Revista Intemperie

Sensibilidad literaria

Por: Nicolás Poblete
herta muller

 

La escritura de Herta Müller es una escritura que a nosotros como latinoamericanos debería resultarnos cercana y muy pertinente. Se trata de una narrativa (y poesía) de gran condensación poética, cargada de imágenes a veces oscuras, muchas veces bellas, siempre impactantes, que dan cuenta del trágico destino que habría de vivir Rumania durante y después de la dictadura de Nicolae Ceaucescu. La cercanía que podemos sentir al leer alguno de sus libros no sólo proviene de un imaginario altamente poético, y que en nuestra tradición cuenta con exponentes fundamentales, sino en una determinada empatía que surge al entender lo semejantes que pueden ser las dictaduras cuando se observan los efectos en sus víctimas.

Como mucha gente sensible que encuentra una salida expresiva en el arte, Müller ha dicho en varias ocasiones, que su “decisión” de escribir fue más una forma de sobrevivir. Sorteando numerosas dificultades en su país natal, en el cual ella era parte de la minoría, Müller reconoce haber empezado a escribir con dificultad y temor. Cómo saber si ayudó o no el hecho de que esta niña creciera en un ambiente rural, con un padre que participó en la SS, y con una madre que temía que su hija se “pervirtiera” estudiando literatura, y que prefería que fuera costurera.

El pasado campestre, que Müller dejó atrás hace décadas, después de conseguir radicarse en Alemania, es un factor recurrente en su literatura, y siempre está ligado a otras emociones y afectividades: la delación, el hecho de ser traicionado, el valor de la amistad; hablar una lengua distinta a la lengua oficial del país donde se vive. De hecho, la escritora se cuestiona los alcances de la literatura en su capacidad de “atestiguar”, y, a pesar de que sus novelas se asocian normalmente con lo que se ha denominado “Literatura Testimonial”, ella insiste en que “la lengua tiene otros ojos”; vale decir, las palabras nunca son suficientes o adecuadas para transcribir las experiencias, especialmente cuando se trata de experiencias extremas y sumamente dolorosas. Müller ha reconocido que la forma en que ella aprendió a escribir no fue una consecuencia de la capacidad de hablar, sino que fue producto del silencio y el ocultamiento.

De la amplia obra de la autora, en español podemos encontrar un puñado de novelas (El hombre es un gran faisán en el mundo, La bestia del corazón, La piel del zorro, Todo lo que tengo lo llevo conmigo, esta última recientemente publicada), un libro de relatos (En tierras bajas), y un volumen de poesía, también publicado este año en España (Los pálidos señores con las tazas de mokka). En la página de los premios Nobel también es posible acceder al bellísimo texto que Müller escribió para la ceremonia, y que utiliza el pañuelo como metáfora central. El pañuelo es una prenda que hoy ha caído en desuso, y es justamente ahí donde la mirada de Müller se sitúa. A través de su discurso, la escritora rumana consigue enaltecer este objeto a la categoría de talismán, donde una madre le pregunta a su hija, cada mañana en la puerta de la casa, “¿Tienes un pañuelo?… La pregunta, ¿Tienes un pañuelo?”, dice la autora, “era una ternura indirecta. Una directa hubiera sido penosa, algo que no existía entre los campesinos. El amor se disfrazaba de pregunta. Sólo así podía decirse a secas, en tono de orden, como las maniobras del trabajo. El hecho de que la voz fuera áspera realzaba incluso la ternura”.

Por otra parte, Müller se aboca a la poesía con una intención más lúdica. El ejemplo más reciente es el libro de poemas Los pálidos señores con las tazas de Mokka, donde los poemas son construidos con palabras y letras recortadas, y luego ensambladas sobre la hoja. Una vez que una palabra es pegada al papel, no se puede sacar; de este modo la poeta juega con una deliberada arbitrariedad y se lanza en una poética que tiene algo de surrealista, con evocaciones oníricas, juegos de palabras e invenciones léxicas.

Herta Müller, reconocida por la academia por su capacidad de representar, con gran calidad poética, el paisaje de los desposeídos, dice haber leído con mucha atención novelas latinoamericanas, y con frecuencia se refiere a la obra de Gabriel García Márquez, así como a otros testigos y sobrevivientes de regímenes totalitarios (Aleksander Tisma, Jorge Semprún, Ruth Kluger, Victor Klemperer, Georges Arthur Goldsmith). A pesar de tener acceso a sus escritos traducidos del alemán al español (notablemente las traducciones de Juan José del Solar, y, en el caso de su última novela, Rosa Pilar Blanco), y considerando todas las mediaciones que podemos encontrar en sus obras -con un lenguaje que a veces se vuelve obsesivo, impenetrable y claustrofóbico-, la literatura de Herta Müller es una literatura hermana para nuestras letras.

 

Foto: steffenroth.com

Artículo publicado originalmente el 16/10/2010

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