Revista Intemperie

“Mundo, vida, amor y muerte”

Por: Rodrigo Marín Matamoros

Rodrigo Marín fue a ver Amado mío, obra basada en la novela del cineasta Pier Paolo Pasolini, y alabó la economía de recursos con que el montaje muestra el amor de dos hombres en tiempos de guerra.

 

Basada en la novela homónima del poeta, intelectual y cineasta italiano Pier Paolo Pasolini, Amado mío, a cargo de la compañía eslovena Mladinsko, trata de la condena implícita que cae sobre el personaje de Pasolini y su amor por un joven campesino adolescente a quien le hace clases de teatro en el pequeño pueblo de Friul, en el norte de Italia, en pleno horror de la Segunda Guerra Mundial.

Amado mío, que a ojos de una parte de la prensa nacional, sea probablemente la obra más polémica de la actual versión del Festival Santiago a Mil, se presenta de manera sobria y sin el escándalo evidente que el lector podría esperar previa lectura periodística. Dos actores protagonizan este montaje basado en la novela escrita en 1962 pero publicada de forma póstuma en 1982, siete años después de la trágica muerte de su autor. La obra se mueve en un espacio domiciliario mínimo, campestre, pero que representa el bienestar único de encontrarse resguardado de las bombas en un cuarto que alberga la esperanza de una vida más allá de la guerra. La escena se centra alrededor de una cama hecha de gruesas vigas de madera, que sirven de mesa y escenario a la hora de que profesor y alumno cenen bajo la tenue luz de la noche o ensayen el montaje de una curiosa obra sobre la lucha que libra un cazador para someter a su presa.

Son estos felices momentos, cuando enarbolan pequeñas canciones y ejercicios teatrales, y que el público goza entre risas y silencios, los que rompen la crudeza de la guerra y acercan a los personajes en una amistad que los atormenta debido a que rebalsa los límites de lo permitido: un adulto enamorado de un menor del mismo sexo.

A estos instantes de felicidad, se suma la intención del primerizo profesor que con solo veintitantos años desea entregarle algo más al adolescente que cuida y desea tratando de asegurarle que lejos, más allá de la guerra, en Roma, los esperan un mejor destino, juntos, donde la educación solo hará brotar lo mejor de él.

Recordando los brutales tiempos de postguerra y con una economía en clave neorrealista, los actores manejan ellos mismos el sonido y la iluminación sin que se pierda la continuidad del relato. En un momento de la puesta en escena, se proyecta sobre sus cuerpos “Gilda”, película pasional de intriga, donde Rita Hayworth canta “Amado mío” mientras realiza uno de los sugerentes strip-tease, que la llevarían a convertirse en una de las primeras “sex symbol” de la historia del cine. Los movimientos de la actriz son seguidos graciosamente por los torsos de los personajes, lo que les permite adquirir toda la sensualidad que desborda la mujer. En un inteligente juego de traspaso de códigos, Gilda reúne la idea de belleza, sensualidad y muerte, esta última sobre todo si recordamos el bautizo de la bomba atómica con el nombre de Gilda por parte de Estados Unidos, hecho que inaugura los ensayos nucleares post Hiroshima y Nagasaki en 1946.

Amado mío, propone una puesta en escena franca y trágica, donde el amargo deseo de la pasión culpable se transforma en belleza bajo el estruendo de bombas que azotan el pequeño pueblo. Los miedos y las felicidades casi infantiles de estos dos personajes se nos muestran aquí con un rigor que logró encantar al público presente a esa hora calurosa en la Sala Agustín Siré. Una obra que llega desde Europa del este y que polemiza con un sistema cultural dominante -actitud coherente con el discurso de Pasolini- y que pone el acento en la desgracia cotidiana de homogeneizarlo todo, lo popular, lo intelectual, la vida y la muerte.

 

Amado mío

Dirección: Ivan Peternelj
Dramaturgia: Pier Paolo Pasolini
Compañía: Mladinsko
Elenco: Blaž Sef, Iván Peternelj
Esta obra se presentó exclusivamente los días 20, 21, 22 y 23 de enero en la Sala Agustín Siré.
Foto: Stgo a Mil.

Un comentario

  1. Pablo dice:

    Este crítica captura la pasióntrágica de Pasolini, especie de Cristo irredento del siglo XX que buscó inutilmente para él, pero fecundamente para su público, una liberación a su agonía a través del arte

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