Revista Intemperie

Federico Andahazi como cuentista en El oficio de los santos

Por: Patricio Jara

En El oficio de los santos el Andahazi cuentista reúne una serie de historias disparatadas, a veces  hasta delirantes, las que el lector atento podrá, incluso, leer como una novela. Al menos, así lo asegura Patricio Jara.

 

Antes de darse a conocer al gran público con su novela El anatomista (1997), el argentino Federico Andahazi había desarrollado un destacado trabajo como cuentista. Sin embargo, muchos de estos textos no habían tenido, sino hasta ahora, la difusión de sus posteriores publicaciones, como Las piadosas (1998), El secreto de los flamencos (2002) o La ciudad de los herejes (2005), todas traducidas a una decena de idiomas y, por lo demás, con un denominador común: el conflicto entre libertad y poder en escenarios históricos más o menos reconocibles.

Si bien, en 1998 publicó un pequeño volumen con tres relatos titulado El árbol de las tentaciones, este apenas tuvo alcance más allá de Argentina, de modo que El oficio de los santos viene entonces a instalarse como una suerte de matriz desde donde Andahazi ha desarrollado un trabajo narrativo sistemático y coherente. Se trata de un volumen de nueve relatos breves, escritos durante la década de los 80, preferentemente en bares, y ambientados en un pueblo imaginario llamado Quinta del Medio, lugar que el autor describe como no más que “una pequeña franja verde en la mitad del desierto, una llanura quebrada por un río sin nombre, una calle principal trazada por las huellas que dejaban las carretas tras de sí y unas pocas casas de adobe”.

Dentro de los relatos, “El oficio de los santos” destaca como el más extenso y ambicioso, y el que junto con dar título al compilado, articula la singular mirada que Andahazi tiene del siglo XIX, donde se sitúan buena parte de estas narraciones. En efecto, el cuento narra la serie de desencuentros entre el cura del pueblo, el padre Toribio de Almada y el doctor Perrier, quien ha llegado a Quinta del Medio a hacerse cargo del recién inaugurado Asilo de los Pobres y Alienados, una monumental edificación construida para albergar a dos mil setecientos cincuenta y tres chiflados con los que la Corona Británica ha cooperado para el desarrollo de la joven medicina criolla.

Pero tal cargamento nunca llega y es entonces cuando comienzan los problemas. “Y como en Quinta del Medio casi todos eran pobres y no había dolencias que no pudieran curarse con hojas de tilo, cataplasmas, baños de pies con mostaza o de asiento con hojas de laurel, pronto La Medicina se encargó de traer aquellas enfermedades que, a la sazón, estaban muy de moda en Europa”.

Aquel es el punto de partida para una trama delirante y un escenario donde los avances científicos y médicos pugnan por hacerse un espacio en medio de la superstición, la ignorancia y, sobre todo, la precariedad.

Andahazi es un autor que no le teme a los excesos ni a la provocación. Sus personajes escapan del estereotipo y siempre desafían al entorno. Saber si logran o no salir bien parados es la razón para adentrarse en estas historias disparatadas que, como conjunto, bien pueden leerse como una novela.

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El oficio de los santos

Federico Andahazi
Buenos Aires, Emecé, 2009

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