Revista Intemperie

En equilibrio casi perfecto

Por: Marco Quezada

Marco Quezada celebra la opera prima de Matías Correa, una novela fragmentaria, que se inicia como una recomposición de la memoria y termina en clave detectivesca.

 

Por lo general, cuando en una novela se propone experimentar con las formas narrativas, incorporando elementos que desbarajustan una lectura lineal, el precio que se paga es muy caro, pues el uso de los artilugios suelen ir en desmedro de la legibilidad del contenido, de la construcción de una historia que involucre personajes dinámicos, que actúen en el mundo y no se queden constatando detrás de una ventana cómo el tiempo avanza con melancólicos y fragmentarios pasos.

No es el caso de Geografía de lo inútil (Chancacazo, 2010), primera novela del joven narrador santiaguino Matías Correa, quien logra estructurar de modo armónico, una forma bastante experimental. Para esto hace uso de temáticas recurrentes en la literatura, aunque no por eso menos densas, como la felicidad, la muerte y el cuestionamiento a la Historia (a esa que se escribe con mayúscula).

La historia se organiza a partir de fragmentos de las biografías de cuatro ínfimos hombres, cuyo primer y único vínculo aparente es el haber compartido el espacio, en distintas épocas, de un departamento en el único edificio de Puerto Rosales, un pueblo perdido al sur de Chile, fundado por colonos alemanes en los albores del siglo XX.

La fragmentación se justifica por la organización de la mayoría de los pasajes que componen esta novela, pues parecen obedecer al orden de la evocación provocada por elementos insertados en el paisaje cotidiano y ante el cual solo los protagonistas parecen detenerse y buscar una explicación. Así por ejemplo, la observación de un emblema dorado en el frontis del edificio, sirve como excusa para que el narrador concentre su mirada en los pormenores de la fundación de Puerto Rosales y de la llegada de sus primeros habitantes.

Estas divagaciones, sin embargo, tienen cuerpo; pertenecen a alguien que piensa y, sobre todo, que habla. Entonces, es de este modo que se descubre para el lector la historia de este pueblo; a través de sus habitantes y de sus evocaciones y diálogos tangenciales, construyendo así una geografía de los recuerdos, de la memoria, pues, como señala la madre de uno de los protagonistas, “la única vida que se tiene es la que uno alcanza a recordar”.

De ahí que los objetos en esta novela adquieran una importancia vital, pues son el pretexto perfecto para armar una narración casi fundacional de un pueblo con nostalgia por el terruño europeo y una candidez provinciana rayana en lo ridículo. Y es acá donde Correa parece rendir tributo al Perec más experimental, pues se introducen dibujos, planos, letras manuscritas, transcripciones de cartas y de pedazos de libros, listados de acciones y objetos dispuestos a modo clasificatorio, todo en medio de la disposición tradicional, provocando así quiebres repentinos, que a veces parecen redundantes, pero que sin embargo no entorpecen el ritmo dinámico de la lectura.

Pero no es solo el espacio del departamento, ni la estadía en Puerto Rosales ni el poder evocador de los objetos que los rodean lo que une a los cuatro protagonistas. Hacia el final del libro, Pöllier, profesor de filosofía retirado al silencio, descubre una bóveda secreta en el living del departamento que ha decidido rentar en Puerto Rosales, el mismo por el que antes habían pasado Daniel Alzheimer y Jonas Lohmiller, y cuyo administrador es Roberto Araos (el tercero). En esta bóveda encuentra una libreta y otros papeles y objetos sin importancia, y a partir de este punto, la novela cambia el tono evocador y anecdótico que la había dominado, para tornar a uno más detectivesco y misterioso, a través del cual salen a relucir aspectos sórdidos, grotescos y ocultos de algunos de los protagonistas que pasaron por el departamento y dejaron en la bóveda unas líneas desesperadas, con la esperanza de encontrar la indulgencia en un anónimo lector o, por lo menos, la tranquilidad del olvido.

Así, el producto final es una novela dinámica y de fácil lectura, lo que no es sinónimo de solución fácil o superficial. Muy por el contrario. La primera entrega de Matías Correa goza de un equilibrio difícil de observar en estos tiempos de desbordes; en base a una relación proporcionada entre forma y contenido, logra justificar su experimentalidad. He ahí el mérito. Más aún, el gran mérito, considerando que se trata de la primera publicación de su autor.

 

Geografía de lo inútil

Matías Correa
Santiago, Chancacazo, 2010.

4 Comentarios

  1. Ernesto dice:

    Me han dado buenas referencias. Donde se puede adquirir este libro? Donde se puede leer más de este autor? hay algún blog?

    Saludos.

  2. Ernesto: pues lo puedes adquirir en la librería lea + que queda en el gam, Centro Gabriela Mistral,
    o a domicilio en nuestro sitio web: http://www.chancacazo.cl
    Por otra parte, agradecemos a la revista Intemperie su trabajo crítico-cultural.

  3. Jorge dice:

    Me interesa mucho seguir a éste y a varios nuevos autores chilenos, pero no sé dónde pudo leer algún adelanto de sus libros.

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