Revista Intemperie

SANT(iago) se lee como collage

Por: Juan Pablo Vilches
sant

La ciudad de Santiago se merece una historia viva y SANT, de María José Navia, viene a ofrecer un buen mapeo o collage de las historias que se intersectan entre sus calles, opina Juan Pablo Vilches. 

 

Santiago no es Paris ni Nueva York, por lo que estamos muy lejos de tener nuestro propio “Paris Je T’Aime” o nuestro “New York, I Love You”. Sin embargo, a falta de una Torre Eiffel, tenemos una Torre Entel, y de un Puente de Brooklyn tenemos un Puente Loreto. Y es que bajo el smog que cubre y ensucia nuestra ciudad también se tejen historias que esperan ser contadas, historias que escapan lo ordinario, y, por sobre todo, historias que ya era hora que alguien se decidiera a contar.

Así es como se construye SANT, la primera novela de la joven escritora María José Navia, como la voz “de todos los que un día tuvieron algo que contar”, como reza uno de sus epígrafes, tomado de una canción de Santiago del Nuevo Extremo dedicada a la capital.

Dividida en tres partes, SANT escapa de lo lineal y lo estático, y en su construcción misma se acerca más a la técnica del collage que a la de una novela en sí. SANT funciona como un palimpsesto, en donde una historia se escribe sobre la otra. Y es así como se tejen los encuentros y desencuentros de los personajes que configuran este collage de Santiago, donde las imágenes se superponen, pero aún así logran generar una unidad que se entiende como un todo. Y para hablar de una novela collage, se ha de hablar en collage.

Por un lado está Emilio, vestido de Santa Claus y sobrevolando Santiago en un globo aerostático fucsia (“Ground control to Major Tom”). Emilio que es el hermano de Daniela, quien busca escribir la mejor guía de Santiago (“El metro de la ciudad tiene distintas líneas. Como una canción, como una novela, como un poema. Son pocas líneas en realidad, Como un haiku”). Emilio y Daniela que son amigos de Sant, el personaje que da título a la obra, y juega un poco a ser la personificación misma de la ciudad (“A Sant le encanta desafiar a la gente, poner pruebas, poner a prueba”). Sant que trabaja en una heladería con Ernesto, con quien se juegan la vida apostando sobre la vida de sus clientes, construyendo microcuentos dentro de la novela misma. Y Ernesto que es compañero de Florencia, la chica del iPod, que “camina por la ciudad, escuchando música. No sabría hacerlo de otra manera. Es la única forma en que la ciudad se vuelve suya”. Florencia que sigue al profesor Allen, un académico atormentado por el pasado y por la vida académica misma, atormentado por el recuerdo de Mariana, la profesora de colegio quien escapa de su futuro, y decide viajar al pasado. Mariana, con sus 5 libros de supervivencia, y que alguna vez fue amiga de Francisco, quien anda en busca del beso perfecto. Francisco que se encuentra con Daniela, etc.

En medio de este caos de historias, que refleja la forma en que se construye la ciudad misma, a veces SANT funciona para el lector como un mapa, que ofrece una vista panorámica de la ciudad, y en el cual los personajes aparecen como pequeños puntos a los cuales es necesario seguirles el rastro. Por cada página se dibuja una nueva línea que marca el recorrido de estos singulares personajes, líneas que se intersectan, y que a veces se pierden para luego volver a aparecer. Se va dando forma así  a un viaje de velocidad apresurada, que se hace de una narración simple y ágil, donde los límites entre cada historia resultan ser cada vez más borrosos a medida que la novela avanza.

Y si la ciudad se entiende como un collage, donde es imposible no generar conexiones, imposible no relacionarse con otros, o con la ciudad misma, SANT funciona como tal en su estructura. Así es como en medio de la narrativa nos encontramos con vistas a correos electrónicos, estados de Facebook, o @S_a_n_t. O también imágenes que nos presentan a Santiago como un juego de mesa, y a sus protagonistas como las fichas del mismo. O páginas en blanco que desconciertan al lector. Un extracto sobre Santiago obtenido de una guía turística real, a modo de contraste con las notas de Daniela, que se cuelan en medio de la narrativa como reflexiones de la ciudad, como un vistazo para el lector a las libretas y cuadernos de Daniela, el cual  que nos entrega líneas notables (“Y la ciudad se cierra sobre ella. El mapa cada día más lleno de puntos rojos, infectado por la enfermedad de la memoria. Y las calles se vuelven casi todas callejones sin salida”), o a modo de contraste con la novela misma.

Tal como sus predecesores de Santiago del Nuevo Extremo, SANT juega a ser una oda a la ciudad y, a veces, hasta una anti-oda, en un Santiago que parece estar siempre a medias, nunca totalmente perfecto, como si algo siempre faltara, esa pieza, ese “IAGO” que la autora prefiere omitir.

A pesar de su abundancia de historias, que a veces marean o se pierden en otras, como callecitas pequeñas contra avenidas principales SANT es una novela refrescante, que se disfraza de novelita light para, entre medio de sus coloridas historias, poner en discusión la memoria nacional y el patrimonio urbano, ubicando a la ciudad misma y las historias que se traman en sus calles uno de los grandes patrimonios de Chile.

Y si aún no tenemos nuestro “Santiago, Te Amo”, ya tenemos “SANT”, una novela collage que desafía el turismo estático y promueve nuevos recorridos, donde la historia no está escrita sino que se escribe a través de múltiples historias, tejidas a partir de casualidades y de coincidencias. Es, esta primera novela de María José Navia, por sobre todo, una novela que nos muestra esas historias que esperan ser contadas.

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SANT

María José Navia
Santiago, Incubarte editores, 2010

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