Revista Intemperie

Shakespeare + video clip: La violación de Lucrecia

Por: Pablo Torche
violacion

Uno de los pocos poemas dramáticos de Shakespeare se presenta refractado por elementos contemporáneos en un montaje original e inventivo, opina Pablo Torche.

 

El caso de Lucrecia, la casta esposa del rey de Roma, brutalmente forzada por Tarquino, su cuñado, y luego arrastrada al suicidio por la sensación de culpa y deshonra, preocupó desde temprano a la filosofía antigua. San Agustín discutió el asunto en detalle en Ciudad de Dios, llegando a la conclusión que el suicidio no procedía en su caso, pues la castidad era algo de la mente y no del cuerpo. Esta posición había sobrevivido a lo largo de la Edad Media, principalmente en la escatología cristiana, pero once siglos más tarde Shakespeare no lo tenía tan claro. ¿Merecía vivir Lucrecia después de la brutal agresión de Tarquino? ¿Sigue siendo pura y casta después del evento o bien “su cuerpo mancillado ensucia también su alma”?, como la hace decir el poeta.

Este conflicto articula quizás más que cualquier otro este espectacular poema dramático que ha sido acaso injustamente olvidado bajo el influjo de las mucho más famosas obras de teatro del dramaturgo inglés. Sin embargo la profundidad, la poesía e incluso el desarrollo de personajes que presenta, difiere muy poco de un Macbeth o de un Othello. Por lo mismo, resulta afortunado, además de inusitado, que llegue ahora a los escenarios chilenos de la mano de la compañía Arkitexto, bajo la dirección de Patricio Pimienta.

El montaje se centra sobre todo en rescatar la fuerza expresiva de los grandes conflictos de los personajes. Tarquino, atormentado por su deseo prohibido, en lucha contra él y finalmente vencido, y Lucrecia, ultrajada, y luego poseída por la culpa. El texto es en su mayoría extraído directamente de Shakespeare, pero reducido sólo a ciertos fragmentos esenciales, con lo que se hace inevitable echar de menos un aprovechamiento un poco mayor de esta cantera dramatúrgica, particularmente en lo que dice relación con la interacción y disputa entre los dos protagonistas, que resulta prácticamente elidida del montaje.

Más que la relación entre ambos, lo que se profundiza en vez es la ordalía interna de cada uno de ellos, la cual se aborda principalmente a través de una serie de recursos expresivos, que relegan el trabajo textual a un segundo plano. El montaje revela en este sentido sin duda originalidad e inventiva. Tenemos así una extraña mujer de negro que persigue como una sombra a Tarquino, la proyección repentina de las parcas, portadoras de la fatalidad, así como otras escenas míticas en el transfondo del escenario, además de la incorporación de una serie de elementos audiovisuales, de danza contemporánea y una gama variada de efectos especiales.

Se nota aquí una influencia del teatro de Jaime Lorca, y en general de la mezcla de géneros, que corre el riesgo de ser excesiva. Pero, por sobre todo, se aprecia un intento de hacer entrar en el escenario la multiplicidad de referentes de la cultura popular, y sobre todo del lenguaje audiovisual, en lo que podría denominarse una “estética del video clip”, con lo que ciertos cuadros o escenas parecen sacados de un video de Evanescence, o de Rasmus (por citar algún ejemplo).

El intento es atrevido y sugerente y el público, principalmente juvenil, que llena la sala Patricio Bunster de Matucana 100, sin duda lo valora. El riesgo parece estar en el exceso, pues la obra a ratos parece una seguidilla de recursos sorpresivos que, pese a ser bien ejecutados en sí mismos, corren el riesgo de distraer al espectador, diluir la sensibilidad dramática buscada y caer en el mero efectismo.

Las actuaciones son notables, en roles exigentes, con una buena dosificación de la energía y una transmisión indudable de la angustia y el descontrol, que son los sentimientos predominantes. Destacan principalmente los roles protagónicos: Eyal Meyer, como Tarquino, trágicamente apresado en una naturaleza demasiado poderosa que no consigue sojuzgar, y Carla Echeverría como Lucrecia, lenta y casi fantasmal al comienzo, para desembocar bien en una angustia enloquecida, de la que no puede escapar más que a través del suicidio.

Atenuado y refractado por los recursos audiovisuales del siglo XXI, Shakespeare sin embargo subsiste en este montaje y de hecho parece encontrar una buena compañía en los recursos y referentes culturales propios de nuestra abigarrada época posmoderna.

 

La violación de Lucrecia

Dirección: Pato Pimienta
Dramaturgia: basada en el poema de William Shakespeare
Elenco: Carla Echeverría, Hellen Cáceres y Eyal Meyer
Fecha: 29 de abril al 29 de Mayo
Hora: Jueves a sábado 21.00 hrs.; Domingo 19.30 hrs.
Lugar: Matucana 100. Sala Patricio Bunster. (TE: 6824502)
Foto: Eduardo Jimenez

Un comentario

  1. Claudia Reyes Allendes dice:

    Es un agrado leer una critica escita con riqueza de lenguaje y contenido. Muchas gracias.

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