Revista Intemperie

El gesto de hacer de lo hediondo algo importante

Por: Héctor Rojas Pérez

Un San Antonio de poco atractivo turístico, un grupo de poetas y la corrupción literaria son los elementos que hacen de La Hediondez una novela donde lo central es la literatura. Eso piensa Héctor Rojas.

 

La violencia, el deseo, la ambición y el ajuste de cuentas son temas que Marcelo Mellado desarrolla a escala, por lo tanto, tal como una maqueta que respeta las proporciones de los grandes edificios, La Hediondez funciona de manera proporcional en relación con los grandes conflictos de la sociedad.

El de Mellado es un gesto discursivo. San Antonio es a una gran ciudad, los fondos públicos son a los capitales económicos, la poesía auto gestionada es a la industria editorial, las rivalidades son a la gran mafia, la ficción literaria es a la realidad inefable; un asunto de abstracción y escala. Si bien, la equivalencia funciona de manera lógica, la propuesta literaria de Mellado permite que las relaciones internas de la novela tengan lógicas propias, esto es porque hay algo definitivo, las cosas solo son en la ficción, lo que evidentemente podría anular la afirmación anterior. Sin embargo, esta contradicción cobra sentido en textos como La Hediondez.

Cuando menciono que San Antonio sirve de espacio para un conflicto literario ambicioso, de ninguna manera quiero plantear que sea un espacio reemplazable. La Hediondez no pudo haber ocurrido en Santiago, Buenos Aires, Barcelona, Edimburgo ni Nueva York. La acción de llevar el conflicto a un nivel sorprendentemente absurdo es lo que hace del San Antonio de esta novela el lugar indicado para el desarrollo de los acontecimientos narrados, no otro, ningún otro. Es este San Antonio un lugar de poco atractivo artístico, donde la Biblioteca Pública colinda con el Centro de recuperación de Animales Exóticos volviendo evidente la despreocupación hacia el espacio de la cultura, porque dicha biblioteca después del terremoto del 85´ no volvió a tener un proyecto que lo sustentara, desarticulación que empuja a los habitantes interesados en la poesía a pelearse por los fondos, probablemente limitados y mezquinos, destinados para la Biblioteca Pública. De esa misma forma, en este lugar podría ocurrir que la falta de preocupación hacia el capital cultural de la ciudad, entregue como resultado que la mencionada biblioteca albergue documentos de gran valor que descuidadamente han sido olvidados en escuelas públicas y otros edificios, lo que en La Hediondez se hace evidente en la historia contada: la búsqueda de los textos de los jesuitas  genera un movimiento violento y desesperado por encontrarlos; quien los encuentre podrá administrarlos y suponer que avalarán la obtención de fondos públicos. La finalidad son los fondos, no los textos.

Por más que en la literatura exista una tendencia a referir a la literatura de manera más o menos inevitable, ya sea a través de intertextos, epígrafes o alusiones, la propuesta de este libro destaca por trasladar lo literario al centro del conflicto. Aquí la literatura no es un recurso para aludir al conflicto, sino que el conflicto es la literatura. Por ejemplo, se narra que “los conspiradores convinieron en que debían soltarle una válvula al motor de la embarcación que el gremio había arrendado para su performance”, performance que consistía en una lectura poética en el mar, ¿quién podría sentirse afectado por aquello?. En La Hediondez, esa performance era una muestra que por su posible influencia en el manejo de los recursos destinados a la biblioteca o los temas literarios, debía ser considerada como un gesto provocador que genera una reacción violenta en sus detractores.

La novela se hace cargo de dos tensiones en la historia narrada: el poder y el deseo. Por supuesto, ambas remiten a la intención de someter a otro, pero con resultados diferentes. En el texto, el deseo sexual busca la apropiación para sí del otro deseado, quien realmente no es invitado a disfrutar de su condición de objeto de deseo, su rol es solamente accesorio. Por otra parte, el poder se presenta como una tensión que deriva de la necesidad de anular al otro, un rival que solo es necesario para confirmar la propia existencia. ¿Cuál es ese otro? Para Mellado ese otro es un poeta, muchas veces menor, auto gestionado y probablemente no leído, pero aun así, es el sujeto que se pone en tensión. Quizás el evento que suscita el cruce de ambas tensiones de manera evidente es el momento en el que deciden protestar, instalando la declaración de protesta en las nalgas, “el punto más conflictivo de esa declaración no era exactamente su contenido, que promovía una causa noble y justa, sino que dicha hoja iba pegada con papel engomado en las nalgas (quizás habría que decir sendas nalgas) de una media docena de poetas”. Además es este evento el que instala la línea de persecución a Elizabeth Portentosa, cuyas nalgas y participación político-literaria la hicieron un objetivo atractivo que atacar, espiar, perseguir y amenazar.

Al trasladar lo literario al centro del conflicto, lo que aparece es la sobreposición de la ficción como espacio para el desarrollo de las fantasías y las tensiones propias de la ambición y el deseo. De eso, en la historia Elizabeth da grandes muestras, resolviendo su rol accesorio como objeto de deseo, precisamente a través de una respuesta literaria, resaltando que “la disponibilidad de su culo era un tema que ella abordaba en su poética, por lo que en sus textos poéticos había más información al respecto (…) aprovechó de venderle uno a Chucho Velásquez”. Es por tanto en el espacio literario donde es posible recobrar el sitio al que se le ha quitado atención.

 

La Hediondez

Marcelo Mellado
Santiago, Alquimia Ediciones, 2011

Un comentario

  1. Sebastián Torres dice:

    NO he leído el libro, pero me siento bastante identificado con la figura del poeta auto gestionado. Me parece una temática interesante, pues imagino que no sólo en San Antonio, sino en muchas otras ciudades de Chile se da un escenario semejante en el que los espacios públicos son objeto de mezquindades de ciertas minorías y el descuido de dichos espacios es alarmante.

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