Revista Intemperie

Esperando a Godot

Por: Rodrigo Marín Matamoros
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Con una arriesgada apuesta el Teatro Nacional Chileno celebra sus setenta años estrenando Esperando a Godot, de Samuel Beckett. Rodrigo Marín cree en la vigencia de este texto y en la correcta dirección de Raúl Osorio.

 

Sobre las ruinas de un lugar perdido una pareja de vagabundos, Vladimir y Estragón, esperan bajo el lúgubre esqueleto de un árbol una visita que nunca llegará. En medio de la tediosa espera, la intrusión de Pozzo y su esclavo Lucky, revelan una descarnada y odiosa realidad que se encuentra más allá de esta extrema relación, quizás, encerrada en el fondo de nuestra sociedad.

Esperando a Godot de Samuel Beckett, dirigida por Raúl Osorio, se estrenó en la sala Antonio Varas en el marco del aniversario número setenta del Teatro Nacional Chileno. La escenografía representa un seco y descuidado manto de pasto sobre el cual los dos indigentes, representados por Miguel Ángel Bravo y Roberto Farías, hablan, discuten y se quejan. En dos actos –de los cuales, el último es un corto remedo del primero- el argumento se desarrolla entre la ironía y el sarcasmo, de forma tal que logra mantener la expectativa en su desenlace, pese a que este -sabemos- jamás se resolverá.

Al ver el teatro del absurdo que presenta este montaje, somos capaces de relacionar ese significado esquivo, onírico de la obra, con los cuestionamientos en torno a la sociedad chilena actual. Los medios de comunicación hacen lo suyo para que el metafórico lenguaje de Esperando a Godot, se actualice en los telúricos primeros quince minutos de los noticieros nacionales. El ritmo de la representación y su gestualidad, en momentos, aterriza la obra al imaginario nacional.

El sonido por momentos se percibe como una tenue atmósfera y en otros, como un desgarrador murmullo que marca y confiere dramatismo a las escenas. Si el diálogo entre la pareja de “suplicantes”, que transita con histrionismo entre la tragedia y la comedia, resulta atractivo y convincente, el torrente lírico que brota del tiránico Pozzo (Pablo Teillier) es arrollador. Igualmente impactante es la caracterización de Lucky (Rodrigo Muñoz-Medina) quien sin ninguna expectativa y atado por el cuello a una larga soga, sobresale más allá del insondable texto. En el fondo de la escena, la luna recorre el cielo sobre las cabezas de los personajes. Esta enigmática imagen resulta de un sobrio uso del recurso audiovisual, pero se ve opacada en momentos, por una excesiva iluminación que deja ver la sintética textura del telón de fondo.

La obra del dramaturgo irlandés, Premio Nobel de Literatura en 1969, se estrenó a principios de los cincuenta, un año después de publicado el texto. Con una trama absurda, delirante, y que intencionalmente no llega a ningún lado, la correcta dirección de Esperando a Godot, pone a prueba la vigencia de un texto que resiste el paso del tiempo, pues la actualidad socio-política que vive el país por estos días, de tedio y carencias, la acercan en breves instantes, al abrumador sentir de Vladimir y Estragón.

 

Esperando a Godot

Autor: Samuel Beckett
Director: Raúl Osorio
Elenco: Miguel Angel Bravo, Roberto Farías, Rodrigo Muñoz-Medina, Pablo Teillier y Joaquín Riquelme
Escenografía e Iluminación: Guillermo Ganga
Vestuario: Jorge Chino González
Música: Jorge Martínez
La obra se presentará hasta el 27 de agosto de 2011
Jueves, viernes y sábados, 20:00 hrs.
Sala Antonio Varas, Morandé 25, Santiago
Valor: $6.000 general y $3.000 convenios estudiantes y tercera edad
Fonos: 977 1701 / 977 1790

Un comentario

  1. isabel dice:

    Muy buena crítica, la obra es genial. Pero…¿quién es el autor de la maravillosa música? no aparece en los créditos….o la creación musical es invisible en el teatro en Chile??

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