Revista Intemperie

Un placer culpable

Por: Paula Peña Rozas
beber

Paula Peña se sorprendió con los recursos cinematográficos que han hecho famosa a la compañía ‘Teatro Cinema’, pero considera que el argumento de El hombre que daba de beber a las mariposas, resulta demasiado fácil y pedagógico como para provocar una conmoción mayor.


Luego de estrenar Sin Sangre (2007), la compañía Teatro Cinema volvió al ruedo en julio de este año con El hombre que daba de beber a las mariposas, montaje que, al igual que el anterior, ha dado que hablar, más que nada por la utilización de recursos propios del cine (se intercalan imágenes digitales con la escenografía tradicional del teatro), que convierten a estas obras en una suerte de producto intermedio entre el cine y el teatro. Si bien, estos recursos son novedosos, no son precisamente inéditos en los escenarios nacionales. Ya en los ochenta, Ramón Griffero había hecho algo similar en Cinema Utoppia (1985), obra en que se veía a los actores moverse por distintos planos, aludiendo al recurso cinematográfico de la profundidad de campo. Y si bien es cierto que el trabajo de Griffero no utilizaba tanta tecnología como el de Teatro Cinema, sí al menos es la prueba de que esto no es un espectáculo inédito. Me detengo en esto, no para quitarle mérito al trabajo de Teatro Cinema, (no porque no sea el primero en su tipo es menos valioso) sino simplemente, para situarlo en el contexto del teatro chileno.

Como era de esperar, lo primero que sorprende en este montaje es la utilización de ciertos recursos del cine. A través de ellos la obra se permite contar varias historias paralelas, de manera bastante fluida. Está en primer lugar la historia de Filippo, el personaje del hombre que daba de beber a las mariposas siguiendo una ancestral y olvidada tradición, llena de simbolismo, que representa la vitalidad. Está por otra parte la historia de Juan, un cineasta que se encuentra filmando su última película y que inesperadamente debe volver a encontrarse con Mariana, un antiguo amor, quien está a punto de morir. Y por último está la historia de amor contada en la película, sobre un caballero y su dama, personajes que son interpretados por los actores contratados por Juan, llamados Franco y Elisa. Todos estos personajes se encuentran en una plaza a los pies de la estatua de la dama y el caballero; este encuentro funciona como el núcleo que desencadena las tres historias.

Además de otorgar los medios para contar varias historias a la vez, los elementos técnicos permiten a la compañía utilizar ciertos “efectos” (no quiero decir “efectos especiales” aunque mientras los veía me parecía que lo eran) que sorprenden y encantan. Por ejemplo, se puede ver a dos personajes cayendo al vacío, como si uno estuviese arriba y no frente a ellos; o se los puede ver caminando de perfil, de frente o desde atrás, sin que el espectador cambie su posición, tal como sucede con el cine y sus distintas tomas y planos. Esto crea la sensación de estar “dentro” de la obra a tal punto que es posible que uno reviva esas sensaciones infantiles, experimentadas, por ejemplo, al usar lentes 3D para ver un libro en que las imágenes parecían tocarte o cuando íbamos al Planetario y sentíamos como si realmente estuviéramos en el espacio, al lado de los planetas y demases cuerpos celestes.

Sensaciones pueriles aparte, es necesario decir que los recursos técnicos utilizados en la obra se justifican solo parcialmente. Si bien es cierto que permiten armar una narración no lineal, llena de saltos en el tiempo y en el espacio, también es cierto que la misma historia podría narrarse sin tantos efectos que tienen un rol más cosmético que de fondo.

En cuanto al texto, tenemos una historia que cae constantemente en el cliché y, a ratos, en un tono pedagógico que no es agradable (a menos que uno busque ir al teatro para ser sermoneado o algo parecido). La figura de las mariposas es utilizada como una efectiva metáfora de aquello que nos anima a seguir viviendo, aun cuando la vida se nos presente adversa en diversas ocasiones y de múltiples formas. Y eso que nos inyecta vitalidad sería el amor, según lo plantea el personaje de Filippo. Esta idea es el núcleo central de la narración y actúa como la costura que enlaza las tres historias que la componen.

Desde este punto de vista, el texto está perfectamente armado: resulta coherente, lógico y verosímil. Sin embargo, tiende a la emoción fácil en muchas ocasiones; por ejemplo, al presentar a Juan, un hombre que luego de años, es llamado a reencontrarse con Mariana, un antiguo amor (quizás el único y el más importante de su vida), quien ahora se encuentra en estado vegetal y está punto de ser desconectada del respirador artificial que la mantiene viva; o bien cuando Filippo recuerda los momentos felices vividos junto a su mujer, la que falleció en una trágico accidente. La mayor parte de la obra está compuesta de este tipo de situaciones un tanto idealizadas, pero que no muestran una dimensión más real del amor, a saber, lleno de fallas y eventos no siempre tan agradables. A pesar de que el mismo personaje de Filippo señale en algún momento de la obra que “el amor está plagado de errores”, pareciera que la narración quisiera demostrar justo lo contrario.

En suma, esta obra es como un buen best seller: tiene una historia perfectamente armada, en la que nada queda al azar y que está plagada de situaciones que, fácil y seguramente, emocionarán al espectador. Pero como todo buen best seller, hay que decir que la historia es más bien superficial, y tiende a idealizar tanto a los personajes como las relaciones que establecen. Puede, por tanto, encantar al público masivo y confieso que la disfruté, pero mientras lo hacía, me sentía como gozando a escondidas de una canción de Luis Miguel. En conclusión, esta obra es como un placer culpable.

 

El Hombre que daba de beber a las mariposas

Guión original Teatro Cinema: Juan Carlos Zagal, Laura Pizarro, Dauno Tótoro
Dirección general: Juan Carlos Zagal
Elenco: Laura Pizarro, Juan Carlos Zagal, Bernardita Montero, Cristián Garín, José Manuel Aguirre
Producción general: Teatro Cinema
Coproducción de Compañía Teatro Cinema y Fundación Teatro a Mil, FITAM
Fechas: 12, 13, 14, 15 y 16, 20:30 hrs.
Lugar: Teatro Municipal de las Condes, ubicado en Apoquindo 3300
Foto: Stgo a Mil

Un comentario

  1. Pato Mena dice:

    Como si Coelho hiciera un videojuego para 16 bits. Se marearon con la técnica, ojalá para la próxima demuestren por qué están en la primera línea del teatro chileno. Al fin leo un artículo que refleja lo que realmente se vio (y en su momento busqué mucho). Felicidades.

Deje su mensaje

Debes estarsuscrito para enviar un comentario.