Revista Intemperie

¿Por qué es importante traducir a Shakespeare en Chile?: Nueva versión de La Tempestad

Por: Pablo Torche
La Tempestad

La Tempestad, de Baldwin y Fernández trae a Shakespeare al español de nuestro continente de forma precisa y accesible. Según Pablo Torche es una versión que supera fácilmente las tradicionales traducciones españolas

 

Paula Baldwin y Braulio Fernández, profesores de literatura de la Universidad de Los Andes, han presentado una nueva versión en español de La Tempestad (Editorial Universitaria, 2010). Ni comedia ni tragedia, esta obra breve es una de las más famosas de Shakespeare, a menudo vinculada a un ambiente orientalista, ya sea por la renuncia de Próspero, el rey, a todo lo mundano y material, ya sea por su indulgencia en poderosas artes mágicas que parecen venir de más allá del Levante. En el caso de ser efectivamente la última, podría señalar también la despedida postrera de Shakespeare a las bellas letras (el dramaturgo inglés vivió los último ocho años de su vida alejado de la pluma, dedicado al negocio de bienes raíces).

Es también la obra que contiene las canciones de Ariel, y con ellas algunos de los versos más famosos del poeta, que inspiraran varios siglos más tarde al Eliot de La tierra baldía. Según la versión que nos convoca: “A cinco brazas profundas yace tu padre / Sus huesos hechos coral; / Son perlas los que fueron sus ojos. / Nada en él se ha descompuesto, / Aunque el mar lo transformó / En algo rico y extraño. / Las ninfas, cada hora, tañen su campana.”

Aquí está todo el universo maravilloso y contradictorio de Shakespeare, entrelazado con extrema sutileza en la lucha del rey por recuperar su trono y casar a su hija con uno de los príncipes. Está el Shakespeare procaz y deslenguado: el barco tiene tantas goteras “como una muchacha incontinente”; el renacentista, en conflicto con el idealismo platónico: “Nada malo puede habitar en un templo así. / Si el espíritu maligno tuviese una casa tan hermosa, / Las cosas buenas querrían vivir en ella”; el desconfiado de la realidad: “Somos de esa materia / De la que están hechos los sueños, y a nuestra pequeña vida / La rodea un dormir…”. Pero quizás, por sobre todo, está aquí el Shakespeare romántico, que nos ha legado en la casta Miranda uno de los personajes femeninos que ha capturado con más fuerza la imaginación de Occidente: la joven pura y virginal (si bien encerrada en una isla sola con su padre le ha resultado un poco más fácil), enamorada a primera vista de Ferdinand, simboliza su amor inconsumado en una legendaria partida de ajedrez con su amado, el tablero como vínculo perfecto y cristalino, lleno de posibilidades aparentemente  incontables, pero en el fondo finitas.

La traducción ha optado por la sobriedad y la llaneza, opción que está basada en una singular “hermenéutica de la confianza” la cual, si bien puede sonar un poco ingenua en términos interpretativos, al menos ha dado plenos resultados en lo textual, que sin duda es lo más importante. La propuesta vierte a Shakespeare en el español del continente, con una lengua precisa, atenta a los coloquialismos y al humor, pero siempre accesible. Solo estos rasgos serían suficientes para ponerla muy por encima de la realizada por el Instituto Shakespeare de España (algo no muy difícil), que es la que puebla con más frecuencia nuestras librerías. El prólogo nos informa que hay también una versión del argentino Pablo Ingberg que resultaría interesante explorar.

Pero el principal logro, en mi opinión, es el de dejar hablar a Shakespeare en nuestros días, sin tentarse con tomar un protagonismo excesivo, ya sea poético, de “chilenismos” o cualquier otro. Si bien a veces puede pecar de excesivo “literalismo”, lo cierto es que la pérdida es menor y Shakespeare se escucha, se lee, y sin duda se dejará recitar sobre las tablas, sin hermetismo, distorsiones ni grandes complejidades. Más que un logro simple, sin duda.

La edición también se preocupa de poner al día al lector acerca de los variados juegos de palabras, dichos populares y costumbres o metáforas propias de la época, e incluye un prólogo cuidado e instructivo que acompaña bien al neófito que se inicia en Shakespeare y será también de interés para el más avezado.

Con un poco más de cuidado en los aspectos gráficos de la edición (el texto parece nadar en las páginas y los márgenes son mezquinos) este esfuerzo merecería una edición bilingüe y tal vez pudiéramos empezar a hacernos de una buena biblioteca de Shakespeare en castellano, afinado al oído de nuestros días en estas lejanas costas septentrionales.

 

La Tempestad

William Shakespeare
Traducción, introducción y notas de Paula Baldwin y Braulio Fernández
Santiago, Editorial Universitaria, 2010.

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