Revista Intemperie

Inventario de pérdidas

Por: Marco Quezada and Karen Bascuñán

Revista Intemperie presenta dos aproximaciones al último libro del poeta Enrique Winter. Karen Bascuñán destaca la capacidad de los poemas para posarse en zonas tradicionalmente olvidadas y Marco Quezada enfatiza la fuerza de un recorrido que va inventariando sus pérdidas.

 

 

Imágenes de la fragilidad, por Karen Bascuñán

 

Enrique Winter (1982), poeta y editor de Ediciones del Temple, presenta su última publicación Guía de despacho (Cuarto Propio, 2010), donde tenemos la oportunidad de reencontrarnos con los escenarios y lenguaje que ya nos ha mostrado en sus publicaciones anteriores (Atar las naves, 2003 y Rascacielos, 2008).

La poesía de Winter nos invita a girar la mirada, a posarnos en otros parajes que susurran cercanos y nos llegan como ecos de una bitácora de viaje, a través de rutas que podemos recorrer en el trazo privado de esta obra. Es en esta intimidad que el autor se detiene para exponernos su poética mostrándonos lugares nuevos, especialmente aquellos cubiertos por un velo o aquellos nublados por los escenarios inventados para homogeneizarnos: “las películas nos robaron hasta el atardecer./ El bus nos ha robado el viaje.”. Este viaje también señala un deseo imbricado con lo ausente, las palabras que buscan el lugar tanto de lo perdido, como de lo que nunca se ha tenido: “porque miran juntos a un punto muerto:/ el mar, la tele o la avenida mientras una maneja y ambos cantan/ la canción de la radio, tan parecida a lo que les ocurre./ Uno sólo sostiene lo que suelta.”

El viaje de Winter nos trae ecos de la presencia del lar, que nos han mostrado Teillier y otros poetas. Se desplaza por rutas internas, menospreciadas por otros, vinculadas a lo perdido y al pasado que se hace presente silencioso. Se escenifica así la pérdida de significación de claves que hemos escuchado hasta el hartazgo, la repetición de fechas relevantes que no son lo conmemorado o son su opuesto, donde la reiteración de formulas dialogantes pierden sentido y nos vemos empujados a salir en búsqueda de nuevas palabras y simbolizaciones particulares, otras formas de hilar.

Y en esta búsqueda, los despojos en la adultez que se quedan circulando como fantasmas: “Como ateo en la guarida/ del convento en la edad media,/ de miedoso entro al trabajo./ Qué terrible estar afuera.” o bien “Que al hacerse más grandes/ den cuenta de lo que significa hacerse grande: f r a g i l i d a d .” La poesía de Winter nos instala en una atmosfera grisácea, flotante como los recuerdos, donde esa fragilidad se posiciona como uno de los hilos que hilvanan esta obra.

Las sensaciones e imágenes a las que ésta nos enfrenta, adquieren una profundidad mayor e ineludible cuando aparecen los recuerdos que dan cuenta del dolor en la historia reciente de Chile “a falta de una séptima cuerda/ cuya sola pulsión escucharía a los detenidos/ que jamás pudimos enterrar.”, cuerda-pulsión-sonido inexistentes, deseadas para poder procesar donde no es posible instalar significado ni sonido que llene ese vacío; verdades que no pueden sepultarse y que atraviesan el malestar cotidiano, como también podemos visualizar en “afuera está la noche. La luz es cáscara y costra/ apenas un papel”; lo que se deja ver es el rastro de la herida, cubierta que señala la marca.

Fisuras, pérdidas, heridas, procesadas desde la fragilidad en estructuras que soportan el cotidiano, sin despojar la posibilidad de seguir buscando rutas propias. Y en estas huellas que el autor recorre, es inevitable enunciar las marcas en lo amoroso: “Uno pierde el placer de estar solo./ Uno pierde la capacidad de amar a una pareja./ Y queda la performance:”, imágenes cargadas de las imposibilidades y portadoras de la violencia y el erotismo: “–el miembro de tortura china/ cava inocente en este pubis de condenada/ un agujero hacia la muerte–“.

El trazado que nos presenta Winter decanta certezas de pronta adultez, evidencias de (des)encuentros, claridades que enfrentar para seguir el viaje: “Lo deseado no llena esta botella/ sólo la arropa como una bolsa o una tapa. (…) pegado en cómo lo alguna vez deseado ya no existe,/ pues lo deseado muta./ Y uno no.”

Guía de despacho es una obra que nos permite entrar en un itinerario personal que nos involucra. Las imágenes, presentadas a modo de fotografías en las que podríamos estar, nos interpelan, nos convocan a recordar los propios viajes, las preguntas y las claridades tristes con las que nos hemos encontrado tanto en nuestra biografía como en la historia de Chile, donde -a pesar de ellas-, decidimos continuar, compartiéndolas, buscando el lugar donde posarlas.

 

 

La inutilidad de un inventario, por Marco Quezada

 

Una guía de despacho es el documento comercial en el que se registra la mercadería trasladada de un punto a otro. Guía de despacho (Cuatro Propio, 2010) es también la tercera publicación del poeta y abogado Enrique Winter, luego de Atar las naves (2003) y Rascacielos (2008).

Organizado como el documento que le da título, cuya expresión más evidente es la numeración de los poemas en la parte superior de la página, este poemario dibuja la ruta de un viaje que transcurre tanto en el interior como el exterior del hablante, en una relación que se hace una, toda vez que lo observado a través de la ventana de un bus o de un camión que se detuvo con la señal de un dedo en la mitad del camino, va modificando sus parámetros, ensamblando de ese modo también la forma del texto y su contenido.

Partiendo de un “Emplazamiento” (título del primer poema) que antes de ser barrido por un maremoto estaba “flanqueado a la diestra por la usina (…) y a la siniestra por la ballenera”, pueblo olvidado y sobreviviendo en sus mejores días solo en la memoria de Fernando Agüero Catrilef, el viaje prosigue en medio de un desierto con casas a medio construir para evitar el pago de impuestos, pasando por un Sao Paulo contenido en el intento de autodefinición de una mujer, hasta llegar a algunas localidades perdidas al sur de Chile que provocan, con su inconexión, el reiterativo incumplimiento de una promesa para los catorce de febrero.

El comienzo metafísico del viaje se ubica en el momento de la pérdida de los referentes, de los límites ciertos, la perplejidad ante lo que se va dejando atrás: “Junta las copas del colegio/ bajo la buganvilla./ De mantel los diplomas posteriores./ A ver si aguantan la primera lluvia”.

Con imágenes claras, que en su construcción caen escasamente al hermetismo pero tampoco apelan al desborde de la coloquialidad, un tono intermedio, medido, forjado a  partir de la plasticidad de distintos registros poéticos (desde el verso, pasando por el diálogo hasta la prosa), Guía de despacho delinea el pesimismo frente a la fugacidad de las relaciones que construye el ser humano en la época actual, consciente de que “un modo de vida es apenas un líquido viscoso/ espuma sobre otro modo de mar”, pero también apreciando la “belleza acuosa de la mezcla, de la inquietud previa al viaje”.

De este modo, el cargamento archivado en este poemario, inventariado en los  treinta y siete poemas que lo componen, se construye como “Una serie de postales disueltas en agua, láminas de álbum, guías de despacho” que se instalan en la indefinida “hora posterior a que atardezca y anterior a la noche”, buscando describir con el olfato, para quien “no hay palabras (…) solo aproximaciones (…) ofertas”.

En ese sentido, esta Guía de despacho acompaña las transformaciones que la mercancía cargada en su punto de origen va sufriendo en el trayecto hasta el domicilio del receptor, poniendo en duda y llevando hasta sus límites la capacidad de clasificación del lenguaje. Un ejercicio que, por ende, se cuestiona también sobre el quehacer poético y su única herramienta, y que quien adquiera deberá decidir si firmar o no su recibo de conformidad.

 

 

Guía de despacho

Enrique Winter
Santiago, Editorial Cuarto Propio, 2010.

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