Revista Intemperie

El video en Chile

Por: Rodrigo Marín Matamoros

La producción del primer videoarte chileno por Juan Downey, el subversivo programa La manivela del teatro Ictus y la producción del documental No+ son algunos de los hitos clave de la historia del video en Chile que este libro repasa. Escribe aquí Rodrigo Marín.

 

Apuntes para una historia del video en Chile de Germán Liñero Arend (Ocho libros Editores) es una investigación que pretende abordar el devenir artístico, social y político del video en Chile en el marco de la resistencia cultural que se produjo precisamente en sus inicios, durante la dictadura militar, y luego como testigo y artífice de los cambios culturales que ha experimentado el país desde los lejanos años setenta hasta hoy.

La llegada del video a Chile, primero a los canales de televisión con motivo del Campeonato Mundial de Fútbol de 1962, y luego gracias al rápido desarrollo de equipos portátiles, a diferentes líneas de trabajo y en específico, al del arte y la política, hacen que esta nueva tecnología se involucre transversalmente al discurso social de los años 70.

La producción del primer video arte chileno In the begining de Juan Downey (1984), en conjunto con el grupo de teatro Aleph, daba el puntapié inicial a lo que sería una estrecha relación del video con los diferentes discursos estéticos. Entre estos, podríamos destacar el programa La Manivela del grupo de teatro Ictus, que tuvo serios problemas con Canal 13 (que lo exhibía previo al golpe) por sus contenidos cercanos a la izquierda. Esto decantaría años después en un proyecto de televisión alternativa, que produce y distribuye en videos los trabajos del Ictus, articulando la más grande red de distribución clandestina de video en la historia de las comunicaciones en Chile.

En este libro, el lector se encontrará con desconocidas historias de lo que ha sido la producción audiovisual en Chile como la tardía iniciativa del MIR, semanas antes del plebiscito de 1988, que decide producir material audiovisual para informar a los sectores populares sobre lo que callaban los medios oficiales. Entonces, la unidad audiovisual del MIR produce el documental No + (1988), nombre sugerente que se instalaría rápidamente en el imaginario nacional gracias al aporte conceptual de Lotty Rosenfeld y el Colectivo de Acciones de Arte CADA, quienes venían registrando performances y produciendo video arte desde 1980, con una propuesta que aludía cada vez más a la problemática de la mujer en una sociedad patriarcal propia de la dictadura. En este sentido es importante recalcar las documentadas referencias a los distintos colectivos de videístas más relevantes de estas últimas décadas, así como también a los nombres más irónicos y rupturistas que lejos del exilio, encontraron aquí mismo, en los happenings de Enrique Lihn -alias Gerardo Pompier- un lugar para la improvisación crítica de lecturas performáticas.

Es así como Apuntes para una historia del video en Chile se hace cargo del estudio histórico de una técnica en constante cruce discursivo, primero fenómeno tecnológico, luego parte fundamental del ocio y la entretención nacional (pasando por la producción de videos de uso casero) y finalmente soporte para el discurso del arte en los peores momentos de la historia de Chile.

 

Apuntes para una historia del video en Chile

Germán Liñero Arend
Santiago, Ocho libros Editores, 2010

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