Revista Intemperie

Las maravillas del arte rupturista que no todos podemos entender

Por: Paula Peña Rozas
ensayo

Paula Peña fue a ver Ensayo Hamlet, una re-escenificación del clásico texto, esta vez en clave posmoderna, con recursos audiovisuales y efectos especiales, pero quedó con la sensación de que las vanguardias a veces pueden resultar vacías.

 

Las obras que hablan de sí mismas no son ninguna novedad. A comienzos del siglo XX surgieron trabajos brillantes que se atrevieron a hablar de sí mismos, por ejemplo, muchos cuentos de Borges o el texto dramático Seis personajes en busca de autor de Pirandello. Sin embargo, casi cien años después, el recurso se ha gastado, y a estas alturas se ocupa en muchos casos solo por posar de rupturista. Cuando esto pasa en el teatro, el espectador se siente obligado a reírse con los elevados chistes de la escena, a mostrarse sumamente embobado con el argumento y a levantarse de su asiento para aplaudir con ganas una obra genial, como pocas veces se ha visto. Esto pasa en Ensayo Hamlet de la compañía brasileña dos Atores, la misma que trae a Chile Bait Man, Tal vez y Apropiación.

La puesta en escena recrea a una compañía de actores que se encuentra ensayando Hamlet de Shakespeare. Entonces, la obra transcurre entre escenas en que los actores aparecen representando la obra y otras en que están preguntándose cómo interpretar a los personajes y cómo abordar el texto. Si bien, no vemos aquí la trama completa de la historia de Shakespeare, sí se nos presentan en orden cronológico los momentos más importantes de la historia: la aparición de la sombra del rey, la locura de Hamlet, la muerte de Ofelia y el trágico final plagado de muertes, entre otras. Cada una de ellas aparece mezclada con las reflexiones de actores que intentan abordar y comprender este texto clásico del teatro.

Sin embargo, la puesta en escena no privilegia la reflexión sobre el teatro que, supuestamente, es lo central de esta obra y en cambio, pone en primer plano el uso de múltiples elementos en el escenario que no parecen tener sentido, distraen y a ratos simplemente molestan. Agua sobre el personaje de Ofelia para graficar su muerte por ahogamiento; muchas velas encendidas mientras se aparece la sombra del fallecido rey de Dinamarca; tenedores sobre la cabeza de Claudio que simulan la corona de rey; flores, tierra, pelotas, entre muchos otros. Finalmente, estos recursos no aportan ningún sentido nuevo a la puesta en escena (que caiga agua sobre Ofelia, por ejemplo, es simplemente redundante), entonces funcionan como adornos cuya única función parece ser crear un espectáculo visualmente llamativo, que nos recuerda las batallas a pastelazos del “Chavo del ocho”.

La alusión al teatro dentro del teatro es una constante en la obra: es un ensayo y los personajes son actores interpretando a otros personajes. Sin embargo, se insiste en remarcar esto incluyendo en un momento de la obra a un actor con una cámara de video participando de la escena y a la vez grabando lo que sucede en ella, imágenes que son proyectadas en una pantalla de televisión que ha estado todo el tiempo sobre el escenario. Esto, además de insistir (majaderamente) en eso de que “la obra habla de sí misma”, no aporta nada que ya no sepamos, aunque es innegable que se ve bastante “vanguardista” y ese parece ser su único sentido.

De esta forma, la obra termina por convertirse en un espectáculo (quizás “circo” es la palabra más exacta) compuesto de diversos elementos que vuelan por el escenario y que los actores manipulan de allá para acá, a veces lanzándolos, otras hablándoles, otras simplemente cargándolos de un lugar a otro y las menos de las veces usándolos para aportar un significado a la puesta en escena. Entre ellos, destaca la aparición de dos muñecos inflables de los conocidos “Power Rangers” que representan a Rosencrantz y Guildenstern, recurso que, si bien, parece  maravillar a un sector del público que celebra con aplausos y risotadas, resulta más bien un guiño frívolo a una suerte de posmodernidad vacía, hecha de monitos animados y personajes de ciencia ficción.

Todo esto, por supuesto, con el objeto de reflexionar sobre el texto de Shakespeare (aunque a estas alturas, ese texto ya es un número más de este circo) que parece ser la excusa para hacer un teatro que se precie de “experimental”, que “se piensa a sí mismo” y que es “vanguardista” cuyo objetivo parece ser cuestionar y releer un clásico, pero que en realidad no hace más que abusar de recursos posmodernos para montar una obra vacía en su sentido, que no constituye una nueva lectura del clásico Hamlet y aporta muy poco a las reflexiones sobre el hecho de hacer teatro.

Aunque claro, la gente aplaude, sonríe, desliza comentarios grandilocuentes al salir de la sala (algunos hasta se abrazan como felicitándose) y entonces, siempre queda la sensación de que el cerebro de uno es demasiado pequeño para comprender las maravillas del arte que va “a la vanguardia”.

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Ensayo Hamlet

Director General: Enrique Díaz
Director Asistente: Mariana Lima
Asistencia de dirección: Daniela Fortes
Compañía: Cía. dos Atores
Esta obra se presentó exclusivamente el 15 y 16 de enero en la Sala Universidad Mayor.
Foto: Stgo a Mil

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