Revista Intemperie

Una novela que te engaña

Por: Macarena Figueroa

Una historia atractiva, pero un estilo agotador: así es Las muertes paralelas, la nueva novela en que Sergio Missana narra el viaje de un hombre que -al estilo de Borges- es muchos hombres. Escribe aquí Macarena Figueroa.

 

Las primeras páginas de la novela Las muertes paralelas de Sergio Missana parecen ser la introducción a una historia convencional y estereotipada: la de un publicista que está próximo  a cumplir los cuarenta años, que se acaba de separar de su mujer, que quiere tomarse un año sabático y que desea que este cumpleaños marque un antes y un después en su vida; que se transforme en el inicio simbólico de una etapa de renovación que incluye viajes, cambio de casa, cambio de círculo social…

No obstante, esta estructura en apariencia cliché alberga un argumento más profundo,  que se aleja de todo raciocinio lógico e indaga en los lugares más desconocidos de la mente. Y es este, en definitiva, el mayor atractivo de la novela, el punto de quiebre que se produce entre el mundo concreto de Tomás Ugarte (el protagonista) y los cambios enigmáticos que comienza a experimentar a sus cuarenta años: unos aparentes episodios de amnesia que derivan en trasmutaciones corporales, «la sensación de estar habitando simultáneamente dos cuerpos».

Como en un sueño (que no es un sueño), Tomás se desconecta de su realidad cotidiana y paulatinamente va adquiriendo conciencia de estar en un cuerpo nuevo y un nuevo espacio, pero conservando su mentalidad, sus creencias, su pasado.

«Sucedió unos minutos más tarde. De pronto yo era una anciana y me esforzaba por avanzar unos pasos sobre la gravilla de una plaza. Llevaba pantuflas. El aire me oponía resistencia, la gravedad me abrumaba.» De esta forma casi espontánea, a partir de pérdidas repentinas del conocimiento, el protagonista se apodera del cuerpo de Inés, una anciana indigente que vive en la Plaza Almagro. ¿Se apropia de su cuerpo? ¿Convive con ella en la misma piel? ¿Suplanta su identidad? ¿Fue Inés en su vida anterior? ¿Siempre ha sido Inés, pero no lo recuerda? ¿Se trata solamente de alucinaciones?

Están las interrogantes, pero no las respuestas. Las ausencias son misteriosas, aunque no arbitrarias. Hay rasgos comunes; entre ellos, el hecho de que las tres personas en las que Tomás se «transmuta» durante la novela están próximas a la muerte y, a la vez, sus vidas se conectan de una manera u otra. ¿Es entonces este peregrinaje por otros cuerpos el paso previo a la muerte de cualquier ser humano?, ¿una señal de lo infinito?

Surgen vínculos con otros autores que reniegan la existencia de una personalidad única, como Rimbaud («Yo es otro») o Borges y su fe en la otredad; materias infinitamente atractivas, precisamente, por su condición de insondables. En este sentido, una de las falencias de la novela es que este contenido tan seductor se ve opacado por un lenguaje que a ratos suena muy delicado, que busca ser profundo, sin lograrlo. El registro de los personajes en los que Tomás se «encarna» no varía; todos se expresan del mismo modo, todos parecen ser él: la anciana, un hombre que se pierde en la cordillera, el joven guionista que viaja al norte. Asimismo, la narración de situaciones cotidianas que no significan un real aporte para la historia (la interesante)  se torna abusiva. En algunos casos sirven para contextualizar la vida del publicista y su pasado, en otros, para marcar la antítesis entre los dos mundos (el antiguo y el nuevo), pero hay otras que francamente sobran.

El fondo de Las muertes paralelas es más interesante que su estilo. Los aciertos están en su trama. Lo que atrae son los entresijos del argumento, el extrañamiento que provoca el paso de un cuerpo a otro y de una mente a otra, el aislamiento progresivo de un hombre, su confusión, su capacidad para enfrentar lo desconocido y lanzarse, sumergirse en ello…

Definitivamente, el cumpleaños número cuarenta de Tomás Ugarte marca el comienzo de una nueva etapa, una nueva era personal, (acaso un ciclo de regeneración, como el de la naturaleza, como el de un planeta) que no terminará en ningún caso como él pensaba. Todos los planes de la lista que arma al inicio de la novela se aniquilan; uno a uno se van desintegrando.  Los viajes soñados se harán desde la cama; lo mismo el anhelado vínculo con lo exótico. El desprendimiento. La liberación de la imagen paterna. La liberación del yo, de lo unívoco, de lo terrenal.

 

Las muertes paralelas

Sergio Missana
Santiago, Seix Barral, 2011

Un comentario

  1. Luis Héctor Chillanejo dice:

    Análisis certero y agudo. Me gusta. Sobretodo el nexo con Rimbaud y Borges sobre la (no)existencia de una personalidad única.
    Se agradece

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