Revista Intemperie

Julieta Marchant: lenguaje fluido

Por: Pablo Torche

Experiencia transformada en lenguaje es lo que se lee en Té de jazmín, lo último de la poeta Julieta Marchant. Inserta en el hostil escenario de discriminación a la literatura escrita por mujeres, Pablo Torche cree que la poesía de Marchant permite olvidar ese prejuicio y logra deslumbrar.

 

Hace poco se planteó en esta revista la pregunta por la discriminación de la literatura femenina y aunque no tuve oportunidad de participar en el debate, abro esta crítica con un intento de respuesta, referida al menos al ámbito de la poesía: sí, creo que se discrimina la poesía escrita por mujeres, y no solo en términos de publicación o difusión, sino a un nivel más profundo, como un lenguaje o sensibilidad particular, la cual tiende a marginarse, amordazarse. Se sospecha en general de las voces líricas que hablan desde un sujeto explícitamente femenino, en especial cuando abordan de manera directa la sensualidad y sexualidad, y se recela aún más cuando esto se hace a través de un lenguaje expresivo y espontáneo, que aborde de manera directa la piel, el cuerpo, los sentimientos. Lo que ha venido a privilegiarse, en cambio, es una poesía contenida, escéptica, a-sentimental (si se me permite el neologismo para tratar de expresarme en este difícil terreno), que falsa o hegemónicamente se asocia con un supuesto pathos de masculinidad. Se deriva así en una poesía a veces hermética, racionalizada, sin mucho espacio para la expresión de sentimientos, donde mientras más lejano o difuso sea el vínculo con una experiencia palpable, más fácilmente poético parece. Y me apresuro a aclarar, en prevención de alguna falacia retórica, que esto no significa que toda la poesía hermética y racionalizadora sea fallida ni, desde luego, que aquella más expresiva o sentimental sea siempre de calidad, ya sea escrita por hombres o por mujeres. Tan solo he pretendido articular una opinión en torno a ciertas tendencias generales que permiten dibujar el escenario de la poesía actual.

Es en este escenario en el que se inserta la poesía de Julieta Marchant (Santiago, 1985), que recurre al ensayo y a la fluidez del lenguaje como su principal herramienta expresiva. La propuesta emergió con éxito en Urdimbre (Inubicalitas, 2009), su primer libro, alabado por la crítica, y ahora vuelve a aparecer con claridad en Té de jazmín (Marea baja, 2010), un solo poema largo de unos 250 versos en el que Marchant explora una sensibilidad que funciona por espontaneidad, o por derroche, y que parece buscar en todo momento una forma cada vez más apropiada de decir, de decirse.

En este sentido, la voz lírica de Marchant parece en algún grado subsidiaria del lenguaje que inaugurara Virginia Woolf en Las olas, en particular a través del último y canónico monólogo de Bernard, en el que la desesperada búsqueda interior del sujeto parece hallar finalmente un hogar solo en el fluir constante de las aguas. Ochenta años más tarde, los caminos que abriera la escritora inglesa, (trágicamente suicida al arrojarse a las aguas del río Ouse en 1941) se demuestran todavía vivos y fecundos. Su tránsito es de todas formas arriesgado, pues derrapa con facilidad en el exceso o simplemente en lo literal; pero allí donde otros más experimentados han zozobrado, la poesía de Marchant  parece salir airosa. Bordeando a veces la escritura automática e incoherente, a veces un yo demasiado insistente o machacante, Té de jazmín logra construir finalmente una voz que resulta plenamente apropiada para la experiencia que se propone transmitir.

Los temas del poema, que aparecen difusamente articulados en la forma de recuerdos, están centrados principalmente en lo corporal, en particular en torno a la pregunta respecto de qué siente el cuerpo y la carne, y cómo puede darse una respuesta o hacer sentido de esa sensibilidad. Pero el poema no se detiene en el desgarro o en el trauma sino que se desgrana en un caudal de posibilidades, que son también una metáfora de ese amor recordado, que es a la vez pérdida y caída. El té de jazmín es entonces también el momento de este recuerdo, renuncia, y el lugar en el que confluyen y se aquietan todas las aguas:

“Tu casa ya no es tu casa, tu hogar acuario
dejó entrever el imposible jardín que alguna vez evocaste,
tragando tu té ansioso, entrampado en sus hojas que colaste lentamente”

En el recuerdo de este amor acabado, acaso malogrado, figuran de modo prominente las horas de sexo, a lo largo de tardes que todo lo inundan y que parecen fundirse con los sujetos (‘La cama era una isla entre océanos de espejos / proyectando las espaldas unas sobre otras’); el sexo como eje que es abertura hacia algo distinto en un entorno que se disuelve y difumina, falacia retórica también de un alma que se diluye como un torbellino:

“En medio de una pieza, y en su eje una cama, y al fondo el mar gris
de los espejos, su urdimbre ilusoria de espejos, su fiesta barroca,
y de nuevo la tormenta que desde la ventana seduce con su empuje.
Una tarde desovillo, este lenguaje rompeolas, las palabras
y sus geografías que son muelles o gestos de cercenar el mar”.

Pasan así entre las líneas de este poema el amor y el deseo, y las huellas que dejan en el cuerpo, a veces costras, buscando siempre la mejor forma de registrarlo por escrito. Té de jazmín es así, en el fondo, un ejercicio de reconocimiento, una búsqueda o travesía hacia aquel momento en que la experiencia se transforma finalmente en lenguaje. Y esta búsqueda se hace sin temor a equivocarse, a través de una voz poética que parece a gusto con la falibilidad del lenguaje, cómoda entre sus límites.

Sea esto un rasgo de lenguaje específicamente femenino (como han querido algunos autores teóricos desde hace ya varias décadas), o bien, que resulte injusto o, incluso, estigmatizador atribuir este rasgo a cualquiera de los dos sexos, el caso es que el ejercicio resulta logrado, el lenguaje parece inervado por la experiencia que se propone transmitir y Té de Jazmín constituye al mismo tiempo un aporte y un hallazgo.

 

Té de jazmín

Julieta Marchant
Santiago, Editorial Marea Baja, 2010

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