Revista Intemperie

De viajes y desarraigo

Por: Eduardo Farías A.

un origen donde podria sostenerse el curso de las aguas

Eduardo Farías alaba el último poemario de Nadia Prado que habla del viaje, del desarraigo y del extrañamiento

 

Agradezco, como lector, que mis ojos hayan mirado cada hoja de Un origen donde podría sostenerse el curso de las aguas (LOM, 2011) y, como crítico, advertir, para ustedes, aspectos literarios del poemario de Nadia Prado, quien (de)muestra una escritura poética potente, desde el verso corto hasta la prosa poética, para hablar del desarraigo, del viaje que implica la pérdida del hogar, de las relaciones familiares, de la identidad, del lenguaje, del poema y de la muerte: un libro que esconde aparentemente tras la escritura poética, la narración de una historia complicada.

El poemario de Prado comienza con un epígrafe de Nietzsche que nos plantea el hogar perdido: “¿Dónde está mi hogar? Por él pregunto y busco y busqué, / y no lo encontré.” Las consecuencias de esa pregunta que se evidencian en este libro podrían ser tres: primero, el viaje que surge inevitablemente del desarraigo. Segundo, una nueva forma de mirar la realidad. Y tercero, la afectada identidad del hablante lírico.

El viaje, como tema constante en el poemario, parece inevitable tras la inexistencia de un hogar. “No hay pájaros / el cielo inmóvil / el agua vuela / pequeñas oleadas / los pasajeros leen / duermen / comen”. A partir de estos versos recuerdo La ciudad de Gonzalo Millán, pero la escritura de Nadia Prado demuestra la sinceridad desde la que escribe la hablante lírico. Por supuesto, todo viaje finaliza. Esto sucede en el poemario de Nadia Prado, y cuando finaliza el viaje conocemos el motivo del mismo: “Cierro los ojos, si pudiera tocar tu rostro sería suficiente. He venido hasta acá para negarme la necesidad torpe de buscar.” Es así como el viaje está vinculado con la existencia de otra persona, y emerge el tema del (des)amor.

La segunda consecuencia del desarraigo es una nueva forma de mirar la realidad, es decir, la poeta mira la lluvia que parece confundirse con un acto lingüístico: “El agua corre por el vidrio y escribe una x, el viento en dos direcciones. El viento escribe el agua. El viento borra las letras que escribió, piensa que se ha equivocado. La lluvia cae convincente sobre el barco.”

La tercera consecuencia es la afectada identidad del hablante lírico. ¿Quién es para sí y para los otros? son preguntas implícitas en el poemario que sustentan un discurso reflexivo ante “la necesidad de definirse”. Incluso en algunos momentos del poemario, el hablante muta de mujer a hombre, y en sus reflexiones el nombre también se ve afectado.

En un primer momento, la hablante lírico relaciona la construcción de su identidad con el poema, con las palabras de quien escribe: “Poemas somos que otros escribieron”, y “Nada podrías saber de mí si no extendiera el carrete de mi mente. Como si la cabeza se me hubiera descosido a través de mí espero que leas lo que te envío.” La relación con esta otra persona emerge. Además, Nadia Prado sugiere que la identidad no es una construcción estática sino que muy por el contrario: “soy lo siguiente, lo propio y lo extraño”. La transformación es un paso lógico en la construcción de la identidad que está fundamentado en la escritura poética misma, como se sugiere en el siguiente extracto: “me resguardo en mi labor, distinta a quien soy el relato imagino.” De tal forma, la identidad implica un ocultamiento, una máscara.

Por otra parte, la identidad también se construye a partir del desarraigo, a partir de su pasado inmediato, “área expropiada del festín es lo que soy”. Pero se muestra una lucha con este pasado cuando debe repensar en quién es. El nombre es un elemento simbólico que necesariamente nos vincula con nuestro pasado, y por ende se ve afectado por las decisiones del hablante: “Cambiar de nombre para no determinar el tiempo antiguo.” El cambio de nombre es una de las tantas estrategias que permiten olvidar el pasado remoto.

La identidad es una construcción variable, por ende la construcción genérica (hombre o mujer) también puede ser modificada. En este poemario, la transformación de la identidad genérica llega hasta el límite, pues el hablante lírico muta de mujer a hombre: “estar vivo, muerto o apartado de mí, no hay diferencia, apartado del nido.” La identidad es un tema constante en todo el poemario de Nadia Prado, un tema constante que sucede a partir del desarraigo y que se relaciona con otros temas que se encuentran en este libro como, por ejemplo, la visión que desarrolla reflexivamente la hablante sobre la escritura poética, y cómo a partir de ella se desarrolla el relato de su historia, de sus relaciones familiares. Es inevitable que frente a Un origen donde podría sostenerse el curso de las aguas se siga escribiendo dando cuenta de la complejidad poética del mismo.

 

Un origen donde podría sostenerse el curso de las aguas

Nadia Prado
Santiago, LOM Ediciones. 2010

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