Revista Intemperie

Juan Andrés Piña habla sobre el teatro joven: “Es gente anti sistémica, crítica, pero sin un discurso político constituido”

Por: Pablo Torche
juan andres pina

A semanas de haber culminado el Santiago a Mil, Intemperie conversó con el reconocido crítico teatral, Juan Andrés Piña, quien evalúa el desarrollo de este festival y da su diagnóstico sobre la escena actual del teatro chileno

 

Juan Andrés Piña tiene una trayectoria de varias décadas en la crítica teatral, que se ha expresado también en numerosos libros sobre el tema. Se trata de una labor fecunda, que centra la mirada en el diálogo a veces desconsiderado entre teatro y sociedad, y en lo mucho que tiene que decirnos a los ciudadanos lo que ocurre sobre las tablas. En su último libro, Contingencia, poesía y experimentación: Teatro chileno 1976-2002 (Ril Editores, 2011), Piña da cuenta de esta indagación a través de una recopilación de críticas, artículos y ensayos breves que cubren a cabalidad este removido período de la historia chilena. Los comentarios abordan más de sesenta obras, entre las que se cuentan algunas de las más emblemáticas de la tradición nacional, varias de las cuales han sido remontadas recientemente a propósito de la especie de revival del teatro chileno que se ha gatillado a partir del Bicentenario. Se revisan así, algunos de los montajes más importantes de Ramón Griffero, Marco Antonio de la Parra, Andrés Pérez y Alfredo Castro, entre muchos otros y se analizan las tendencias, los contextos históricos y la evolución de los públicos.

Desde este conocimiento íntimo del teatro nacional y de sus diversas vertientes, el crítico conversa con Intemperie acerca del momento actual por el que atraviesan las tablas chilenas y, cómo no, del desempeño de la última versión del Festival  Santiago a Mil.

¿Cómo ve la escena actual del teatro chileno?

Me parece muy destacable que exista una multitud de compañías, directores y  dramaturgos jóvenes, que son los que intentan una búsqueda y una exploración escénica, de lenguaje y contenidos. No todo lo que se hace es bueno, naturalmente, es muy variado, pero ha permitido el surgimiento de varias propuestas interesantes, las cosas de Guillermo Calderón, la obra Medusa (de Ximena Carrera), y varios otros.

En este contexto, ¿cómo valora el teatro propiamente joven?

El teatro joven ha surgido mucho en el último tiempo. Son buenos, pero por lo general apuntan a un público exclusivamente joven, lo que es un problema, porque se ha dejado de lado un público mayor, más culto, que no tiene qué ir a ver. Yo diría que ese público adulto, de profesionales, no va al teatro durante el año, porque no existe una propuesta más consolidada. Y esa es la razón de que el Festival Santiago a Mil se llene tanto.

¿Puede relacionarse eso con un cierto “insularismo” de los escenarios locales, donde hay poca presencia de obras de dramaturgos clásicas?

Sí, es posible, porque ese vacío se puede llenar con gente que se arriesgue a montar, con respeto, dramaturgos de la historia. Enfocar obras de la tradición con una mirada de dirección joven. Lo hacen mucho los argentinos, pero aquí hay menos ejemplos. Hace un par de años se hizo una Noche de Reyes, de Shakespeare, muy notable, en la que se conservaba el texto original, pero se adaptaba a la comedia musical. También Víctor Carrasco hizo una versión muy notable de Las tres hermanas donde logró capturar muy bien el mundo paralizado de Chéjov.

¿Le parece posible establecer ciertos temas comunes o ideas transversales en el teatro propiamente nacional?

Es difícil decir, pero creo que uno de los temas que se repite, especialmente en el teatro joven, es el de las relaciones familiares, relaciones padre e hijo y entre hermanos. Se trata de obras de clase media baja, donde el enrarecimiento de la atmósfera y la pobreza material determina a la familia. Lo otro que destaca mucho es la falta de acceso, se muestra todo el glamour de la sociedad pero al cual no se tiene acceso. También el tema del dominio de los medios de comunicación, la televisión, como un medio operante y moldeador,  muchas obras están con la tele prendida atrás todo el tiempo.

¿Y cómo ve la relación entre teatro y política? ¿No hay a veces una cierta repetición excesiva de un mismo discurso ideologizado?

No, para nada. Los cabros jóvenes toman temas de la familia, la marginalidad, no son cosas políticas, son cosas vivenciales, de su propia realidad. En general, es gente anti sistémica, gente crítica, pero sin un discurso político constituido.

Sin embargo hay varias obras que vuelven sobre el tema de la Dictadura, ahora mismo Medusa, Villa + Discurso y otras. ¿Le parece interesante, se corre el riesgo de repetir un discurso?

Pero aún así es un tema que aparece muy poco en el teatro. En Medusa por ejemplo se aborda el tema de las delatoras, que me parece que nunca se había tocado. En Villa + Discurso se trata el tema del campo de detención de Villa Grimaldi, que tampoco se ha abordado mucho. En la segunda parte aparecen tres actrices que representan a Michelle Bachelet en distintos períodos de su vida. Esto también es algo nuevo, cuándo se había colocado un Presidente de la República hablando de algo íntimo, familiar. No es un tema tocado.

Santiago a Mil

¿Y qué le pareció la última versión del Festival Santiago a Mil?

Creo que ha funcionado muy bien. Santiago a Mil empezó a funcionar mejor cuando comenzó a distinguir las categorías y se establecieron parámetros para la programación oficial entre grupos profesionales, ya sea chilenos o extranjeros, y otros que son emergentes. Entonces, este filtro ha ayudado a darle una calidad más alta, lo que le da más claridad también al público.

¿Le han parecido de buena la calidad los espectáculos que vienen de afuera?

En general sí, ha habido un esfuerzo de traer espectáculos buenos. Han venido grupos de Europa del Este que son muy duros, muy buenos.

¿Y los chilenos?

También lo chileno ha mostrado un gran nivel. Medusa, Las analfabetas, Jamás el fuego nunca, todas son obras que tuvieron una sólida recepción durante el año pasado. Está más ordenada la cosa.

Para terminar, ¿cuáles son los directores o dramaturgos chilenos que les parecen más interesantes y por qué?

Guillermo Calderón me parece un nombre clave. Villa + Discurso es una obra sólida, donde hay un concepto estético, un concepto del teatro y una idea ideológica súper buena. También Víctor Carrasco como director que también es muy bueno, que hizo un muy buen trabajo con la Amante fascista. Y también me gusta mucho Alexandra von Hummel como directora, que hizo el año pasado Los ciegos que me pareció muy interesante.

 

Foto: La Tercera

2 Comentarios

  1. Jose Pepe Ojeda dice:

    Felicitaciones a mi gran ex-profesor. Ganas de tomar contacto. Hasta el día de hoy conservo en mi memoria sus excelentes clases, años 80.

  2. Victor dice:

    Juan Andrés Piña es de los pocos críticos y estudiosos del Teatro Chileno que valoran el oficio, que aporta desde su mirada. Leerlo es siempre un placer.

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