Revista Intemperie

Crisis de contenido

Por: Intemperie
exilio

¿De qué se trataba la obra? fue lo primero que comentó el equipo de Intemperie al finalizar la función. Y puede que nuestra ignorancia nos esté jugando chueco pero seremos sinceros: de El exilio de la mujer desnuda salimos confundidos y disfrutamos poco.

 

 

Sacando buen provecho de los quesitos del cóctel de estreno en la terraza de Lastarria 90, Intemperie se pregunta de qué se trataba El exilio de la mujer desnuda. A un lado se distinguen los techos de pizarreño de los cafés vecinos, bastante menos glamorosos que la imagen que proyectan sus fachadas al exterior y, del otro, los pasillos descubiertos de un nuevo edificio de lofts, construido casi contiguo al teatro, en el recientemente inaugurado boulevard del barrio. ¿La idea era criticar el nuevo Chile, aparentemente renovado y refaccionado, pero probablemente envuelto en los mismos traumas y culpas políticas? Si es así, el intento resultaba francamente hermético

La obra recupera el texto que Juan Radrigán, uno de los más destacados dramaturgos nacionales, estrenara el 2001, basado en una pareja de perseguidos o defenestrados políticos que conversan desesperadamente en un departamento. Ella aboga por salir y enfrentarse a una especie de realidad que la amenaza, en tanto que él, escritor (¿de esta propia obra?), parece intentar disuadirla. La discusión entre los personajes, sin embargo, está intervenida por pequeñas dosis de realidad: cada tanto se interrumpen en su rimbombante declamación y vuelven a ser simplemente un par de actores jóvenes, ensayando o recordando una obra en la que han actuado y de la que parecen no encontrar la salida. Esta clave de realidad se ve reforzada por un tercer actor-personaje, sin parlamento, que se cruza cada tanto por el living rumbo a la cocina, sale a comprar cerveza, regresa, se esconde en su cuarto otra vez.

La tensión entre ficción realidad y el recurso de una obra de teatro que de pronto deja de serlo, que se desnuda de su ataviaje dramático y se muestra tal cual es, resulta atractivo, pero Intemperie cree que no está bien aprovechado. No hay un conflicto claro entre estas dos esferas de realidad, ni siquiera un diálogo, y tampoco la personificación de los actores varía de manera sustantiva de un rol a otro, por lo que el recurso parece desaprovechado en su potencial interpretativo. Tampoco el discurso de la obra resulta claro, más allá de ciertos estandartes de crítica política que a estas alturas parecen eslóganes. Es probable, hipotetiza Intemperie en la azotea del teatro, que esto se deba a una relectura muy sutil de la obra original, que recupere, reviva o subvierta de alguna forma los sentidos primeros, pero ésta parece una coartada sospechosa y lo cierto es, en cualquier caso, que el público general tampoco tendrá acceso a este juego de interrelaciones, aún en el caso de que existiera.

Paula Peña considera que, en el fondo, El exilio de una mujer desnuda puede proponer que la crítica a la Dictadura que hiciera Radrigán sigue vigente en el contexto actual, y servir de pie para una reflexión política contemporánea, aún cuando no percibe una propuesta de relectura elaborada y original. Alaba sin embargo la escenografía (diseñada por Catalina Devia), que aprovecha con habilidad el breve espacio del escenario para recrear un departamento de estudiantes, aunque con algunos toques ochenteros en la atmósfera.

Rodrigo Marín considera que, en el caso de haberla, la metáfora política es esquiva y carece de un sustento más profundo, por lo que termina desintegrándose. La música, por su parte, que en un comienzo juega un rol en la construcción de la atmósfera, le parece que se convierte al final en un recurso sobreutilizado, casi en el estilo de teleserie, asociado a una emotividad más bien superficial.

Pablo Torche, un poco más radical, considera el texto demasiado recargado, presa de una compulsión por deslizar una frase grandilocuente o una cita célebre frase por medio. El trasfondo político, que atraviesa toda la obra, le parece sobre-explícito y demasiado concreto, cercano a la pancarta. En vez de criticar, para no hablar de explorar, la obra termina adoptando un tono casi aleccionador, más en el estilo de las intervenciones del ministro Hinzpeter que de una propuesta artística. En este marco, le parece también que el desnudo final de la actriz (a pesar del título de la obra) resulta gratuito, sin un contexto dramático que lo sustente, por lo que termina resultando distractor más que envolvente.

Puede que esta obra circule por los intersticios del texto de un dramaturgo famoso, concluye Intemperie, pero más allá de esta hipótesis resulta difícil de apreciar y disfrutar como un espectáculo en sí mismo.

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El exilio de la mujer desnuda

Adaptación del texto de Juan Radrigán
Dirección: Cristián Torres
Diseño: Catalina Devia
Elenco: Nicole Ojeda, Jesús Briceño, Alejandro Miranda
Fecha y hora: del 6 de Abril al 1 de Mayo. Jueves a domingo 21:30 hrs.
Lugar: Lastarria 90
Reservas: 9-4008303

Foto: Lastarria 90

2 Comentarios

  1. javiera dice:

    Que rara me parecio esta critica.
    yo entendi todo, y ademas me parecio que el contenido de la obra era muy intenso
    y a pesar de la historia, muy contemporaneo.
    bueno sobre gustos no hay nada escrito dicen por ahi.
    pero en este caso me da la sensacion que se habla desde el gusto.
    yo como profesora rescato la obra de todas maneras tanto en su contenido como en sus interpretaciones.
    mucha fuerza y critica tenia para mi gusto.
    Y a todas las personas que la recomendé (de diversas areas)
    les parecio una obra bastante compleja, pero no menos buena.
    saludos!

    Javiera M.

  2. andrea dice:

    ¿ porque llevara el nombre el exilio de una mujer desnuda?

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