Revista Intemperie

David Aniñir y Graciela Huinao: poesía mapuche en la ciudad.

Por: Izaskun Arrese
mapurbe-walinto

Escriben poesía que habla de sus raíces, del exilio, de los Fiskales Ad-Hoc y Joaquín Sabina. En este artículo, los poemarios Walinto de Graciela Huinao y Mapurbe de David Añiñir son leídos por Izaskun Arrese, quien desentraña las individualidades de los poetas mapuches

 

Referirse a los poetas mapuches como una coalición perfectamente alineada implica ignorar sus individualidades y las variables que los diferencian. Sin embargo, implica también reconocer la disposición compartida a participar de un proyecto mayor. A través de sus textos estos poetas buscan valorar y actualizar las raíces de sus ancestros para reencontrarse con ellas y recuperarlas desde su rol de escritores. Se comprende entonces que la poesía mapuche actual funciona no solamente como discurso literario, sino también como una suerte de constructo político. Graciela Huinao y David Aniñir pertenecen a esta colectividad y aunque su trabajo poético exhibe diferencias profundas, biográficamente tienen en común vivir en Santiago y escribir desde este lugar.

Huinao nació en el sur, pero distintos motivos provocaron su venida a la capital y es aquí, en la comuna de Pudahuel, donde comienza a escribir y publicar. El 2001 aparece Walinto en edición bilingüe y el 2008 se reedita en versión trilingüe (inglés, español y mapudungun). El poeta David Aniñir nació en Santiago, pero su padre y su madre son mapuches. El 2009 publicó Mapurbe, sin embargo, el libro ya había sido editado a través de fotocopias y se difundía de mano en mano desde Cerro Navia.

Teniendo en cuenta que el espacio que habitamos es parte fundamental de lo que somos, ante la obra de estos poetas surge espontáneamente la interrogante: ¿qué sucede cuando el lugar de origen se nos niega o se nos desplaza de él? Tal es el caso vivido históricamente por el pueblo mapuche y que en la práctica se traduce en una dicotomía permanente entre el lugar de origen soñado versus la ciudad real. Justamente de esta tensión surge la identidad mapuche urbana que reflejan y construyen Huinao y Aniñir.

La relación que Graciela Huinao tiene con su origen es problemática y así lo demuestra en Walinto. El texto se inicia con versos que se refieren al sur como: “El exilio en mi propia tierra. Para mí el sur es otro país”. Al verse forzada a emigrar y abandonar el hogar pierde toda familiaridad con él.  Y pese a la distancia desde la que escribe, la ciudad aparece mencionada solo una vez en todo el poemario: “Ahora, por la esquina de mi vida, el tiempo pasa severo en un barrio marginal de Santiago y todos los días echo a cuestas mis raíces”.

En Walinto se alude constantemente, y con nostalgia, a la infancia feliz vivida dentro de la comunidad mapuche. En el presente, aquel paraíso solo existe gracias a la evocación. De aquí que la escritura de Huinao se establezca en el recuerdo. Al evitar las alusiones a su ciudad actual se construye como sujeto por oposición a ella. Esta disyuntiva se traslada también a su vínculo con el lenguaje, pues al contrario de lo que pudiera esperarse, no intercala expresiones o palabras en mapudungun y este aparece escasamente en algunos títulos, decisión que según la propia autora, se debe a su anhelo de lograr una poesía universal que pueda llegar a todo el mundo.

David Aniñir se instala en un contexto plenamente urbano. El título Mapurbe así lo confirma, al igual que versos como: “Mis problemas vienen de nativos árboles de cemento / Confusión tierra asfalto”. Añiñir escribe desde la periferia santiaguina, rodeado de un paisaje desolador y contaminado. En este contexto retrata a personajes propios de las poblaciones en que viven los mapuches urbanos, entre ellos a “María Juana la Mapunky de La Pintana”; también actualiza al emblemático Lautaro y lo posiciona como prototipo del mapuche en la ciudad al nombrarlo como “Ciberlautaro” o “Neo Lautaro”.

La escritura de Aniñir muestra la variedad de su materia de inspiración, así como la confluencia de distintos lenguajes. Esta multiculturalidad propia de las ciudades se evidencia en versos como: “CHAO!!! / PEWKAYEAL / NOS BELMONT EN OTRA LIFE”. Los párrafos de Mapurbe descubren un lenguaje vivo que da cabida a modismos, neologismos, coa y palabras en mapudungun e inglés. Su obra dialoga tanto con la cultura tradicional de su pueblo como con la poesía universal, incluye alusiones a la mitología mapuche y establece conexiones con Neruda, los Fiskales Ad-Hok y Joaquín Sabina.

Se percibe entonces que la poesía de ambos autores tiene grandes diferencias, pero también elementos en común. Huinao se enfoca principalmente en mostrar el pasado de su pueblo en el sur, mientras que Aniñir hace lo propio pero desde un presente netamente urbano. En él no hay nostalgia, pero la comunidad mapuche sigue apareciendo como un lugar utópico y feliz donde, por ejemplo, no rigen las leyes del capitalismo. Sus “mapuchemas” no pretenden evocar ese paraíso perdido que desentierra Graciela Huinao, sin embargo, todavía se lo asume como base de la identidad mapuche.

En Wallinto de Graciela Huinao el lenguaje es puro, no está contaminado con otras fuentes y es estéticamente evocador y metafórico. En Mapurbe, David Aniñir juega constantemente a crear expresiones y construir un lenguaje propio y original. Es sumamente irónico y hasta agresivo en algunos momentos. Como consecuencia, se puede afirmar que la poesía de Huinao es poesía de evocación y la de Aniñir es de acción.

En este sentido, Huinao siente una obligación para con los suyos y afirma: “Los mapuches tenemos una carga tremenda de historia que no se ha publicado, muere con nosotros. (…) siento que mi función es dar a conocer la memoria de mi pueblo”.  En cambio, la tarea que se propone Aniñir tiene que ver con constatar los procesos de cambio permanente de su nación: “Busco plasmar una poesía que refleje las mezclas y transculturaciones que han tenido los mapuches urbanos”.

Los dos poemarios patentizan la necesidad de sus autores por situarse como individuos en un espacio delimitado. Esta urgencia se refleja decidoramente en los títulos de ambos textos, pues Walinto y Mapurbe aluden a lugares físicos. Se percibe entonces el deseo por encontrar el territorio de pertenencia y definir desde aquí su identidad: para Graciela Huinao y David Aniñir escribir es una forma de hacerlo ya que a través de la escritura construyen su morada.

 

Mapurbe
David Aniñir
Pehuen Editores, Santiago, 2009.

Walinto
Graciela Huinao
Cuarto Propio, Santiago, 2008.

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