Revista Intemperie

¿Y qué tanto con Bolaño?

Por: Intemperie
bolano

Se reedita, se publican sus obras póstumas, se recuperan sus entrevistas, se hacen obras de teatro de sus historias, se lo alaba en los suplementos culturales: parece que tenemos una fiebre por la narrativa de Roberto Bolaño, autor que nos hacer ilusionar con que Chile también es un país de narradores. ¿Por qué nos gusta tanto Bolaño? En Intemperie preguntamos a cuatro escritores si creen que hay un gusto exagerado por la obra de este autor.

Opinan: Francisco Díaz Klaassen, Andrea Jeftanovic, Daniel Hidalgo y Pablo Torche.

 

Francisco Díaz Klaassen, escritor

Más que gusto, yo hablaría de valoración, que es algo más asible a la hora de discutir. Ahora bien, creo que hablar de una posible valoración exagerada de la obra de Bolaño depende, en primer lugar, de lo que se entienda por valoración. Si la pregunta apunta a la influencia que pueda haber tenido o dejado de tener en las generaciones inmediata o no tan inmediatamente posteriores a la suya, yo diría que está valorado en su justa medida, y quizás incluso nos quedemos cortos: casi todos los que están escribiendo ahora en Chile están algo definidos por Bolaño (ya sea en función de una aceptación tácita y adoradora —o a veces, también, decorativa—, o bien como un rechazo gutural). Una influencia tan totalizadora no puede ser menospreciada ni debe ser ignorada (aunque sí habría que intentar entenderla y ponerla en su lugar). En cambio, si la pregunta apunta en realidad a su calidad como escritor y a la calidad que tienen o dejan de tener sus libros (como productos literarios y no como los productos de un “escritor-figura”, manoseada y transformada en moda), la respuesta tendría que ser igual de compleja que la pregunta, y difícilmente cabría en estas pocas líneas. En lo personal, me parece un buen escritor, con un par de muy buenos libros (y otros más bien “reguleques”) pero no siento que haya marcado un antes y un después en la literatura, como nos intentan vender, cosa que no me parece en absoluto grave. De hecho, ese es el problema con pretender endiosar autores: que uno les exige que se vuelvan piedras de tope y que arrasen con todo a su paso, cuando históricamente son más bien pocos los que lo han hecho, contados con los dedos de las manos. No le pidamos tanto, entonces.

 

Andrea Jeftanovic, escritora

No puedo opinar mucho porque solo he leído tres libros de Bolaño. Pero tal vez a nivel mediático, no es responsabilidad del autor sino de los suplementos literarios: se ha generado una hegemonía algo negativa. Hay muchos narradores interesantísimos en Chile, y de alguna forma  esa obsesión por su figura ha eclipsado otras escrituras. Yo soy partidaria de la heterogeneidad de las voces y de las estéticas literarias, entonces si tenemos poco espacio para lo literario, preferiría que hubiese una vitrina que dé cuenta de otros proyectos. Sé que la obra de Bolaño es monumental, pero a veces me da la idea de que todos los fines de semana sale algo de él y que se opaca o invisibiliza a tantos otros autores jóvenes y mayores que están haciendo cosas muy interesantes y diversas.

 

Daniel Hidalgo, escritor

No sé si hablar de gusto, porque en realidad eso es de mal gusto. Lo que sí entiendo a partir de esta figura de Roberto Bolaño –y prefiero referirme a figura por sobre autor– es que existe un consenso que resulta sospechoso en muchas medidas. Pertenezco a una generación que no descubrió a Bolaño, sino que lo leyó ya sabiendo que era la última esperanza de la literatura chilena, siendo ya este gentilicio y esta apropiación, súper discutible. El mejor autor chileno de todos los tiempos acababa de morir. Se leía a Bolaño por una obligación moral, porque si no lo leíste, entonces no eras nadie. En lo personal, tuve que esperar a que Los detectives salvajes llegara pirateado a esa enorme biblioteca familiar, ordenada por el instinto, cultivada por cada miembro de mi familia, para dejar que la novela me volara los sesos. Llegó porque estaba en una cuneta a precio módico, en muchas copias, y claro, a espaldas de toda la efusiva –a su favor– crítica mercurial, la fiebre española, el Carolazo Zúñiga, y toda la campaña salvaje de instalación de la nueva animita del mercado editorial; alguien lo compró y lo dejó a medio leer, abandonado en esa biblioteca familiar. Luego, lo obvio: la literatura chilena entra en todas las crisis de identidades posibles, se pierde, se automutila. Luego, lo sucio: en la Academia comienzan a abundar las tesis, y los cursos, porque sí, Roberto Bolaño es la mejor posibilidad de brillar afuera, estudiar un doctorado, dar charlas, qué sé yo. Lector, crítico, profesor y mercado se ponen de acuerdo. Si es exagerado o no, no tengo idea.

 

Pablo Torche, escritor

La obra de Bolaño está completamente sobrevalorada. Él es como Burroughs, como Kerouac, o como Bukowski, un escritor contestatario y “taquillero”, que seduce por este motivo a una generación amplia de lectores, pero no creo que represente una sensibilidad o lenguaje literario completamente renovador o de gran profundidad. Esto no significa que no me alegre de su éxito mundial (que es real, de Europa a Estados Unidos) y que no reconozca que ha inspirado a muchísimos escritores a empezar a escribir o seguir haciéndolo. En la medida en que es chileno, por supuesto, me enorgullece y me alienta que se lo valore y se lo lea, y creo que sin duda ha contribuido a abrir puertas a la literatura chilena y latinoamericana en general.

En verdad Los detectives salvajes me parece una gran novela, sobre todo la historia de García Madero y Lupe. Creo que estos personajes maravillosos son los únicos que presentan una oportunidad de redención en el mundo de Bolaño. El resto de su obra, y en particular 2666 me parece una intragable majamama chacharera y repetitiva, llena de metáforas sobrecargadas y cursis, cuya sensibilidad es, en el mejor de los casos, la de una farsa poco chistosa y, en el peor, una iteración de eventos exhibicionista y sobre sentimentalizada. Lo siento, nunca he podido apreciarlo.

Creo que en Chile, con una actitud muy nuestra de buscar un padre, se ha querido instalar a Bolaño como el único referente hegemónico indisputado, tal como sucedió con Donoso, y tiempo atrás con Neruda. Los efectos están a la vista en la pléyade de narradores jóvenes que pueblan sus textos de escritores frustrados con nombres argentinos, y que tratan de imitar la prosa reiterativa y constantemente auto-correctiva de Bolaño. Es una tendencia que ha traspasado también a la crítica y al periodismo literario, donde lo único que se valora es la prosa suelta y distendida que supuestamente recupera una esencia contracultural a través temáticas como la experimentación sexual y el consumo de drogas, elementos que a estas alturas resultan casi conservadores.

 

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4 Comentarios

  1. Como todo buen escritor, Bolaño es tan sobrevalorado como subvalorado. Está lleno de snobs que hacen gárgaras con su nombre a cada rato, académicos que harán carrera parasitando de sus obras, escritores que – sabiéndose incapaces de lograr en vida o de manera póstuma lo que él ha logrado – lo denostan sin haberlo leído, lectores que lo idolatran y tienen sus libros subrayados y autoridades culturales que darán discursos alabando el posicionamiento en el espectro internacional que ha logrado la literatura chilena gracias a autores como Bolaño(s), Isabel Allende, Luis Sepúlveda y Roberto Ampuero. En fin, lo importante es no exagerar y discutir tanto si está sobre o subvalorado, y leerlo atentamente. Creo que tiene muchas cosas muy buenas, maravillosas y otras no tanto.
    2666 es la mejor novela chilena que he leído, y creo será la mejor por mucho tiempo más. Tengo muchos pasajes subrayados. Los Detectives Salvajes tiene pasajes muy buenos, pero creo que le sobran muchas páginas. Tiene cuentos muy buenos también. Su libro de poemas Tres, que alguna vez critiqué negativamente en el suplemento Diagonal de El Metropolitano, me encanta. En su momento no me gustó porque hacía una poesía muy parecida a lo que yo hacía (mucho mejor, obvio), que no me gustaba. Estaba por esos días obsesionado con la forma, algo que no me salía de manera natural. Bueno, luego me di cuenta de lo equivocado que estaba. Es un muy buen libro de poemas, sin ser pretencioso (el pecado más común de los poetas chilenos). En un momento quise escribirle para vindicar su libro y reconocer mi error, pero murió antes de que lo hiciera.
    Igual le encuentro algo de razón a las críticas de Pablo Torche, de seguro Bolaño hubiera subrayado esas críticas, pero (a excepción de Kafka) no existe el escritor perfecto. De todas manera es mejor que se lea y se sobrevalore a Bolaño que a tanto tinterillo que anda de poeta por la vida y le pagan jugosos adelantos por plasmar sus ficciones trasnochadas en libros.
    En el fondo, hay tanta basura sobrevalorada, que el hecho de que sobrevaloren a Bolaño no puede ser malo. Ya aprenderán – los que tengan que hacerlo – que hay más escritores aparte de Bolaño, Carver y Cheever (todos muy buenos).
    Perdón por la extensión, de seguro nadie llegó hasta aquí.
    saludos,

  2. Christian dice:

    Cuando Bolaño rellena doscientas páginas con descripciones de autopsias, o diez páginas con un tipo gritando recetas de cocina en medio de una iglesia, hay que entenderlo como un gesto de vanguardia, pero de la buena. Ya no se trata de la belleza de la palabra o de la crónica realista. Se trada de intentar poner en jaque al lector, de ponerse a leer, levantar una ceja y pensar “¿esto será bueno, será malo?, ¿por qué me gusta tanto si no tiene trama?, ¿me está agarrando pal hueveo?, ¿por qué pareciera que no tiene límites para escribir de lo que sea?”.

    En ese sentido; como gesto, la literatura de R.B. es un gran paso adelante.Toma las nuevas formas de leer propias del s XIX (lectura rápida y multidimensional) y las lleva hasta sus últimas consecuencias.

  3. Christian dice:

    corrección: Toma las nuevas formas de leer propias del s XXI

  4. Juan dice:

    le debemos mucho más que un hígado a roberto bolaño.

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