Revista Intemperie

La ficción de Bolaño atrapada en la Bolaño-ficción

Por: Héctor Rojas Pérez

La confusión con Chespirito y una seguidilla de publicaciones post mórtem forman la ficción que se ha creado alrededor de Roberto Bolaño. Así lo asegura Héctor Rojas luego de leer las entrevistas reunidas en Bolaño por sí mismo.

 

Para quienes somos aceptablemente jóvenes, Bolaño comenzó a existir con su muerte, a propósito de que imperdonablemente lo confundieran con Chespirito. De ahí que para mí siempre fuera un autor ya fallecido. En el intento de conocer su obra (un tanto involuntario, porque Bolaño se ha vuelto en literatura por agrado o saturación un tema ineludible), acabo por encontrarme frente un radio de ficción que lo rodea, ya sea sobre su prematura muerte, su vida, o más aun, sobre la vida que no llegó a vivir. No me resulta necesariamente indispensable pensar en el uso económico que justifique o al menos explique  la publicación de su obra póstuma, inédita, rescatada, o reeditada. Como lector lo que me interesa es poder atravesar la ficcionalización creada sobre Roberto Bolaño para llegar a su obra, que al fin y al cabo, es lo que como autor puede ofrecerme.

Bolaño por sí mismo, es un libro de entrevistas reeditado recientemente por Ediciones Universidad Diego Portales, luego de su aparición en el año 2006 y nos cabe preguntarnos sobre su pertinencia. En realidad, resulta ser una interesante construcción de sentido, en especial en la segunda mitad, “Balas Pasadas”, donde una serie de respuestas del fallecido escritor son montadas elidiendo las preguntas, de manera tal que parece ser un discurso extenso. Precisamente es esta construcción la que nos permite acercarnos a este espectro que rodea la obra de Bolaño.

El autor a menudo debe responder preguntas sobre su enfermedad, sobre su enemistad con otros escritores, e incluso sobre su lugar de residencia, preguntas que se vuelven repetitivas, pero información ignorable cuando aparecen atisbos de interesantes reflexiones teóricas, dejando ver su postura crítica sobre la escritura y todo el contexto que la rodea, ya sea el de la creación como el de la recepción. Él mismo señala la importancia de la crítica como una disciplina más de la literatura, incluso llega a sostener la hipótesis de que no existen las obras intraducibles, volviéndose evidente en casos como el de El Quijote, porque al ser una obra tan interesante, sería capaz de sobrevivir incluso al peor traductor, algo que de todos modos llegaría, señala Bolaño.

Ahora bien, hagamos el ejercicio de someter a Bolaño por sí mismo a la pregunta de qué es lo que sobrevive de las entrevistas, más aun cuando una parte de ellas aparece sin preguntas para darle unidad a las ideas del autor, que están sacadas de contexto y editadas.

Definitivamente será mucho lo escrito o declarado por Bolaño y si buscamos todas sus variaciones posibles nos resultarían innumerables textos innecesarios. Es más, entre la diversidad de temas tratados en las entrevistas, está la de su forma de escribir, donde adelantándose a la situación actual de la recepción de su obra, nos regala un dato al menos interesante: “Mi única novela inédita tenía cuatrocientas páginas, pero al llegar a la última me di cuenta de que me había salido una mierda insalvable”, según él, por carecer de una estructura prefijada. Lo cierto es que el comentario instala una desconfianza necesaria ante la seguidilla de nuevas publicaciones, que ni siquiera es necesario detallar. Roberto Bolaño, sin duda, es un hito de la literatura chilena, considerando además que no nos caracterizamos por tener una tradición de novelistas muy amplia. Considerando todo lo anterior, lo que nos queda es alguna sensación de inconformidad, de pensar que Bolaño pudo ser mucho más productivo si la muerte no se le hubiese atravesado prematuramente en el camino, obligándolo con su fallecimiento al silencio, y fue él mismo quien menciona que “el silencio de la muerte es el que corta de tajo lo que pudo ser y nunca más va a poder ser, lo que no sabremos jamás”. Es el peor silencio, eso es algo seguro, sin embargo, no se puede resolver, solo nos queda hacernos cargo de lo que nos dejó. Negarse a aceptar que la muerte vuelve finita la obra del autor, es lo que ha llevado a enclaustrar la obra de Roberto Bolaño en un calabozo compuesto por la Bolaño – ficción, construida por quienes insisten en darle pluma a quien ya no la tiene, nublando su faceta literaria. No por ello todas las publicaciones posteriores a su muerte carecen de sentido, tan solo dificultan la aproximación al autor y exigen lectores desconfiados. En este radio de nuevos textos rodeando al escritor, Bolaño por sí mismo, sin ser un libro indispensable, aparece como una útil herramienta para formar un criterio que nos permita saber qué leer sobre y de Roberto Bolaño.

 

Bolaño por sí mismo

Andrés Braithwaite (editor)
Segunda edición (revisada)
Santiago, Ediciones UDP, 2011

Foto: primera edición, 2006, Ediciones UDP

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