Revista Intemperie

Una piscola desvanecida

Por: José Ignacio Silva A.
aero

Luego de sorprender a la crítica con Misssing, Alberto Fuguet dejó a varios con ganas de seguir leyéndolo. Pero Aeropuertos, su última novela, tal como una piscola desabrida y tibia, frenó el entusiasmo de muchos, entre ellos, el de nuestro crítico José Ignacio Silva.

 

Harto alta dejó la vara Alberto Fuguet con su celebrado Missing, que uniformó casi a la totalidad de la crítica literaria local en un solo canto de alabanza ante lo que parecía asomar como el destape de un escritor que siempre da que hablar, pero nunca dio tanto para leer y, al mismo tiempo, aplaudir. Estos antecedentes abrieron el apetito lector de cara a Aeropuertos (Ed. Alfaguara, 2010), su última entrega, y lo que es su vuelta a la ficción que nos tiene acostumbrados Fuguet, o en otras palabras, la evidencia palmaria de que Fuguet no sólo recae en esa ficción desastrosa en la que parece definitivamente haberse quedado pegado, sino que consigue mandar a la porra todo lo bueno que empezaba a proyectar en Missing.

El libro trata sobre las vidas de Álvaro, Francisca y el hijo de ambos, Pablo (en rigor Pablo Honey, un tributo que Radiohead no necesita), a lo largo de un lapso que comprende la concepción del muchacho (mediante sexo quinceañero de desquite) por parte de los entonces adolescentes Álvaro y Francisca, y la milagrosa fuerza del cariño que surge entre el muchacho y su padre, que, muy a lo Marrón Glacé, se materializa en que el sufrido chiquillo llame por primera vez “papá” a su progenitor. En medio de todo esto, el niño nace, vive con la madre y la abuela en Vitacura, después llega a la adolescencia al alero de una madre sufriente y un padre ausente, intenta suicidarse, entre otras yerbas.

No es tan claro que se necesiten raudales de talento para construir ciertos personajes de los libros de Alberto Fuguet, lo que sí hace falta es paciencia o estómago para soportar las cotas de estupidez que pueden alcanzar los caracteres que circulan por Aeropuertos, sin contar lo insoportable que es tratar de navegar por el castellano a las patadas en el que escribe el autor de Mala onda, todo descuidado, telegramático, olvidado de la sintaxis, con términos noventeros o gringos que ya no pinchan ni cortan como cool, freak o la palabra “mal” usada en solitario y atildada; o los diálogos torpes en contenido y construcción (el abuso de los puntos suspensivos da cuenta de ello). Sin olvidar la insufrible manía del autor por nombrar y nombrar marcas y hacer placement (vicio muy a lo Easton Ellis, que más encima copian los desafortunados émulos de Fuguet, como Hernán Rodríguez Matte), al punto que es bien factible creer que el autor debe tener alguna especie de contrato con la farmacéutica que fabrica el ansiolítico Ravotril. Esto coronado por el tic escritural del autor: salpicar el libro de desabridas referencias pop cinéfilas y musicales.

Nos detenemos en los personajes, pobres víctimas de un destino cruel y destructivo como es el tener un hijo fuera del matrimonio en el deep Vitacura, como lo indica el cliché. Álvaro es un pelotudo de campeonato, Francisca no es más que una pobre, sola y pusilánime pájara, y su hijo Pablo es –cae de cajón- un pendejo malcriado. Ninguno despierta la más mínima empatía de tan insustanciales que son. Entre esta galería de maqueteados caracteres, hay también caídas feas, como por ejemplo Álvaro, que le recrimina a Francisca su deseo de comerse una hamburguesa en Viernes Santo (“es pecado”, dice), pero que años antes la hinchó hasta la saciedad para que abortara. Curioso.

En cuanto al argumento en sí, surgen las siguientes preguntas ¿qué clase de lección de vida nos quiere inculcar Fuguet con una novela que oscila por momentos entre campaña contra el aborto, tanda de comerciales, o el refrito de Cuentos con Walkman (1993)?, ¿con qué clase de remezón vital nos quiere zamarrear el autor, si nos presenta un drama añejo y anodino hasta el bostezo?, ¿hacernos creer que la familia que se droga unida, permanece unida?

Es oficial: la piscola noventera que Fuguet preparó ha terminado por desvanecerse casi dos décadas después, dejando nada más que un caldo tibio, insípido y aguachento. La inautenticidad y lo forzado son el gran freno de mano de las páginas de esta fallida novela, partiendo por el título, de incidencia poco reconocible en el texto. Le podrían haber puesto “Ravotriles” y habría andado mejor. Poco más queda agregar, salvo que Aeropuertos es una total involución de un autor que estaba haciendo la cola para sacar el título de escritor serio, pero que, cual Metrópoli, vuelve a la partida, esto es, a ser un escritor joven, difícil de entender, algo molesto y que de literatura le falta bastante que aprender. Mal.

 

Aeropuertos

Alberto Fuguet
Santiago, Alfaguara, 2010

3 Comentarios

  1. Manolo Díaz dice:

    No creo que sea la mejor novela de Fuguet, pero el crítico comete algunos errores.
    Ya está escrito (dudo si está en Primera Parte o Apuntes Autistas) y le creo, y lo intuía, que lo de los placements y la iclusión de elementos de cultura popular como películas y bandas, ya existía, en Mala Onda, cuando fue publicado American Psycho de Ellis (Además, señor crítico, Easton es el segundo nombre, por lo que lo puede llamar Bret Ellis, Bret E. Ellis o simplemente Ellis, pero no Easton Ellis).
    Segundo, en una crítica no debieran haber spoilers, no hay que explicar porqué.
    Tercero, desde cuando en una novela uno DEBE empatizar con los protagonistas? Eso será para leer a Isabel Allende o a Coello.
    Cuarto y puedo seguir, le reclama lecciones de vida y remezones vitales a una obra que no es más que una novela. Tu debes ser de los que encuentran que Star Wars es una obra de filosofía profunda y debe medir con la misma vara el cine finlandés y el gringo.
    Saludos!

  2. Carola dice:

    Sorry…. yo amo a Fuguet, creo que “Missing” es lo mejor que ha escrito, y mejor que muchos autores, ñp siguen, aunque sean temas distintos de “las Peliculas de mi vida” y “Primera Parte” que son notables. Ahora voy en Aeropuertos pagina 121 (me faltan como 50) y lamentablemente tengo que coincidir con el crítico en que el libro es bastante básico. Hasta este momento no logro conectar con casi nada, ni los personajes, ni las historias, nada. Que esto suceda no es ni bueno ni malo, porque a Alberto la verdad no creo que le importe, el vive y escribe mas allá de la crítica, porque ha sido capaz de vivir casi al borde de a sociedad en lo que a opiniones de afuera se refiere. El escribe porque le gusta, porque lo ama, y para él ojalá fueran sus libros siempre como Missing, aunque resulten dolorosos y lo remuevan por dentro, tal vez necesita esta cuota de too much light, de personajes vacios, de gente como cualquiera, porque no hay muchos asi? o acaso los personajes solo deben estar basados en gentes muy super cultas, honestas, heroicas, moralmente bakanes? porqué ? es absurdo, Alvaros, Frans y Pablos hay al nuestro lado y este libro es una foto de ellos.

  3. Francisco Navarro dice:

    Estoy de acuerdo que no es lo mejor de Fuget, pero siempre es un agrado leerlo

    sin duda es una novela que logra conectarme con los lugares, epocas y vivencias de toda mi vida… tal vez esta hecha para Chilenos de 35 años… y el pecado es que el target puede ser muy acotado… pero sin duda me gusto y lo lei en un par de escalas de un viaje, que mas ad-hok.

    Fnavarro

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