Revista Intemperie

Esto no es un monólogo

Por: Rodrigo Marín Matamoros
El rey del plagio

El rey del plagio es una reflexión sobre la representación y el arte. Y aunque el ángel que protagoniza la obra es bastante atractivo, Rodrigo Marín cree que la idea central no logra desarrollarse del todo sobre el escenario.

 

El rey del plagio, del polifacético artista belga Jan Fabre (53), se presenta estos días en la Sala Sidarte bajo la dirección de Daniel Muñoz y Heidrum Breier, actriz que en cincuenta y cinco minutos de monólogo representa un ángel vestido de traje y sombrero hongo, que desea incansablemente convertirse en un hombre.

Citando a Shakespeare, The Beatles y Elvis Presley, este ángel busca plagiar las excentricidades de los humanos que tanto llaman su atención. Deseoso de conseguir la aprobación del público, ofrece en reiteradas oportunidades la posibilidad de lapidarlo si no consigue convencernos con su representación. Para ello el espectador cuenta con una manzana verde dispuesta en su butaca, manzana que en más de una ocasión, rueda teatro abajo llamando la atención de todos.

Para conseguir su deseo, el personaje tiene la posibilidad de elegir lo mejor de los cerebros de Albert Einstein, Victor Frankenstein, Gertrude Stein y Ludwig Wittgenstein buscando rescatar de estos cuatro “stein” el patrón a partir del cual, las semejanzas se transformarían en la oportunidad de ser el mejor plagiador de todos y así conseguir ser uno más de nosotros, los humanos.

El tema central del monólogo aborda la imposibilidad de crear a partir de la nada, acerca de cómo el discurso “apropiacionista” es capaz de proponer nuevas formas discursivas. Así El rey del plagio re-postula antiguos cuestionamientos en torno a la hipertextualidad del pensamiento que refiere incesantemente, una y otra vez, a otros textos, hasta el infinito, nombrando, reproduciendo e imitando.

Los minutos transcurren y el afeminado ángel insiste en demostrar -en clave humorística- que podría llegar a ser uno más de nosotros, “simios habladores” halagándonos irónicamente. Constantemente el público es interpelado y algunos espectadores, desde sus butacas, no tardan en ser parte del espectáculo respondiendo a las preguntas que lanza el personaje.

En el escenario, además de una silla, se encuentra una especie de biombo que imita los oníricos cuadros de Magritte, aquéllos en que no se representa, o al menos, no se afirma nada. Claro que en esta imagen la técnica del pintor surrealista ha quedado lejos de ser una buena imitación.

El rey del plagio desconcierta como ese famoso cuadro de Magritte Ceci n’est pas une pipe (Esto no es una pipa) donde resulta inevitable relacionar el texto con el dibujo. Y si bien la obra transcurre sin variaciones y hasta puede que resulte algo repetitiva y lenta para el espectador acostumbrado al dinamismo de estos tiempos, su texto propone profundas interrogantes acerca del arte, la representación, y cómo estos se relacionan unos con otros. Pero estas interrogantes corren el riesgo de quedar entrampadas entre las líneas de un monólogo que no consigue desarrollar las ideas ahí donde se representa, sobre el escenario, y el mensaje que propone la obra podría quedar oculto, detrás de las risas y los aplausos que brotan fácilmente en nuestros teatros.

Las manzanas están ahí y la invitación a usarlas podría fascinar a más de alguno. ¿Será usted quien lance la primera?

 

El rey del plagio

Autor: Jan Fabre
Dirección: Daniel Muñoz y Heidrum Breier
Elenco: Heidrum Breier
Fechas: desde el 2 al 25 de junio, viernes y sábados 20:30 hrs.
Sala: Sidarte. Ernesto Pinto Lagarrigue 131, Barrio Bellavista, Santiago
Tel: (2) 777 1036

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