Revista Intemperie

Pirandello sobre el Mapocho

Por: Pablo Torche
pirandello

Un montaje arriesgado y original para un texto notable. Pablo Torche recomienda con entusiasmo La mordida, de Pirandello, montada por la compañía Ensimenor. 

 

En un espacio desnudo pintado de negro –la esencia del teatro–, llega Pirandello a los escenarios locales. Con sólo el murmullo del río Mapocho como ruido de fondo, y una que otra moto mal carburada circulando por la Costanera, asistimos al desenvolvimiento de un fatídico triángulo amoroso en un escenario extremadamente desprovisto, marcado solo por un sillón al centro y una distante mesa de arrimo para sostener el licor. La propuesta de reducir los elementos escenográficos al mínimo, sin duda promisoria, se ve reforzada más aún por la presencia de los cuatro músicos instalados a un costado (trompeta, cello, teclado y voz), cuyas intervenciones forman parte integral del la obra.

El celebérrimo dramaturgo siciliano, autor de Seis personajes en busca de un autor, ofrece en La mordida una obra dura y desesperada, basada en el engaño de una mujer a su marido. Estructurada fundamentalmente en dos cuadros, el primero entre los amantes, asediados por el temor a ser descubiertos, y el segundo entre los esposos, la obra es magistral en ir develando gradualmente la fragilidad de las relaciones humanas y sobre todo sus fracturas, por las que se cuela incansablemente la culpa, el odio y la desesperación. No exenta de chispazos de genialidad y súbita poesía, Pirandello también nos recuerda cada tanto porque es uno de los dramaturgos cruciales del siglo XX.

La compañía Ensimenor no sólo ofrece un montaje acertado para este texto clásico sino que hace algo aún más importante: toma el riesgo de ofrecer una propuesta propia, una forma llena de teatro para escenificar esta obra italiana de principios del siglo pasado en una un clave de sensibilidad actual y particular. El resultado es logrado y el público, con el mínimo de los elementos, se va dejando envolver por el drama crecientemente trágico. El suspenso de la obra, con algunos intervalos cómicos, va siempre en aumento, a pesar de que los personajes parecen estar todo el tiempo nada más que descontando una a una las hojas del cumplimiento de un destino ya escrito y fatal.

Ensimenor se ha caracterizado anteriormente por montajes que incorporan la música en vivo y en este caso repite el experimento con notable solvencia. El cello, la trompeta, el teclado y la voz son mucho más que una especie de acompañamiento de las escenas cúlmines, son en realidad la vía a través de la cual el drama accede a sus momentos de mayor emoción. Con música compuesta especialmente para la obra por Angelo Solari, y un convincente timbre de voz de Elvira López, la música ocupa quizás el lugar más prominente de este original montaje.

La cantante también interviene en la obra a través de pequeños roles periféricos, y de la lectura intermitente de las apasionantes didascalias de Pirandello, llenas de resonancias y de torvas premoniciones (un acierto, aún cuando leídas de fotocopias anilladas pierden algo de su poder evocativo).

Los actores ofrecen en general una buena representación: Angelo Solari (sin duda mejor en la composición de la música), resulta un poco monótono en la gestualidad y es quizás el más débil; Cristóbal Muhr, como el marido aparentemente displicente, en una interpretación siniestra de un rol ligeramente italianizado, realiza bien el tránsito de la comedia a la tragedia que requiere su rol. Catalina Martin, como Julia, la mujer infiel, es la que demuestra mayor fuerza interpretativa, persuasiva en los silencios y en el amplio rango de emociones sobrepuestas que van densificando su papel  (si bien con esta tendencia tan marcada de los actores chilenos a llegar demasiado pronto al punto más alto de las emociones, demasiado pronto al paroxismo de la ira, demasiado pronto a la desesperación, o al pánico, con la consiguiente sobreabundancia de gritos sobre el escenario).

En cualquier caso, más allá de deslices o debilidades menores, esta obra presenta una apuesta original y jugada de un texto magistral, y logra inscribirse plenamente en el mundo de un teatro personal y exploratorio, tanto desde el punto de vista de la dramaturgia como de su montaje. Vaya a verla, son sólo seis funciones.

.

La mordida

De Luigi Pirandello
Compañía de Teatro Ensimenor
Dirección: Álvaro Viguera
Elenco: Catalina Martin, Angelo Solari y Cristóbal Muhr
Música: compuesta por Angelo Solari
Intérpretes: Pablo Terraza (piano); Angela Acuña (cello); Benjamín Vergara (trompeta) y Elvira López (voz)..
Fecha y hora: desde el 12 hasta el 27 de abril. Martes y miércoles a las 20:00 hrs.
Lugar: Teatro El Puente

Deje su mensaje

Debes estarsuscrito para enviar un comentario.