Revista Intemperie

Santiago 2011: diario físico de un viaje

Por: María José Contreras Lorenzini
santiago

Los espectadores recorren a pie lugares emblemáticos de nuestra ciudad, de eso se trata Santiago 2011: diario físico de un viaje. María José Contreras se conmovió con esta obra que hace eco en el ciudadano común, o sea, en cualquiera de nosotros. 

 

Santiago 2011 propone un viaje poético a los rincones más recónditos y a la vez emblemáticos de nuestra identidad. Un trabajo conmovedor, plagado de alusiones a la “chilenidad” que invita a recorrer nuestra memoria, nuestros lugares, nuestros oficios, en fin, nuestra gente. Con un tacto y sensibilidad artística admirables, el trabajo de Virgilio Sieni capta algo muy sutil que apenas se devela a suspiros. Cuatro lugares emblemáticos del Centro de Santiago se transforman para acoger cinco “escenas” (o “estaciones”), cada una de las cuales es protagonizada por performers que no son ni bailarines ni actores, sino gente que realiza oficios típicos de nuestro país.

La primera estación es la Ex Vicaría de la Solidaridad,  lugar paradigmático de la violencia y represión de la dictadura militar. En este lugar vemos a cuatro arpilleras que con gestos simples se desplazan, manipulan los hilos y apenas nos miran, lo que constituye una directa alusión a estas mujeres que durante los primeros años de la dictadura utilizaban su arte para narrar su dolor. Esta estación, como las que seguirán, es conmovedora: aquí no caben las palabras, las coreografías, los textos teatrales, sino que basta ver la simpleza del movimiento de cuatro mujeres y mirar en sus ojos para encontrar algo que va más allá de la representación, que se acerca a la belleza de la cotidianeidad.

La segunda estación se vincula irremediablemente con la primera puesto que se realiza en los Tribunales de Justicia. El edificio es imponente, el silencio contrasta con el ajetreo diurno, parece un lugar abandonado que, sin embargo, hace pocas horas estaba plagado de hombres con corbata. En este lugar, un hombre delgado se desplaza por una cancha de rayuela, juego tradicional de nuestro país presente desde la colonia. Aquí también sucede. Algo misterioso se trasmite a través de la mirada de este hombre que no actúa ningún estado emocional particular, sino que simplemente ejecuta algunos movimientos. La música, la especialidad y el eco del lugar, confabulan para crear un efecto simplemente bello.

Justo cuando pensaba que ya las dos estaciones anteriores valían la pena por el montaje me sorprendo con la tercera estación. En un piso inferior de los tribunales, lleno de humo, apenas vislumbro siluetas en movimiento. De a poco emanan de estas tinieblas mujeres mayores con bailarinas que juntas realizan simples coreografías. Aquí el mensaje es menos alusivo y más evidente: esta estación habla (siempre sin palabras) de la transmisión, de la memoria. Es tal vez lo que más se acerca a la “danza” y, por tanto, se desplaza un poco respecto a los dos episodios anteriores. Sin embargo, el efecto aquí no es menos conmovedor.

La cuarta estación es en una sala de la Cámara de Diputados. En ella, Mario Araneda, artesano de la madera, nos comparte su oficio. Aquí aparece la palabra poética, recitada con una verdad y musicalidad que ya quisiera cualquier actor. Araneda comunica,  porque lo que dice se condice con él (valga el juego de palabras). La representación siempre escasa en las estaciones anteriores, termina por derrotarse y nos conmovemos con la ternura de alguien que ama la madera, ama su oficio.

La última estación es en el edificio de Correos de Chile. Aquí la presencia se hace toda masculina: cuatro canteros con cascos y herramientas trabajan la piedra. Los martillazos retumban en mi pecho, lo escénico se retira, casi con vergüenza, para dejar hablar a la belleza de la maestría del trabajo sobre la piedra.

Lo que se podría mejorar de Santiago 2011 es el engranaje de los episodios con las guías del grupo. Ellas son chicas de la organización del Festival que con buena voluntad nos dan instrucciones y nos indican cuándo ha terminado cada una de las estaciones. Su presencia es un poco disruptiva, creo que no era necesario que indicaran el fin de las estaciones o que se cruzaran en los espacios para “acelerar” la movilización. Esto debido a que aquí, como todo viaje, también necesitamos un poco de tiempo para procesar antes de seguir camino.

Santiago 2011 nos invita a realizar un viaje que resuena en nuestra memoria colectiva, pero también en nuestra individualidad. Este viaje me evocó recuerdos de mi infancia, de mis abuelas, de los lugares de la ciudad que ya no están. Y esto gracias a la composición de Sieni que atrapa y a la vez transforma el tiempo y el espacio de nuestro Santiago, el que fue y el que es ahora en este 2011. Pero el mérito sin duda no solo es de Sieni, recae principalmente en el excelente trabajo de los performers quienes con generosidad y honestidad deciden “compartirse” con nosotros.

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Santiago 2011: diario físico de un viaje

Dirección: Virgilio Sieni
Asistente Artística: Sara del Corso
Performers: Cecilia Salazar, María Madariaga, Galdys Hernández, Ana Salazar, Servando del Carmen Vicencio Urrutia, Yolanda Nardi, Filomena Lancillotti, Eliana Rojas, Valentina Cabello, Yeimi Navarro, Carolina Marín, Antonia Taibo, Kamille Gutiérrez, Mario Araneda, Luis Covarrubias, Gastón Valenzuela, Jaime Díaz, Amarildo Pérez.
Esta obra se presentó exclusivamente los días 17, 18, 19, 20 y 22 de enero.
El recorrido comenzaba en la estación de metro Plaza de Armas.
Foto: Stgo a Mil

Un comentario

  1. anamaria dice:

    quería saber y tal vez presionar, para que se vuelva a dar esta puesta en escena…encontré sumamente interesante y atractiva la propuesta
    Anamaria Arriagada

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