Revista Intemperie

Los fantasmas que deambulan por el ramal

Por: Héctor Rojas Pérez

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Una gran experiencia de lectura que retrata con genialidad las vivencias que tenemos al viajar: esto es Ramal, la última entrega de Cynthia Rimsky. Escribe aquí Héctor Rojas.

 

Para hablar de Ramal, necesito hablar de fantasmas, porque los fantasmas permiten imaginar una forma de relacionarse con los lugares, con los recuerdos y con las personas en un plano incierto. Los fantasmas son una presencia-no presencia de la que se puede sospechar, por supuesto, sin conseguir comprobación de aquello. Es cierto que Cynthia Rimsky jamás hace mención a algún espíritu o presencia paranormal en la historia, sin embargo, viene al caso hacer referencia a esto para encontrar un lugar dentro de ella. Este libro se construye en diferentes planos: las historias narradas, los espacios reconstruidos y los construidos y también las imágenes; ninguno de estos planos está delineado del todo, pero sí determinado con mucha precisión.

En términos simples, el título Ramal hace referencia a uno de los brazos posibles de una vía férrea, por tanto, corresponde a una variación de un recorrido, a estos lugares que pueden ir quedando, según la frecuencia de un tren, en el olvido. Un ramal en desuso es el desdibujamiento de una cultura, y es ahí donde Cynthia Rimsky instala su novela: en el paso del tiempo sobre una familia y en la desaparición del presente que provoca que todo vaya quedando en los recuerdos abandonados del ramal.

El libro se construye estructuralmente en vueltas, como llama la autora a los capítulos; el último de ellos se denomina “Vuelta atrás” y en él se termina por instalar una lectura de los espacios que ya no están. Además, se plantea la transición a través de las generaciones, como cuando se habla de las ventanas de una casa, señalando “No las abrió Arnoldo Bórquez, su abuelo; no las abrió Salomón Bórquez, su padre; no las tocó él”. La historia contada es una historia que no le pertenece a nadie, ni al protagonista, ni a su padre, ni a su abuelo, tampoco le pertenece a quienes transitaban por el ramal, y mucho menos le pertenece a la autora, quien toma buenas decisiones al proponer un texto que logra articular de manera interesante lo acontecido, con el gran mérito de no apropiárselo. Es ahí cuando se me aparece la imagen de los fantasmas, porque dentro de estos desplazamientos transgeneracionales a través de diferentes ciudades, por la vía principal o por el ramal, el lector es quien ocupa un rol fantasmagórico, en la medida en que no profundiza demasiado en los personajes y más bien se pasea por los espacios no delimitados por completo, por el ramal, por el barrio Mapocho, por las imágenes en blanco y negro de lugares muertos. Es imposible pensar, al menos desde la idea de Roland Barthes (aquella que señala que la fotografía capta el instante previo a la desaparición), en la fotografía como algo permanente, sino que más bien se la entiende solo como el registro de lo que ya no existe, y Ramal está repleto de aquello, de fotografías, de situaciones pasadas, de recuerdos. Entonces, esta narración es en muchos sentidos una experiencia de viaje bien elaborada.

Efectivamente en Ramal hay una construcción narrativa con personajes atareados con conflictos, pero superpuesta a esa opción literaria se instala, o más bien, Cynthia Rimsky instala una lectura posible que no es estrictamente narrativa, en la que no importa tanto la ejecución de algunas acciones por parte de los personajes, o la certeza de quién es quién. Por ejemplo, hay un personaje al que se le identifica como “el que viene de afuera”; más allá de la interpretación simbólica, que seguramente es posible realizar, este personaje es la posibilidad o la invitación a buscar otros elementos en el texto como la lejanía, la distancia del lector, la sospecha y la incertidumbre.

Lo que valoro finalmente, y mucho, es que Ramal se instala de forma muy efectiva más que como una historia, como una experiencia lectora. No es un libro que se acabe al leerlo. En ese sentido, no puedo más que considerar que Cynthia Rimsky nos entrega con esto un ramal literario posible entre las muchas veces ya desgastadas vías de la escritura.

 

Ramal

Cynthia Rimsky
Santiago, Fondo de Cultura Económica, 2011.

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