Revista Intemperie

Demasiado posmo

Por: Intemperie
multi

Intemperie encuentra pocas razones para disfrutar Multicancha, la última propuesta teatral de Manuela Infante.

 

Representada al aire libre en la explanada de Matucana 100, el sitio ofrece un lugar casi ideal para esta obra, a no ser por las noches todavía heladas de primavera. Ubicado en galerías, el público tiene vista a una improvisada multicancha y, más atrás de los grandes árboles y la pandereta del recinto, al tráfico de la ciudad y a las micros del Transantiago, desplazándose como orugas por avenida Matucana. Definitivamente, este espacio es un acierto para incorporar el arte y la cultura a la vida urbana.

Pero la representación no comienza en la multicancha, sino unos cien metros hacia un costado, donde los actores (o personajes) se distinguen borrosamente en la distancia, elongando y precalentando de un lado a otro. Esto es interesante, una forma rara de atraer la atención del público, despertar su curiosidad; también es cierto que luego de un rato de contemplación algo impaciente, uno empieza a preguntarse por el sentido del teatro y el rol del espectador, que tiene siempre algo de voyerista y de diletante. Después de diez minutos, sin embargo, por más Beckett o Artaud que uno trate de aplicarle, la sensación de “ya capté el mensaje, ahora dejemos que la obra empiece” se hace más aguda.

Finalmente, los personajes consienten en trasladarse a la multicancha, lo que hacen animosamente, a grandes zancadas. Distinguimos entonces un árbitro, con un cómico short encasquetado hasta la altura del ombligo, que se pasea desesperadamente de un lado a otro tratando de organizar a una buena docena de jugadores ataviados en ropa deportiva. Luego de un prolongado esfuerzo logra imponer sus reglas y comienzan a dar curso a un extraño deporte, mezcla de voleibol y fútbol, pero con raquetas. Al comienzo, da la impresión de que el juego no fuera a ninguna parte, pura coreografía construida sobre la base de la gestualidad clásica de los deportistas. Con el tiempo (y algún esfuerzo de por medio), uno comienza a darse cuenta de que puede tener alguna lógica, si bien una rara, diferente, arbitraria: la sensación de absurdo, sin embargo, no desaparece, sino que se va asentando cada vez con más fuerza.

Paula Peña interpretó  el conjunto de la obra (que atraviesa varios juegos de este tipo y no tiene casi nada de diálogo) como un reflejo, denuncia o burla del sinsentido del lenguaje y, por extensión, del logos, el marco racional gracias al cual nos organizamos, dentro del cual nos desenvolvemos. En este sentido la obra le pareció lúcida y, si se le quita quizás media hora, hasta entretenida. El juego es poner en evidencia las reglas absurdas que nos damos constantemente para vivir.

Más literal, Pablo Torche la interpretó como una metáfora del Chile actual, una sociedad en que todos jugamos de acuerdo a reglas que no comprendemos: nos movemos, nos motivamos y damos lo mejor de nosotros, dentro de un modelo ajeno, absurdo, arbitrario, sin siquiera estar seguros de que nos interesa ganar. En este sentido le pareció interesante, pero repetitiva. “La idea queda clara en la primera media hora” como comentó, lapidario, un connotado del teatro nacional durante el cóctel posterior “el resto no era necesario”. Torche concuerda, se nota que hay un mensaje racional detrás, pero es absurdo tratar de descifrarlo, y acaso obvio. Además, sin texto el teatro se empobrece, es difícil sostener una obra a pura coreografía deportiva.

Rodrigo Marín también se aburrió bastante; La idea le parece interesante, pero completamente repetitiva, no eran necesarios cuatro juegos distintos para dejarla clara. El último match resulta completamente innecesario. Tampoco los recursos lo convencieron demasiado: las frases aisladas, supuestamente filosóficas, repetidas por un efecto de eco, acaso con la intención de poner de manifiesto algo mecanizado, coartado, es una técnica que estamos viendo desde Pink Floyd, y en general las frases balbuceantes, ocupadas para ejercer una denuncia, o algún insight particularmente profundo, no convencen, se quedan en el cliché.

En la discusión posterior, Intemperie acuerda que hay varias obras en el teatro chileno que ensayan representaciones absurdas para poner en evidencia el absurdo de la existencia. Otro ejemplo claro es Fiesta, de Trinidad González, en la que se presenta un carrete de jóvenes sin mucho sentido, sin ningún diálogo, con el propósito obvio de realizar una denuncia, o crítica a la banalidad contemporánea. El ejercicio es arriesgado, porque más allá de la mímesis, no queda muy claro el aporte de la propuesta estética. Se denuncia algo, es cierto, concluye Intemperie, pero se corre el riesgo de quedar simplemente en lo mismo, a través de una representación igualmente banal, o vacía. Y en el caso de Multicancha este riesgo está presente sin duda. Aunque quizás dependa del público sortearlo con éxito.

 

Multicancha

Dirección: Manuela Infante
Compañía: Teatro de Chile
Elenco: Jorge Arecheta, Ariel Hermosilla, Daby Kaufmann, Yasna Kusanovic, Daniel Marabolí, María José Parga, Juan Pablo Peragallo, Nicole Senerman, Nicolai Stifel.
En Matucana 100 (TE: 6824502), del 22 de Octubre al 5 de Diciembre. Viernes y Sábado 21:30 hrs. Domingos 21:00 hrs.

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