Revista Intemperie

Esa bala le puede tocar a cualquiera

Por: Federico Zurita Hecht

El amor es un francotirador mediante la insistencia en el recurso de la representación, se encarga de recordarnos que en la vida “real” cualquiera puede ser baleado por un fracaso amoroso.

 

En El amor es un francotirador seis víctimas del amor fracasado se encuentran en la azotea de un edificio bajo la luz de un letrero luminoso. Una preadolescente, en tanto, ignorante aún de esos padecimientos, aprende sobre su inminente futuro y guía a las víctimas, a alguno de ellos (puede ser cualquiera y cada día puede ser alguien diferente), hacia el peor de los desenlaces. De esta forma el montaje, dirigido por Néstor Cantillana a partir de la dramaturgia de la argentina Lola Arias, propondría una imitación de la naturaleza humana en relación con la posibilidad inminente, como si fuese el veredicto de una tómbola, de caer en picada.

Los postulantes a esa caída funcionan como tipologías de los corazones destrozados: la muchacha desmedidamente bella, la campesina, la stripper, el jovencito tímido y enamoradizo, el Don Juan y por último el boxeador (que constituiría un tipo en cuanto a que está en permanente combate). La caída, y muy probablemente por esta razón la acción transcurra en una azotea, se constituye como un descenso emotivo y tal vez como la muerte, que es concebida como un descenso (aunque quizás no se trate de una muerte material: puede que sea suficiente con sentirse muerto). Pero esa muerte le puede tocar a cualquiera, lo que puede graficarse con el juego de la ruleta rusa al que la preadolescente invita a cada uno de los dolientes a participar.

En medio de estos acontecimientos se vuelve relevante la reflexión del Don Juan, que se asimila al personaje literario y se asume como un actor que lo ha representado en diferentes momentos de su vida. De esta forma, la idea de representación cumpliría una doble función: primero, señalar que en aquella naturaleza humana imitada por la obra reside el germen de la representación en tanto que el enamorado y la enamorada se constituyen en personajes de la fábula que ellos mismos van construyendo al amar y fracasar; y segundo, insistir en que en la reflexión que propone la representación de esta naturaleza humana no reside la realidad, pero nos invita a pensar en ella.

Posiblemente en relación con la segunda función de la idea de representación, el montaje cuenta con una banda que musicaliza la acción y que acompaña a los personajes en sus intentos por expresar poéticamente sus sentimientos de fracaso ¿No es esto acaso una insistencia en el rol de la representación? Quizás esta imitación fracasa en la elección de los tipos que la constituyen. Los intentos por abarcar todas las posibles formas se traducen en la selección de clichés tipológicos. Por último, el desenlace, dado por el azar del tambor de la pistola, se anuncia como único para cada función. Sin embargo, las cinco opciones únicas (y diferentes cada día) son idénticas en forma y sentido ¿Para qué, entonces, jugar al azar?

 

El amor es un francotirador

Autora: Lola Arias
Director: Néstor Cantillana
Asistente de dirección: Eduardo Herrera
Dirección musical: Fernando Milagros
Músicos: Alejandro Gómez, Rocío OShee y Daniel Marabolí
Diseño: Javier Pañella
Realización escenográfica: Ingrid Hernández
Iluminación: Claudia Yolín
Elenco: Pablo Schwartz, Eduardo Barril, Makarena Teke, Paula Bravo, Ariel Mateluna, Claudia Vicuña y Constanza Ortiz.
Fecha: hasta el 25 de junio de 2011
Horario: jueves, viernes y sábado 20:30 hrs.
Sala: Teatro Universidad Católica. Jorge Washington 26

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