Revista Intemperie

Cuando el teatro se llamó peligro

Por: Federico Zurita Hecht
juana

Cuando Juana conoció a Robert Wilson intenta ser crítica, ácida y progresista, pero no termina siendo más que un ejercicio repetitivo, superficial y hasta peligroso, opina Federico Zurita.

 

Cuando Juana conoció a Robert Wilson, obra escrita y dirigida por Eduardo Luna, constituye por accidente una doble paradoja (un contrasentido sobre un contrasentido) que la convierte en una textualidad de alto peligro. En primer lugar se presenta como una reflexión compleja y profunda que no es más que una disquisición superficial y repetitiva. Y en segundo lugar, la ingenuidad emanada de aquella superficialidad la convierte en un discurso conservador y destructivo, algo propio (quizás por puro accidente, podemos especular) de las manifestaciones de control.

La acción dramática se desvive por trasmitir la idea de una eventual inutilidad de la palabra como constructora de la realidad, no sólo en su estado de aislamiento en el diccionario, sino también en su uso material (y recalco esto último con la intención de comenzar a visualizar todo aquello que posiblemente esta obra ignore majaderamente). La propuesta ideológica intenta por todos los medios convencer al espectador que en la palabra (y por tanto en los discursos) no habita el referente de ésta. En la fragmentariedad del montaje, esta idea se repite más de la cuenta recurriendo a referentes históricos, literarios o míticos; como Juana de Arco (en el primer caso), La vida es sueño de Calderón de la Barca y Werther de Goethe (en el segundo) y el Génesis (en el tercero).

Los referentes que analiza la obra

A través de estos referentes la obra descontextualiza la relación realidad/sueño que propone la obra de Calderón y se anula la visión de mundo que ofrece Werther (aunque hoy, si es que insistimos en leerlo descontextualizado, nos resulte patético) enamorado hasta la muerte de la imposible Carlota. Esto último se sostiene en un Werther manierista (y no romántico) que, en escena, busca diferenciarse del personaje literario e insiste en su condición de persona, como si el Werther que habita el mundo de ficción de la novela de Goethe no ignorara, también, que es un personaje (por lo que la distinción que propone la obra se vuelve estéril).

Pero el montaje de Luna insiste, esta vez usando el extrañamiento. Las actrices que representan a Juana no son Juana, y nadie ahí se llama Juana. Este recurso tiene una segunda utilidad, que consiste en desestimar el valor de la dialéctica en los términos que aparece en el Teatro Épico. Lo curioso es que esta acción se lleva a cabo a través de la técnica propuesta por el mismo Bertolt Brecht (ideólogo del Teatro Épico): el extrañamiento. Y más aún, se realiza a través de un ejercicio dialéctico inocente y superficial.

Las alusiones bíblicas se sostienen sobre la misma precariedad, pues el montaje ignora que hasta el día de hoy el mito cristiano tiene la facultad de construir la realidad que habitamos (aunque parte de la población de occidente esté consciente de la inconsistencia de esta forma de pensamiento o entienda su importancia como mecanismo de control). Nadie podría ignorar aquello frente a la frescura histórica de “correr el tupido velo” en asuntos que involucran las perversiones de la institución que formula dicho mito. Creer, entonces, que decir en escena que Dios no existe (aunque de verdad se crea) es subversivo, es no reparar en la realidad a la que se alude y (esto es lo destacable) en la importancia del lenguaje en la construcción de esta realidad (asunto que Cuando Juana…, partimos diciendo, intenta negar).

Efectivamente (y con esto no me contradigo), tal como dice esta obra, en la palabra no reside el objeto referido por ésta. Pensadores postestructuralistas han reflexionado acerca de la posibilidad de que lo único que poseamos sea texto y la realidad haya quedado extraviada fuera de lo decible, propiciando que el texto tenga la facultad de “seguir actuando” incluso cuando ha desaparecido la marca que lo ha inscrito (tema que, dicho sea de paso, ha sido pensado en profundidad en obras como Cristo o Ernesto, de la Compañía Teatro de Chile, y 2010 Instrucciones de uso de la compañía Tiatro).

Lo anterior, por supuesto, como ya se desprende de nuestras “palabras”, no anula el carácter subversivo del lenguaje, pues éste sería capaz de deconstruir las relaciones jerárquicas que se presentan como absolutistas. O incluso moviéndonos a una forma de pensamiento diferente, el marxismo nos podría invitar a pensar el lenguaje como una actividad que tiene la facultad de producir transformaciones materiales en la realidad. Pensadores de ambos grupos, que podrían estar en desacuerdo en muchos puntos, se unirían para discutir con énfasis con el montaje Cuando Juana…

Las alusiones a la figura de Robert Wilson (director norteamericano que propone un teatro que otorga gran importancia a lo visual) parecen, también, estar descontextualizadas. La presencia de Wilson, como la figura autorial que es propiciada por sus obras, no reemplaza a la palabra por la imagen, sino que busca en la palabra, en su comunión con la imagen, una nueva dimensión. En ese sentido, el que la obra recurra a lo que Wilson representa, con el objetivo de sumar a su discurso de anulación de las potencialidades del lenguaje, parece un error epistemológico.

Por último, Cuando Juana conoció a Robert Wilson puede constituirse como un montaje peligroso pues, entre los posibles efectos de sus posibles sentidos, naturaliza la idea de que no habría riesgos en usos determinados del lenguaje. No sería violento sostener jerarquías a través de las palabras pues la silla no está en la palabra silla ni Werther en el nombre Werther, podría pensar un espectador incauto que asuma este discurso conservador como verdadero. No sería peligroso que el presidente dijera unidad cuando quiere decir dominación pues son palabras y en ellas no reside ni la unidad ni la dominación. Esto podría estar sugiriendo este montaje sin reparar que en cada una de sus palabras (o en la ausencia de éstas incluso) podría ocurrir una epifanía violenta y difícil de reparar.

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Cuando Juana conoció a Robert Wilson

Dramaturgia y dirección: Eduardo Luna
Elenco: Daniela Molina, Rocío Rojas, Alejandra Díaz, Sebastián Silva R., Christian Álvarez, Layla Raña, Tania Brito
Fecha y hora: Desde el 7 de abril hasta 01 de mayo. Jueves a domingo 19:30 hrs.
Lugar: Teatro Lastarria 90. José Victorino Lastarria 90

10 Comentarios

  1. Gabriela dice:

    Me pareció desquiciante y pretenciosa. Fueron 2 largas (“largas”) horas

  2. Julián dice:

    Uff, estaba buscando información de la obra porque precisamente me había gustado mucho y me encuentro con este comentario en el que solo veo que el autor de la crítica ha leído de manera errónea lo que el montaje propone (según lo que entendí). Me parece que la presente crítica ha sido realizada con muy pocos argumentos relacionados con el teatro mismo (soy arquitecto, pero algo se de teatro, me informo, leo críticas y esta me parece temperamental u hormonal, muy por debajo de un ejercicio estético serio)
    No es que quiera ofender al señor zurita, solo que hace mucho que no veía algo parecido a esta obra y me alegró mucho, Espero que a obras como esta se les apoye, esto no se ve mucho en Chile y a mi me encantó.

    • Gabriela dice:

      A mi me pareció que el tema del lenguaje está lejos de ser bien tratado, es más cuando puse pretenciosa, fue justamente porque se fueron por las ramas y alargaron hasta hartar al público. Esto más me pareció a un collage sin revisión crítica previa antes de salir a escena

  3. Gabi dice:

    a mi me encanto!
    lo mejor muy buenas actuaciones y puesta en escena y muy bien tratado el tema “el lenguaje” parece que el critico no entendio la obra…..

  4. Samuel dice:

    Tal ve no ocurra ue el crítico no etendió la obra. Tal vez ocurra que el director no entendió qué símbolos puso en escena. Y el críto, que no tiene por qué meterse en la cabeza del autor, explicó con suficientes argmentos lo es posible ver en la obra (está ahí, no se puede negar).

  5. Samuel dice:

    Tal vez no ocurra que el crítico no etendió la obra. Tal vez ocurra que el director no entendió qué símbolos puso en escena. Y el crítico, que no tiene por qué meterse en la cabeza del autor, explicó con suficientes argumentos lo que es posible ver en la obra (está ahí, no se puede negar).

  6. Zabeth Baiss dice:

    Sin duda Federico Zurita desconoce absolutamente la tendencia Robert Wilson. y el paradigma absoluto que nos muestra esta apoteósica y magnífica propuesta

    Acido y estéril comentario que demuestra una preocupante divagacion de neuronas

    • Franco dice:

      Típico que cuando los responsables de un montaje “peligroso” (para no usar el concepto “malo”, que aquí nunca se usó) no saben defender su propuesta, le echan la culpa al crítico. “Es que el crítico no sabe nada”, dicen, sin reparar en que es completamente viable hacer determinada interpretación. Por lo demás “apoteósica” y “magnífica” son conceptos que dicen bien poco. Ni siquiera alcanzan a constituir una contraargumentación.

  7. Gabriela dice:

    Zabeth Baiss:
    Atacar al crìtico solo habla mal de ti, de tu falta de humildad al ignorar y no leer que a otras personas del público tambien le pareció una obra francamente aburrida y pretensiosa.
    que viene ahora ¿atacar al medio que publicó esta crìtica, atacar a los que opinamos de la obra?
    Deberías defender la obra con argumentos, si es que los tienes, para intentar al menos una discusión interesante, por lo que te desafío a defender la obra de los comentarios de Zurita.

  8. Eduardo dice:

    Estimados lectores y administradores de Revista intemperie, soy parte del equipo de realización de la obra y escribo en esta oportunidad, solo para aclarar que ningún integrante de Lafamiliateatro se prestaría para realizar una opinión en torno al documento referido, a través de un nombre falso (que es lo que intenta elucubrar Franco en su comentario del 24 de abril). A lo largo de nuestra trayectoria (7 años) nos hemos caracterizado por ser una compañía profesional y sería, que defiende lo que hace en un escenario…
    Muy por el contrario de lo que podría pensarse, no consideramos que la crítica hecha por Zurita afecte de algún modo al espectáculo o la compañía, así como tampoco nos convierte en la mejor compañía del mundo la crítica realizada por Leopoldo pulgar (que adjunto más abajo), simplemente son ejercicios estéticos, tal vez uno más completo que otro (eso lo decide el lector), y la verdad es que hemos seguido con entusiasmo los comentarios que han hecho los lectores y nos parece un hecho muy atractivo el que sea la única obra que ha despertado algún tipo de opinión y debate…

    Muy agradecidos

    Lafamiliateatro

    crítica de Leopoldo Pulgar:

    http://www.diariolanacion.cl/puro-o-mucho-cerebro/noticias/2011-04-21/154609.html

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