Revista Intemperie

Interior: expresiva, pero sin dolor

Por: Pablo Torche
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Pese a la promesa de un teatro exploratorio, Interior, dirigida por Rodrigo Pérez, termina quedándose en un gesto un poco vacío, opina Pablo Torche

 

El Teatro La Memoria, ubicado al inicio del barrio Bellavista, orgulloso y desafiante frente a una  clínica demasiado grande y demasiado moderna levantada a continuación,  ofrece uno de los espacios más interesantes para la exploración teatral contemporánea del país. Con los ladrillos desnudos pintados de negro y un escenario raso a la altura del piso, la sala  provee una atmósfera de desnudez y crudo intimismo.

Desde el 4 de Agosto se presenta aquí la obra Interior, adaptación (o inspiración libre diríase), del dramaturgo belga Maurice von Maeterlinck. La obra tiene más de cien años, pero esto no es impedimento porque el montaje la pone bien al día de la época actual y, quizás, se pregunta uno un poco desconcertado después de salir de la sala, si de épocas incluso futuras.

La ambientación es magnífica y sombría: un espacio amplio sumido en la penumbra, muy bien ocupado por los actores, y un sencillo living de hogar, sin más separación con el resto del escenario que la iluminación y una desfachatada pared verde. Dentro del living se concentra la crisis, una familia disfuncional, siempre muda, que recuerda bien una fotografía antigua, quizás un retrato en sepia.

La acción transcurre en el exterior, en las zonas “no intervenidas”, podría decirse. Aquí un grupo de curiosos asiste a esta escena familiar con creciente inquietud y zozobra. La vigilancia cede paso a la ansiedad, luego al miedo, luego al deseo.  Son ellos los que dan curso a los escasos, erráticos parlamentos de la obra, pero el sentido se concentra siempre en el living, en la familia, en su gestualidad tirante, torturada.

Rodrigo Pérez es indudablemente uno de los mejores directores de Chile, y la concepción del espacio, y la temporización del ritmo, tan importantes en este tipo de obras alejadas de un realismo directo, funcionan a la perfección.  La ambientación, y la música, que acompaña toda la obra en un crescendo tenue, casi imperceptible, funcionan de manera impecable. Los actores también ofrecen un desempeño de excepción, concentrado e intenso en todo momento, en particular en el silencioso cuadro que se despliega al interior del living.

¿Qué es lo que falta, pues, en esta obra, que es lo que le impide constituirse en un espectáculo teatral de excepción como todos sus antecedentes permiten suponer? Desde mi punto de vista es meramente el texto, o, puesto que éste es tan escaso, la concepción dramatúrgica que subyace a los helados pedazos de parlamentos que los actores declaman aquí y allá. No hay unidad, no hay articulación entre ellos, no hay sentido en crisis. Es, en el peor sentido del término, una obra sin dolor.

Pareciera que lo hubo alguna vez, al menos en la intención, en el gesto, pero el montaje no consigue rescatarlo y resuena por tanto un poco histérico, algo como la “ausencia casi palpable de lo que antes era un órgano bañado de oscuridad, de dolor”, por citar a Clarice Lispector. Los personajes gritan en el escenario, sufren, quedan suspendidos en una tensión, pero no sabemos por qué, no hay un móvil, o al menos una idea, que le dé curso al dolor. En consecuencia, sus gritos quedan vacíos, son como manchas de un cuadro de Pollock pero asperjadas en lienzos distintos, sin conexión entre sí.

El resultado termina por emparentar curiosamente a esta obra con sus antípodas culturales, las de la cultura pop o comercial: gestos intensos o sugerentes, pero vaciados de significado. Un intento o propuesta por tanto que, pese a las expectativas, termina por llenarnos de frustración.

 

Interior

Dirección: Rodrigo Pérez Müffeler
Autor: Maurice Maeterlinck
Elenco: Álvaro Morales, Francisca Márquez, Claudia Vicuña, Carolina Jullian, Guillermo Ugalde, Gabriel Cañas, Susana Hidalgo y Alfredo Castro / Rodrigo Pérez
Diseño integral: Catalina Devia
Teatro La Memoria. Bellavista 0503 / Providencia, Metro Salvador, Costado Clínica Santa María
Funciones: jueves, viernes y sábado a las 21 hrs.
Entrada general  $6.000
Jueves popular, estudiantes y tercera edad: $ 3.000

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