Revista Intemperie

La insolencia de asumir la incompletitud

Por: Jorge Sánchez
El cine de Raul Ruiz

Como una apuesta califica Jorge Sánchez la publicación de El cine de Raúl Ruiz. Fantasmas, simulacros y artificios, estudio teórico – crítico que reune lo canónico y lo inédito, lo visual y lo escrito, lo dicho sobre y por el mismo Ruiz

 

El cine de Raúl Ruiz. Fantasmas, simulacros y artificios reúne un conjunto de textos críticos sobre el trabajo de dicho cineasta, quien tiene a su haber un  sinfín de producciones visuales realizadas en Chile y en el extranjero, entre las que destacan: Tres tristes tigres (1968), Nadie dijo nada (1971), Palomita blanca (1973), Diálogo de Exiliados (1975), La hipótesis del cuadro robado (1979), logrando aproximadamente ciento diecinueve trabajos (incluyendo largometrajes, cortometrajes y series televisivas). Si bien, ha sido reconocido a nivel mundial, su compleja mirada y la falta de unas “obras completas” de su creación fílmica, hace poco asible una entrada crítica a un artista que es fundamental para pensar Latinoamérica.

Es así como el escrito teórico / crítico, se propone ser un aporte significativo a dicha tarea investigativa que elude tal vez uno de los mayores riesgos que corre una producción de este tipo, a saber, no hacer justicia a un director del tamaño y extrañeza de Ruiz, cometiendo el error de incorporarlo a genealogías fijas, a espacios determinados, estatizándolo y no estetizándolo en un diccionario para eruditos. “Yo soy el pasador de fronteras, llevo a las personas de un mundo a otro” dice el capitán de la leyenda de Manoel, y dicha frase la podemos pensar como una advertencia que sostiene la movilidad intrínseca de las realizaciones de Ruiz, aquella que contrasta con la pasividad de la crítica canónica chilena.

Así, El cine de Raúl Ruiz… hace justicia, en primer lugar, al visibilizar en un solo libro una gama de visiones críticas que combina textos ya publicados como “Imágenes de paso” de Waldo Rojas o “Cartografiando el territorio de Raúl Ruiz” de Jonathan Rosenbaun, con textos inéditos como “Ruiz ¿Díscolo o artista de Vanguardia?”de Luis Mora del Solar o “Aquí colgando y por allá tanteando: acerca de las seis funciones del plano de Raúl Ruiz” de Adrian Martin, entre otros.

Dichos textos abordan la producción de Ruiz desde múltiples ópticas, logrando, lo que Valeria de los Ríos menciona en el prólogo, una “movilidad” teórica, que se vincula directamente con la “modalidad excéntrica” del cine de Ruiz.

Así, la lucidez de los editores Valeria de los Ríos e Iván Pinto se evidencia, ya que, si bien, el texto se halla dividido en siete partes temáticas: “Pasajes”, “Territorio”, “Figuras”, “Ojo Barroco”, “Mapas”, “Dobles y Fantasmas”, y “Poética”, estos no son capítulos clausurados por los temas asignados, ya que al leerlos es posible palpar el vínculo y la tensión que impera entre ellos. Aquello genera, sin lugar a dudas, la tentación de seguir pensando en  la obra de este cineasta, más que estancarse en la adopción de una única mirada.

Pero también el libro hace justicia al trizar, un poco que sea, la teoría crítica apozada solo en la escritura, incorporando ya desde la portada una propuesta visual que es, sin lugar a dudas, más que un ornamento. La ominosa primera imagen, extraída del film Tres vidas y una sola muerte,  mezcla entre risa, horror y desconcierto se conecta con las paradojas, las fugas barrocas y el “surreachilismo” ruiziano. Especial mención merecen además las imágenes insertas por Paula Dittborn, artista visual chilena, que se pueden pensar como un guiño a las escrituras contenidas, mas además como una propuesta crítica, esta vez visual,  sobre Ruiz, en donde se destacan los planos por sobre las secuencias, generando así una narración particular respecto a su filmografía.

Por último, cabe resaltar la traducción inédita del texto “Las seis funciones del plano” de Raúl Ruiz. Aquí el director toma la palabra, inevitable en un Ruiz que se escapa a cada instante, y nos ofrece una sugerente poética de su producción, centrada en la importancia de los planos cinematográficos.

En conclusión, la crítica y teoría presentes en el libro se plantean desde su precariedad frente a una producción visual inabarcable. Este rasgo, que puede verse como un defecto, es su gran apuesta, constituyendo una conexión y símil con las visualidades ruizianas, que consisten en una aparente dispersión, que connotan la inasibilidad de dicho cine: no solo escritura, también visualidad, no solo el canon sino que también lo inédito, no solo escritura sobre Ruiz sino que también la escritura de Ruiz. Es en estos movimientos donde, a final de cuentas, se halla su gran aporte, su gran insolencia.

 

El cine de Raúl Ruiz. Fantasmas, simulacros y artificios.

Editado por Valeria de los Ríos e Iván Pinto.
Santiago, Uqbar Editores, 2010.

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