Revista Intemperie

Evitando la “cara de cumbia de fin de año”

Por: Paula Peña Rozas
cumbia

En Dios es un lujo, el discurso de tres prostitutas detenidas sirve de emblema para una sociedad lacrada por la injusticia social, dice Paula Peña, que valoró la crudeza de la representación.

 

Tres prostitutas encerradas en un calabozo, esperando: esta imagen se mantiene durante el desarrollo de Dios es un lujo, obra dirigida por Rodrigo Soto y escrita por él mismo en conjunto en con Gopal Ibarra, y que se está presentando ahora en el Festival Santiago a Mil.

La Flaca, la Rocío y la Chesca son las tres mujeres que inauguran la acción dramática, quejándose del encierro, esperando con ansiedad ser liberadas, cuestionándose el camino que han seguido y  analizando la posibilidad de estudiar algo, y terminan preguntándose por la existencia de Dios, ese que para la Chesca y la Rocío es la única esperanza de salir.

Pero ¿salir de dónde? Del calabozo, pero sobre todo de la injusticia, la falta de oportunidades, la indiferencia social y, por tanto, de una vida que obliga a luchar por tener lo mínimo, a toda costa. Sí, porque el calabozo que muestra Dios es un lujo representa un encierro físico y a la vez simbólico, en el que están atrapadas estas prostitutas a las que, al parecer, no les ha quedado otra opción que usar su cuerpo para ganar dinero, aunque reconocen que muchas veces no quisieran hacerlo. Porque estudiar no tiene sentido en un país en que “el chancho ya está repartido” como señala la Flaca, a propósito del paso de Rocío por un Instituto de Educación Superior del que salió sin terminar de estudiar nada. Y es la misma Rocío quien relata haber soñado una vez que le iba bien en la vida, pero lamentablemente despertó. Así, recién despertadas de este sueño, tratando de avanzar a codazos entre la gente, están las tres mujeres que sienten que les ha ido mal en la vida, que no pueden disfrutar de nada, que lamentablemente les tocó vivir del lado en que se está desprotegido, limitado y en suma, encerrado.

Es precisamente el hecho de sentir que les ha ido mal en la vida, la razón por la que la Chesca y la Rocío creen en Dios, y la misma por la que la Flaca no cree. Para ella “Dios es un lujo” uno más de todos los que gozan aquellos que están del otro lado, los que, desde que nacen, tienen asegurada su “parte del chancho”, aquellos que –a diferencia de ellas– sí han tenido acceso a educación, a trabajos dignos, a comodidades, a buenos tratos y a la aceptación y beneficios por parte de la sociedad.

Los diálogos, crudos y directos, que recrean el lenguaje marginal -incluyendo las groserías y algunos términos propios del habla popular- sumados a una puesta en escena que se pone en pie sin mayores alardes, logran construir una obra limpia, que dice lo que se propone de manera clara, sin rodeos innecesarios. En este sentido, el mensaje del encierro como representación de la falta de oportunidades y la injusticia, va desplegándose de forma cada vez más efectiva a medida que la obra avanza, constituyendo el aspecto más destacado de la misma. A esto hay que agregar el humor que tiñe los diálogos en reiteradas ocasiones y que permite ampliar los matices y el rango del discurso, rehuyendo representar la prostitución desde una óptica exclusivamente lastimera y victimizante.

Con todos los méritos mencionados, hay un elemento que se echa de menos: la toma de posición ante el discurso que propone. La obra construye la realidad de la prostitución y con ello, la de la injusticia social en general, pero evita emitir un juicio acerca de lo mostrado. Nadie duda de que la situación planteada es injusta, pero considerando esto, ¿nos parece legítimo que exista?, ¿se justifica la violencia ejercida en contra de estas mujeres o es una forma de maltrato gratuita? Estas preguntas quedan dando vueltas, como para que el espectador intente contestarlas.

Dios es un lujo es una obra que funciona muy bien, está perfectamente construida, logra lo que se propone (retratar la injusticia social) y nos invita a mirar aquello de nuestra sociedad que muchas veces no quisiéramos ver. En otras palabras, nos insta a no vivir con “cara de cumbia de fin de año”, como dice Sandro, el travesti que se suma a compartir el calabozo con estas tres prostitutas, quien usa esta expresión para retratar la indiferencia de los peatones que ven cómo los Carabineros lo toman preso en plena calle.

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Dios es un lujo

Dirección: Rodrigo Soto
Dramaturgia: Gopal Ibarra y Rodrigo Soto
Elenco: Aliocha de la Sotta, Viviana Basoalto, Cecilia Herrera, Juan Pablo Miranda, Mónica Ríos.
Duración: 1 hora
Funciones: 11, 12, 13, 14, 15, 16, 18, 20, 21, 22, 23 a las 22:00 horas
Lugar: Teatro El Puente, Parque Forestal s/n
Foto: Stgo a Mil

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