso

No siempre favorece arrimarse a un buen árbol. El poemario Palabras de otra estación se arrimó nada menos que a la estética de Teillier y quedó ensombrecido. Así lo asegura nuestro crítico, Felipe González.

 

Es una tradición enorme la que nos invita a buscar en el silencio la trascendencia negada por el lenguaje, dada su arbitraria relación con las cosas. En el silencio podría hallarse, quizá, aquel otro lenguaje que ya no nos falseara el mundo y nos regalara una experiencia verdadera. El énfasis en este tema permite que el poemario Palabras de otra estación, de Sebastián Torres (1984), pueda zafarse un poco del larismo teillieriano al que con tanto fervor adhiere. Si bien, según leemos en la contratapa, esta adhesión se conecta con la experiencia del autor, su recurrencia a ratos se torna convencional, formularia y termina minando el interés de la lectura.

Esto no solo se debe a la insistente utilización de los recursos favoritos del poeta lautarino (personificación y repetición), sino a elementos incluso más característicos, de marca personal, digamos: el pariente muerto, el vaso de vino, la casa vacía, etc. Por esta razón, y a despecho de la lograda unidad temática y estilística del poemario, la lectura se vuelve predecible al poco rato, y el interés solo se dirige a enterarse de cómo serán reelaborados los ya archiconocidos recursos. Uno se siente inclinado a preguntar, con incomoda curiosidad, qué puede venir después de este primer libro de Torres, envejecido prematuramente.

Pese a lo anterior, el lector se ve algo compensado con poemas de trabajada factura; hay un dominio de la sencillez para nada simple de la tradición lárica nacional, y eso se percibe en la construcción altamente sugestiva de atmósferas espectrales y melancólicas, en las que, como observa el prologador, la figura humana aparece siempre mediada por sus reflejos. Resaltan, sobre todo, las vívidas imágenes de la naturaleza personificada, como sucede en el poema “La hoja arrancada”:

La hoja arrancada por el otoño / es el sueño roto del árbol, / es la ceniza dispersa de las horas, / la hebra de cabello / que la tierra guarda / en sus oscuros relicarios.

En términos discursivos, hay una insistente reflexión sobre los problemas que el lenguaje propone al poeta, y sobre los laberintos que debe franquear para afrontar la adversidad del oficio. Ante la insuficiencia de la palabra y mientras se busca en el silencio ese “secreto lenguaje” o “antigua mudez”, queda por lo menos la contemplación de las bellezas fugaces, a menudo en compañía de un “amargo vino de soledades”. En el poema “Tiempo de la espera”, el hablante fluctúa entre el tedio y la maravilla mínima:

Perdido entre horas sin objeto, / me divierte el vuelo de los gorriones, / siempre al acecho de un nuevo / horizonte, / y la traviesa luz que gira por el aro / de las bicicletas…

La paradoja que tensa el ánimo de estos poemas, es similar a la que, guardando las diferencias, tensa las famosas elegías de Rilke: el poeta debe callar para que se le trasmita el lenguaje apropiado, pero al cantar la espera, retrasa la adquisición de aquello que podría llevarlo de vuelta al lar añorado:

Tal vez debamos callar / para que los extraños cantos del cielo / nos cuenten nuestra secreta historia. 

Esta tensión se traduce, como vemos, en una alternancia entre angustiantes y lúcidas reflexiones sobre el lenguaje y bellas imágenes naturales; en estas últimas el poeta llega a encontrar algo de reposo en medio de sus “horas sin objeto” y el poema alcanza sus mejores momentos.

En Palabras de otra estación, salta a la vista un trabajo reflexivo formulado con claridad y consistencia, pero es de lamentar que no se ve reforzado con una propuesta formal a su altura, que resignifique la tradición lárica con un aporte más original. El primer libro de Sebastián Torres termina ensombrecido por los árboles a los que se arrima y, pese a sus virtudes, no pasa de ser un ejercicio epigonal ejecutado con cierta destreza y buenas ideas.

 

Palabras de otra estación

Sebastián Torres, prólogo de Marcelo Fuentes
Santiago, autoedición, 2011.

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