Revista Intemperie

¿Qué hay detrás de un prestigioso premio literario?

Por: Nicolás Poblete
caso

El caso Finkler aborda la situación de los judíos en Inglaterra, explorando con humor y no poca profundidad los ataques antisemitas, la melancolía y la viudez. Lea aquí la primera crítica publicada en los medios nacionales sobre esta novela que, según Nicolás Poblete, se merece el premio Booker recibido a fines del 2010.

 

Cuando en Latinoamérica muchos de nosotros miramos con recelo y suspicacia  la entrega de premios (principalmente los que otorgan las editoriales -no es necesario ejemplificar con casos ingratos que muchos hemos olvidado-), la tendencia europea aún mantiene un sentido ético y estético. A pesar de las campañas perfiladas por las editoriales y las transnacionales, la esperanza no se agota (completamente) en posicionamientos comerciales o en búsquedas frenéticas de best sellers. El Nobel, por ejemplo, sigue impactando y ofendiendo cuando los nombres escogidos no son conocidos por la mayoría de la gente, es decir, no son “comerciales”. (Dario Fo, Elfriede Jelinek, Herta Müller, por nombrar algunos). Otro premio, distinguido por su objetividad es el IMPAC, que se entrega en Irlanda y premia a una novela de cualquier idioma traducida al inglés.

El último ganador del prestigioso premio Booker (que incluye a todas las comunidades angloparlantes), El caso Finkler de Howard Jacobson, que podría catalogarse como una comedia, trae a colación una serie de preguntas en torno a qué se premia, y por qué. Se trata de una novela polémica (desde el momento en que se posiciona dentro de la tradición judía), a la vez que necesaria, pues a partir de un recorrido social, familiar y acotado al escenario londinense (de clase alta), cuestiona transversalmente el estado actual de la difícil situación que se vive en el medio oriente.

En un terreno primordialmente transitado por narradores norteamericanos (Roth, Bellow, Malamud, Ozick), donde la interrogación por la propia identidad judía es intrínseca a la narración misma, Jacobson ejecuta una maniobra interesante a partir de su protagonista, Julian Treslove, quien no es judío. Julian es el ‘goy’ que ansía ser judío; es confundido con actores judíos y, cuando es asaltado una noche, dice haber sido víctima de un ataque antisemita. Sus amigos más cercanos son todos judíos: Sam Finkler, un filósofo (recientemente viudo) que ha ganado fama haciendo programas acerca de cómo Schopenhauer puede ayudar a la gente con sus vidas amorosas, Hegel con datos para vacacionar, y cómo Wittgenstein puede ayudarte a memorizar números pin. Libor, también viudo, es otro personaje crucial, y a sus noventa y un años decide volver a probar suerte con citas románticas. El patetismo es decorado con humor cuando Libor concluye: “Me viene bien la compañía, pero no puedo pasar por la humillación de conseguirla”.

Frases de ese tipo son recurrentes en la novela e intentan mostrar cómo temas tan difíciles (la pérdida, la melancolía, la viudez) son abordados con chispa y humor; es ese matiz que uno reconoce, pero que es difícil de imitar; un matiz que vemos en los protagonistas (siempre masculinos) de Saul Bellow o Philip Roth; algo que también observamos, oblicuamente, en las primeras películas de Woody Allen, y en polémicos y acaso disparatados intentos por asimilar el terror al humor: La vida es bella, el filme con Roberto Benigni, donde un italiano judío es llevado a un campo de concentración junto a su hijo, quien es engañado a partir de un juego: ganará si no se deja ver por los oficiales nazis. En este delicado punto se encuentra esta novela, en ese placer semejante al humor que te hace preguntarte qué es lo gracioso; o que te hace pensar, “es chistoso, no sé por qué”.

Esta novela tiene algo peculiar; su protagonista no es especialmente simpático, es un hombre sin mayores atributos, distanciado de su ex esposa, y con serios problemas de comunicación con sus hijos; su afán por asimilarse a la tradición judía puede parecer patético o simplemente ridículo para el lector. Su sentido de la lealtad tampoco es notable… en caso alguno estamos frente a un héroe en el sentido novelesco. Y sin embargo, es a través de su boca que nos enteramos de una serie de episodios, meticulosamente documentados. La narración dedica varios párrafos a repasar ataques antisemitas: en Venezuela (en Caracas quince hombres armados ataron a un guardia de seguridad e irrumpieron en la sinagoga, destrozando todo, rayando con graffitis antisemitas las paredes), Argentina (cementerios judíos profanados), Canadá, Francia (en Fontenay-sous-Bois un hombre que llevaba un collar con la estrella de David fue apuñalado en la cabeza y en el cuello), Alemania, Inglaterra (en Manchester, un hombre de 31 años fue golpeado por una banda que gritaba ‘por Gaza’), etc, etc, etc.

Estas noticias son ponderadas con observaciones cotidianas, del estilo: “A cierta edad los hombres empezaban a encogerse, y sin embargo, era precisamente a esa edad cuando sus pantalones se hacían demasiado cortos para sus piernas. Explica eso”. O, al referirse a la mujer judía: “Eso era ser judía… Una mujer judía era una mujer que incluso transformaba la puntuación en algo cómico”.

Sin duda, hay algo complicado en este libro. No se trata de un manifiesto judaico o una reivindicación sionista, o un recuento llorón de las desgracias que ha sufrido este pueblo. Lejos de eso, la novela de Jacobson interpela lo que se entiende como identidad judía, con el afecto que se puede sentir hacia ella, así como con el rechazo. Una de las secciones realmente ingeniosas ocurre cuando Julian navega en la web y encuentra a un judío arrepentido que tiene un blog que registra sus intentos de regenerar su prepucio. En otros momentos, leemos enunciados que parecen callejones sin salida. Como dice uno de los personajes: “Tienes que nacer judío, ser criado como judío para ver las manos de los judíos en todo. Eso, o nacer como nazi y ser criado como nazi”.

El caso Finkler es un libro interesante, y el hecho de que haya obtenido el Booker es una muestra de la complejidad que la novela contiene, pues más allá de los estereotipos que proyecta, la narración cuestiona qué entendemos por identidad y cómo esta puede cambiar. Qué entendemos por exclusión y discriminación. Y se pregunta también dónde encontramos la sabiduría y la madurez; qué son la amistad y la pérdida. Parece una buena idea enfrentar estos temas con un poco de humor, ¿no?

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El caso Finkler

Howard Jacobson
Bloomsbury, 2010

El caso Finkler (The Finkler Question) está disponible en Amazon

Un comentario

  1. Vele dice:

    qué genial reseña! el libro sin duda vale la pena de leerlo y aquí se abordan las razones del porqué. enhorabuena al reseñista.

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