Revista Intemperie

La invasión del reggaetón

Por: Intemperie
Daddy Yankee

 

En los últimos años la radio, la televisión, las casas y hasta las calles se han visto inundadas del nuevo ritmo caribeño caracterizado por movimientos hiper-sexualizados y controvertidas letras ultra-explícitas. La nueva moda no ha estado exenta de polémica. ¿Apertura valórica o machismo encubierto? ¿Liberación progresista o vulgaridad retrógrada? ¿Estímulo juvenil o anestesia social? Aquí, un crítico literario, un crítico musical, un dramaturgo y un escritor, entregan sus perspectivas en torno al tema.

 

Una pandilla a la modapor Roberto Santander Avalos, Editor de La Periódica Revisión Dominical.

 

Desde siempre los estilos de música han estado sujetos a cierta estética que los acompaña. El reggaetón no es excepción. Ya no se recuerda con exactitud cuándo fue que empezamos a escucharlo ya no como fruto de una preferencia personal, sino como un ritmo ubicuo que acompañaba fiestas, paseos por la calle, viajes en el transporte público: en todos lados el acento centroamericano, el spanglish, los grandes collares, los beats de un hip hop que derivaba en otra cosa. Y pronto, sin que nos diésemos cuenta, la música trajo consigo a un sujeto que encontró en ella una forma de vestirse, hablar, cortarse el pelo; una moda entendida como carta de presentación.

Lo primero es situarnos en la lógica desde la que emerge el reggaetón. Surgido en Puerto Rico, este estilo de música tiene sus inicios en las barriadas pobres de las ciudades. De allí provienen sus cantantes y los primeros seguidores. En Sudamérica, especialmente en Chile, es ahí, en los barrios pobres, donde el reggaetón se instala primeramente como una música que agrupa y conforma el ya típico método de resistencia barrial: la pandilla. El reggaetón viene a sumarse así a una larga lista de fenómenos sociales que se han sucedido en el tiempo: punks, raperos, el que sea. La música se corporaliza en sujetos que, como lo explican las ciencias sociales, buscan una causa común para sentirse partícipes de algo. La manifestación artística trasciende para fundar un tipo humano.

No deja de ser curioso que los términos de pertenencia puedan replicarse bajo las mismas estructuras. La necesidad de pertenecer, de ser único, de agruparse, son algunas de las características que se heredan en la formación de estos grupos humanos. Si bien difieren las ideologías, el reggaetón se apropia de la lógica del capitalismo, con su idea de que la acumulación y posterior exhibición –basado en la ostentación– son valores en sí, para desplegarse como un nuevo grupo social.

En efecto, la figura reggaetonera tiene como parte fundante de su estética la utilización de los accesorios que comúnmente la clase alta utiliza para exhibir su riqueza. Sólo que ahora son llevados a la exageración: joyas, lentes de sol de grandes marcos, cadenas gruesas, pantalones anchos, zapatillas grandes. La protesta, como siempre, surge cuando hay un antónimo, algo o alguien a quien oponerse. Es así como la exageración de accesorios busca contraponer una clase social a la otra, basándose en el principio de alterar la “normalidad”. Si tú tienes, yo también tengo. Y más. Y lo muestro, sin temor.

La exageración es, entonces, sinónimo de propiedad. Y esta propiedad que se basa en la exhibición sin control, es la base sobre la que se sustenta un valor. Desde la lógica del reggaetón, el axioma sería: valgo porque tengo. Valgo porque lo muestro. Los principios políticos son visibles y palpables: la queja no está dirigida al sistema, sino que se hace con los elementos que el propio sistema entrega y tiene como objeto poner en evidencia la fuerte división de las clases sociales que se dibujan en la sociedad contemporánea, en un sistema social y político definido de antemano.

La articulación del sujeto que escucha y se reúne en torno a la música y a la figura que representan sus cantantes, está ordenado, en consecuencia, por los principios activos de un sistema político. Es probable que esto siempre haya sido así, sin embargo, en el caso del reggaetón resulta aún más notorio. Lo que en algún momento pudo ser una forma de rebelarse contra la autoridad, ahora no es más que una rebeldía controlada y manipulada por el capitalismo que exhibe productos que otros compran sin plantearse el elemento central de todo rechazo: la duda.

Pero más allá de centrarnos en el reggaetón sólo como una reacción visual, también podemos acercarnos al fenómeno desde la perspectiva del mensaje de las letras. Éstas, en su gran mayoría –y aquí radica una de las más fuertes críticas que se le ha hecho a este estilo de música– se centran en el rol de la mujer como objeto, como capricho. Se la presenta como instrumento para una eterna satisfacción del deseo sexual, basada en la ya tradicional forma de dominación masculina: la fuerza, la violencia. (“Te quiero azotar, te quiero perriar / quiero bellaquearte porque mujer te ves bien” Desnúdate, Daddy Yankee).

Frente a las recurrentes preguntas sobre la forma de incorporación de la mujer a una música, y una estética, que la rebaja a mera condición de objeto, son muchas las teorías que se pueden dar. El campo académico abunda en argumentos que sostienen que el repliegue y marginación a la que ha estado sometida la mujer en la historia son condicionantes que no es fácil cambiar rápidamente. Pero si a esto se suma que la idea fuerza del mundo contemporáneo es darle un valor superlativo a lo físico, entendido como exterioridad, todo parece calzar. El reggaetón, como he querido demostrar, funciona dentro de una sociedad que basa sus predicamentos en la materialidad. No hay novedad; tan sólo una repetición en la forma que se estructura históricamente toda pandilla –basado en algo que tienen en común para forjarse como tal– y un aprovechamiento de la lógica que abunda en la sociedad capitalista que nos rodea para masificarse. Un producto más en un mundo de productos y consumidores.

¿Y la duda? Hay algunos grupos que han demostrado una preocupación por el discurso. Calle 13, por ejemplo, tiene una postura crítica no sólo ante la sociedad, sino ante el mismo reggaetón como un producto comercial más. Es así como sus letras, más trabajadas, plantean a un sujeto crítico, sublevado y escéptico. “Soy clase media baja, desde la placenta, toda mi vida trabajé, para pagar la renta. Ando sin reloj, no tengo calendario, no creo en los modales, ni tampoco en diccionarios. (…) Tampoco me importa un carajo si este disco vende, si yo quisiera vender algo montaba una tienda. Prefiero regalarte música, aunque tú no la entiendas, yo digo 50 malas palabras por segundo, porque la verdad es que me gustaría cambiar este puto mundo.” Ven y critícame, Calle 13) No obstante, es una excepción.

El vaciamiento discursivo del reggaetón consiste en no querer enfrentar los relatos que trascienden la sociedad. La marginalidad, por ejemplo, no es abordada con la seriedad del que busca causas e intenta proponer soluciones. Muy por el contrario, el reggaetón ahonda los conflictos que presenta un mundo hecho de productos y clientes. Pedirle una preocupación política a un estilo de música que basa sus valores y su manera de desarrollarse en los principios que fundan un sistema, es un imposible. Dudar, criticar, tomar un verdadero riesgo, hoy por hoy, no son objetivos para nadie. El reggaetón, entonces, como una pandilla a la moda: eso, nada más.

 

La herencia del generalpor Juan Pablo Abalo, Magíster en Artes y columnista de The Clinic.

 

Durante las últimas décadas, la televisión chilena ha desarrollado, mejor que nada o que nadie, la habilidad de uniformarlo todo a su paso, los gustos, las modas, las discusiones, incluso las paranoias de quienes la ven. Su radio de exterminio de la diversidad es peligroso y los resultados para dicho propósito -hasta acá- han sido efectivos. El  clímax de la obsesión televisiva por la unificación de los gustos musicales se evidenció en la transmisión y promoción -hasta el hartazgo- de lo que llamaron las nuevas sensaciones musicales, que de musicales a ratos podían tener muy poco, y de las que a nuestros oídos no les sería fácil arrancar, transformándose pronto en peligrosos e invasivos gusanos cerebrales (término utilizado por el neurólogo Oliver Sacks en su libro Musicofilia para referirse a los fragmentos musicales que se repiten en nuestro cerebro de  manera incesante, a veces hasta enloquecernos, y que pueden permanecer al interior nuestro por semanas, meses incluso, hasta finalmente diluirse).

Así, la televisión invadió primero con el Sound, pero dicha propuesta musical aún resultaba muy discreta y provenía de algo ya conocido –la cumbia o al menos un cierto tipo de cumbia– lo que mermaba su capacidad de producir una revolución significativa, aun cuando sí sirvió como advertencia del impacto que podrían provocar sensaciones musicales venideras. Entonces apareció el Axé, ritmo surgido a fines de los ochentas en Bahía, reciclado y mutado a cualquier cosa, y que se instaló en Chile a principios del 2000 con exponentes como Axe Bahía y Porto Seguro, quienes alcanzaron una fama muy superior a cualquier pronóstico. Esta música  resultaba más exótica y novedosa que el Sound y, pese a haber sido compuesta en algún estudio de grabación de medio pelo, echando mano a las peores bibliotecas de sonidos que se tuvieran, acompañaba bien las coreografías de un grupo de no más de cinco bailarines (y más de algún ex actor porno entre ellos), que con exagerado entusiasmo, motivaban al público a un sabroso festín de manoseos y toqueteos el cual, dicho sea de paso, estimulaba sobremanera a una sociedad chilena poco acostumbrada a tales malabares. La vida útil del Axé y la de sus integrantes por cierto se apagó rápidamente, pero no pasaría mucho tiempo antes que los creativos televisivos encontraran con qué llenar este vacío: un nuevo chichecito musical de nombre reggaetón sería el próximo fenómeno.

Nacido a finales de los noventa, el origen del reggaetón se lo disputan Puerto Rico, y Panamá. En cualquier caso, en él confluyen con particular originalidad dos corrientes musicales de sumo atractivo, el reggae y el rap. En Chile la cosa con el reggaetón fue un poco diferente y sus primeros exponentes (y los últimos también), correspondían a una variante elemental y tosca de dicha mezcla, como fue el grupo Croni-k (conocidos por su hit “Shh Shh nadie lo sabrá”). Un programa  juvenil de nombre Mekano, que parecía estar siempre a punto de terminar en una gran orgía de la cual seríamos testigos en vivo y en directo, fue el encargado de masificarlo por todo el país. La invasión fue total, y las razones que permitirían explicar por qué en Chile chicos y grandes pasaron de bailar como palitroques a hacerse mamones, aludir con insistencia a los genitales, “perrear”, que no es otra cosa que puntear-se, continúan siendo hasta el día de hoy un misterio.

Para bien o para mal, la duración del reggaetón ha sido mayor que la de sus antecesores en términos de fenómeno popular y no se ve en la costa otro estilo que lo suceda, más allá de nuevas variantes del mismo. Sus seguidores, que no son pocos, afirman que no habrá nada que detenga el surgimiento de nuevos grupos que cultiven este arte y menos aún algo que los frene a ellos mismos de acompañarlos por donde sea. El descontrol que produce aún hoy Daddy Yankee, o el éxito más que merecido del grupo Calle 13 (ingeniosos como pocos para las letras, así como  para combinar  estilos musicales diversos en una misma canción), es la prueba más que clara de que el reggaetón no sufre riesgo de decaimiento todavía.

Sin embargo, quisiera terminar esta nota haciendo mención a una influencia quizás poco considerada del reggeatón, pero que constituye a mi juicio el punto de partida y fuente de inspiración de toda esta tendencia Se trata del panameño Edgardo Franco,  un hombre de origen humilde y vida  sacrificada que venció todas y cada una de las adversidades que la vida le puso por delante y que en plenos años noventa se instaló con la valentía de un solitario alucinado y mal vestido, a hacer una música pionera en materia de merecumbeo. Con su “Tu Pum Pum” o su “Funkete” Edgardo Franco, conocido por todos como El General hacía gala de su talento a la hora de instalar ritmos precisos, letras directas y sonidos del futuro, dejando un considerable legado en la música latina tropical (de la cual el reggaetón no es sino un hijo menor) e instalando sus temas  en los primeros puestos de los rankings de la música mas sandungiable  en Jamaica, EEUU y China por nombrar algunos, todo lo cual es recordado por sus fieles seguidores aún hoy, con el placer no de la moda, sino de la más gozosa audición musical. Sólo el tiempo, nos dirá si el reggaetón logra estar a la altura de su fuente originaria.

 

La ficción del reggaetónpor Mauricio Quevedo, Director y actor de la compañía Tiatro.

 

En la acción dramática de la obra 2010 Instrucciones de uso el reggaetón opera como un mecanismo de distracción. Los personajes están a punto de dirigir sus dardos contra quienes han creado la ficción que llamamos realidad y el reggaeton les dice “no discutan, no descubran, bailen, bailen y olviden”.

La obra muestra a un grupo de actores que representa la historia de la cultura de Chile mientras, en medio de un asado, esperan la llegada del Bicentenario. Hay dos ejes significativos sobre los que se sustenta la obra: la memoria y el olvido. Se tiende a pensar que sólo la memoria tiene una manifestación material, pero el olvido tiene efectos igualmente patentes. El reggaetón es un ejemplo claro de la era del olvido, no porque los jóvenes busquen olvidar sus problemas bailando, sino porque representa el olvido de un aspecto importante de lo que implica ser parte de una nueva generación: el cuestionamiento de lo establecido.

El  reggaetón opera así como una ilusión, una ficción que les hace creer a los jóvenes que están formando parte de algún tipo de rebelión en relación, por ejemplo, con el destape de los cuerpos y la libertad para usarlos; pero en realidad, al incentivarlos a vestirse con ciertas marcas, usar joyas, desear ciertos autos y ver el cuerpo femenino como un objeto de  consumo, los está incorporando al sistema. Esta aparente estética de rebeldía los volvería meros consumidores, haciéndolos olvidar no ya el pasado, sino el presente mismo, la realidad y la posibilidad de cuestionarla.

Cuando se incorporan estas ideologías foráneas, la identidad se ve trastocada, aumentando la falta de empatía por los problemas del otro, y facilitando que las grandes instituciones, ya sea el Estado, los bancos o cualquier otra, pasen por sobre el individuo. No es un problema de las ficciones en general (yo, como actor y director, vivo de eso). El problema está en que la ficción que produce el  reggaetón hace olvidar que hay poderes que imponen ciertas ficciones para dominarnos y mantenernos sumisos.

 

El eterno romance de veranopor Maori Pérez, escritor, autor de Diagonales.

 

Comenzó para nosotros como cualquier fantasma, cruzando las enormes habitaciones de una casa del terror: los shows de baile, Zona Latina y los programas de concursos escolares.  Pensábamos la clase media joven que todo el asunto duraría lo que los romances de verano, ¡pero no! ¡Que alguien haya deseado la prolongación en el tiempo de canciones como La Macarena o estilos como el Axé! No anticipamos que el Latin Gansta había llegado para quedarse.

Pese a que éramos tolerantes, la enemistad fue instantánea. Allí donde resguardarnos en alcohol se veía acompañado de un elemento puramente decorativo, alguien había instalado un discurso y una estética. Nos dio nostalgia, fuimos a bares con una orientación cada vez más meticulosa. Yo mismo, que desprecio los quejidos de esta clase a la que pertenezco, me vi inserto en la pesadilla al ser consciente de que, caminando por cualquier calle a mi ritmo común, mientras pensaba cualquier tontera, ocurría que pasaba un auto con este pulso del demonio a todo volumen, y que el compás era con exactitud el mismo que el que acompasaban mis pasos.

Como cuando el amor se presenta insolicitado, comencé a preguntarme: ¿Por qué a mí, que me encantan los caleidoscopios, me cae este repetitivo insulto como azaroso reflejo? Sufrí graves depresiones, crisis de pánico, bipolaridades. Mis padres pensaban que de ésta no salía.

Pero una de esas noches, cansado y dispuesto a lo que viniera, sucedió que descubrí a una chica. Inconfundible cara de culo, anteojos, pelo crespo, un verdadero pastelito que me ofreció en sus primeras palabras el retrato más sincero del perreo. Me habló de melancolía, de tragedia, de haber sufrido hasta quedar enterrada en mierda y haber sido izada del pescuezo porque sonaba una de Wisin y Yandel. Me habló de las letras, me cantó, me bailó y todo fue tan íntimo, que no pude evitar decirme a mí mismo: sí, también esto tiene alma.

Pese a las alianzas con Bush, marioneta de día de campo, y pese al sexismo, que en el medio es “la norma”, incluso a pesar de la absoluta ausencia de innovación radicalizada, casi como si su magia consistiera en repetirse al infinito, hoy lo digo y lo reafirmo: el Reggaeton tiene alma. Quizás no una grande. Una animita de porcelana, frágil y hermosa, como la que compartirían los espíritus, habitando una cajita musical.

 

Foto: Talento de barrio, Daddy Yankee, 2008.

10 Comentarios

  1. Pablo dice:

    Notable!
    Muy buenos los textos de Roberto Santander y Juan Pablo Abalo. Ya no nos quedan revoluciones; algunos ilusos ven en el reggaeton un destape díonisiaco como el de los años 60, sin embargo es una liberación sexual consensuada para mantener un límite y un orden entre ciertas clases sociales. El texto de Maorí Pérez es lamentable, que falta de creatividad, reflexión y versatilidad.

    saludos

  2. Maori dice:

    Agradable tener un primer enemigo, pero el comentario es lamentable. La lectura de final del mundo que deriva de Baudrillard es reaccionaria; nos quedan, y a cada minuto se gestan, una multiplicidad infinita de revoluciones; en aquella segunda parte de Imperio, conocida como Multitud (Hardt, Negri) se mencionan unas cuantas, pero hay muchas otras, con especial atención a las que gestan dentro de los pequeños círculos (nótese que el proletariado todavía existe). La idea de que la revolución sexual pokemona ha sido definida por el poder, es repetir que “nada se opone a la voluntad de dios”, para eso digamos que nunca hubo ninguna revolución, y que al final toda innovación repercute en el armamentismo; la revolución sexual pokemona, tal como la pingüina, fue uno de los signos de la vuelta de la ola, que transcurrió a nivel mundial. Y sobre la calidad de mi texto, debiéramos agregar que por sobre todo es sumamente cursi: no lo escribí para impresionar al doctor, Pablo, sino para honrar a la compañera. Usted quédese con la creatividad, reflexión y versatilidad en el Planeta Antártica, y a mí déjeme en paz en mi piscina de amorsh. Salud.

  3. Alan Moore. dice:

    “Las culturas sexualmente progresivas nos dieron las matemáticas, la literatura, la filosofía, las civilizaciones y todo lo demás, mientras que las culturas sexualmente restrictivas: el oscurantismo y el holocausto”. Ese desprecio hacia “ciertas clases sociales”, y la idea que subyace: que somos esclavos y no podremos producir nada a gran escala. ¡Santo Cielo, Pablo! ¿Hace cuánto que vendiste tu alma?

  4. Pablo dice:

    Provocó bastante escozor mi comentario. No me lo esperaba, pero me alegro, que para eso esta la internet, para discutir y eso es algo que se hace muy poco. Te agradezco que te hayas tomado tu tiempo en responderme y pido las disculpas pertinentes por haber caido en cierto facilismo al descalificar y valorizar sin argumentos.

    “Enemigo” me parece una palabra muy grande, al mismo tiempo que me atribuye cierto esfuerzo sistematico y desmedido contra usted y sus productos, u obras. No he leído a Negri, y dudo que lo haga, suelo partir de la desconfianza contra toda teoría crítica, porque estos autores son perfectos dictadores; la gran mayoría busca clausurar todo diálogo o quizás son pocos los buenos lectores que son capaces de esgrimir una cita de manera dinámica y no como quien recita un salmo. Por supuesto que existen gestos que rompen esquemas, gestos que son subversivos más que revoluciones. El reggaetón esta muy lejos de ser parte de una revolución sexual, porque eufemisa los impulsos libidinales regulandolos a partir de un ritual, mediante el cual se atribuyen ciertos roles sexuales bastante parcos y marcados por la violencia, más que por la exploración de las inmensas profundidades y posibilidades que brinda el sexo. La mentada revolución pingüina provocó una fisura grande en una red y esquema de poder, al mismo tiempo que altera la categoría general de lo que todo entienden por “estudiante secundario”. Sin embargo sus consecuencias y cambios materiales fuerón escasos, y la mejor prueba de ello es que la educación sigue siendo una soberana mierda, ni pase escolar gratuito tenemos. El hito de la RP fue haber abierto las cabezas de los integrantes de este país e insertar en sus cerebros el lenguaje de la protesta y la manifestación colectiva, sin embargo esto tan poco a dado resultados concretos. Y es que el mayor problema de estos tiempos es la facilidad con la que manufacturan todos los gestos e impulsos vitales que buscan ser subversivos.Y lo de la creatividad,etc. es una lástima que se lo haya tomado tan mal, porque si no me equivoco usted aspira a ser escritor y bueno es natural que se le exija a alguien que tenga ese objetivo que escriba condenadamente bien, a menos que le guste jugar en tercera división, o ya de plano en canchas de baby.

    Alan Moore: Ojalá una maldición del genio barbudo de nothampton caiga sobre ti, por haber citado un texto memorable traducido hace poco en un excelente blog, de manera rídicula y sin un conocimiento profundo de su obra. Este texto prefigura las ideas que estan presentes en Lost Girls, una de sus obras mayores. Y bueno, contra cosas como el reggaetón es que Moore se queja, contra impulsos banalizados y manipulados por una industria que se apega a categorías basadas en un descomunal falocentrismo violento y cosificador.

  5. Maori Pérez dice:

    Juzgar la creatividad, la versatilidad o lo que gustes a partir de un fragmento de (si mal no recuerdo) 300 palabras es parte del facilismo. Y no, no soy un aspirante a escritor: yo ya soy escritor. Y no, no me lo tomé mal: repetí lo que usted dijo y agregué que se trataba de un texto cursi.

    La enemistad la diagnostico a partir de tu ubicación. El eufemismo está en tu propio discurso. El problema del poco efecto de la revolución pingüina yace en una nueva forma del poder, que por un tiempo (durante la concerta) incluyó las manifestaciones como parte del teatro (cosa que supongo no agrada ni a pacos ni a capuchas), en algún lugar de tu interior supongo que serás capaz de reconocer que lo que se ha ausentado no es la revolución, sino que es el poder el que ya no está dispuesto a transar alternativas. Europa y el primer mundo ya no transan. Cuba renunciará pronto al comunismo. En fin.

    También hay omisión de parte del discurso de la alta cultura: sí, la gran mayoría del reggetón es falocéntrico (y los que no, son de un efectismo supremo), pero el tema no tiene que ver con los rubores académicos, las trancas de los simboviolentados aspirantes a tenistas ni nada. El reggetón es popular: eso es lo que me importa. Me importa igual que la cumbia villera, y mucho menos que el Jazz. Un marginal te lee a Murakami y se suicida pos hueón (Murakami siempre está apelando al deseo, no sé con qué cara vienes a hablar de revolución si en el fondo te gusta el capitalismo y tu fanatismo es capitalista).

    Es verdad que no he leído todo Alan Moore (la próxima vez preferiría que no me vomitaras tu bilis infornográfica, yo soy de los que disfrutan las cosas por cómo marcaron su vida, no por el dato freak que te erotiza más que una mujer). Sin embargo, estoy más cerca de él que tú: yo también soy anarkista, yo también soy misántropo, y yo también dibujo cómics. Lo que te falta para entender al reggetón es dejar de leer a los crípticos del primer mundo, y darle una miradita a Anarko, a Diablo, y del poder: Spillane, no Moore.

    Aclarar por último dos cosas: mi argumento no apela al machismo. Muchas hueás del reggetón me abruman, pero tal como señalo en el texto, su público es hermoso, y lo dotan de un sentido muy superior que ojalá podamos asir, porque no es machista. El lado trágico y revolucionario se les escapa a estos aburguesados escandalizables. Y lo segundo: que soy partidario de los dichos de Patricia Espinosa cuando apela a criticar la crítica. Y no me avergüenza ni la juventud ni el undeground. De hecho, creo que el error más grande en tu argumento no es la renuncia a la teoría (eso apenas explica tu soberbia), lo garrafal es que denunciando al reggetón pienses que hay algo bueno en la literatura trasnacional, como si no fueran análogos.

  6. Maori Pérez dice:

    Y claro, de alguna manera confidenciarte que si pides disculpas por descalificar personalmente, no lo vuelvas a hacer a continuación. Digo, como por la coherencia/cohesión que nos piden en los textos de calidad…

  7. Pablo dice:

    Si “eres” escritor, insisto, es natural que se te exija incluso hasta en textitos así que tarde o temprano son entradas o fragmentos de un todo, aunque creer que todos tenemos un marco teorico, a través del cual accedemos al mundo es algo bastante precario y que tiende a reducir ciertas cualidades humanas. Tu definición de Revolución es como la imagen de una pataleta que busca hacer cambiar de opinión la voluntad del padre, sin mover un ápice su figura y su sombra.
    Me acusas de capitalista y tu argumento para defender tu preferencia por el reggaetón es que es “popular”, decir “popular” es poco, parece que no manejas las proporciones y cardinalidades de cada palabra. Hablar de fanatismo capitalista y de underground es complejo en los tiempos que corren, a menos que tu cabeza crea aún en las categorías y los problemas de la modernidad, como suele ocurrir en muchos cerebros; que no eres el primer anarquista que me sale en el camino y las similitudes son escalofriantes.
    Decir que Muarakami es literatura transnacional es reducir un problema muy grande, en sus mejores momentos Murakami esta muy pero muy lejos de ser transnacional, y ya que estamos en confianza menos mal que existe la mentada “literatura transnacional” porque si tuviera que leer sólo a escritores chilenos definitivamente preferiria ser un analfabeto feliz. Necesitas mas argumentos para hablar de literatura transnacional, ¿a cuantas lenguas era traducido Faulkner en vida?¿Bukowski? ¿No has leído sus memorias?¿como crees que conoció Alemania, España? En cada biblioteca del planeta debe haber una copia de “Moby Dick” ¿acaso es Melville transnacional?

    “Un marginal te lee a Murakami y se suicida pos hueón”

    Por favor Maorí, ¡se supone que has leído! ¡quizás haz ido a la universidad! Tu afirmación es PATÉTICA, REPUGNANTE, EXECRABLE y FACISTOIDE no puede ser que no sepas que la teoría del buen salvaje expiró hace más de tres siglos.

    En ningún momento quise hacer gala de cierto frikismo, o algo por el estilo, todas esas actitudes son una mierda, no me saques de contexto, que yo lo que queria decir es que tu conocimiento sobre la obra de Alan Moore es SUPERFICIAL, y cuando hablo de “conocimiento de una obra” hablo de LEC-TU-RA de ES-TU-DIO de RI-GOR se supone que son cosas que un escritor práctica, eso de decir que lees de acuerdo a como las obras marcan tu vida es superficial, romántico y naif.
    Decir que estas más cerca de Moore porque eres anarquista y nose que más es como si yo dijero que estoy más cerca porque tengo barba.
    Y con respecto a tus recomendaciones, Anarko es excelente, Jucca rindió hasta Barsaman, pero es una verguenza en lo que se convirtió después. Diablo es una mierda. Y alucinaria con Spillane si fueran los 70.

    Me hablas de que la burguesia y la clase alta no reconoce el reggaetón, en que planeta vives, acaso crees que sólo Daddy Yankee ha ganado millones perreando. No puedes decir que su público es hermoso, el verdadero público del reggaetón no son niñitas de las Reina y Providencia, son cabros chicos de Lo Prado, de Pudahuel y Cerro Navia, que viven encadenados a un cinturón de marginalidad y violencia que permea todas sus relaciones humanas, y que han encontrado en el reggaetón un salmo a perpetuidad para naturalizarlo. Lamentablemente el 99% del reggaetón patenta eso. Decir que son “hermosos” es un facilismo dicho a la distancia, Monsivaís decía que para que exista una familia indígena tiene que haber un padre, una madre, un niño y un antropologo.

    Prefiero la soberbia de la literatura, de las obras a la dictadura en que muchas veces se convierte la crítica. Una crítica que en Chile hace rato no sabe para donde va la micro.

    Es decepcionante leer tus opiniones Maorí, esa mi sensación, no me enojo ni me molesta, sólo estoy asombrado de la superficialidad y facilidad con que te consideras escritor. Creo que ser escritor es algo condenadamente más díficil y complejo.

    ¡Hasta Siempre!

  8. La pera de boxeo. dice:

    Hasta siempre, Pablo. (Maori)

  9. Punto x Punto. dice:

    1. Por supuesto que es natural que se me exija calidad, jefe, pero como yo ya admití lo que era el texto y su intencionalidad, estaría divagando a continuación: cosas como que el texto es una patita teórica de un personaje en Diagonales (y su doble autobiográfico), y que lo lamento, uno se obsesiona con una figura y balbucea y como a uno le gusta lo honesto.

    2. Yo no tengo una imagen de la revolución, sino una huella, la huella que ha dejado el final de la revolución y lo que tomara su lugar: la microrrevolución, lo que suceda entre usted y yo en una micro, lo que se haga de bueno, lo que se evite de dañino, lo buena persona que se alcance a ser en el tramo vital correspondiente (en este punto: ¿por qué se ensaña violentamente contra la juventud?).

    3. Sinceramente espero ser el último anarkista que se cruce en su camino.

    4. Sé manejar las palabras, de este lenguaje y de algunos otros, pero por más cardinalidad que les busco, la chacra me rompe las brújulas. Y esto no lo digo yo, sino que Borges. No contra la chacra, que eso quede claro: contra sus mapas y sus geometrías, jefe.

    5. El desprecio por las “ciertas” clases sociales, y ahora el desprecio por la literatura chilena. Es usted un hombre de mundo, jefe. Es verdad, yo no he leído (más que a Nicomedes Guzmán, Droguett, Cortázar, Borges, Felisberto Hernández, Arlt, Vallejo; esos que no viajan o que viajan y se mueren de hambre y que nunca vivieron de la literatura), así que póngame en duda.

    6. No estaba pensando en el buen salvaje sino en plan z… disculpa, se me escapó la risa. Fascistoide tu vieja. A vos te gustará que te estén diciendo todo el rato: desea sin obtener, desea sin obtener, desea porque no puedes obtener… Yo no soporté leer al loco, wn. (Lo de patético, repugnante y execrable sí es bastante cierto).

    7. No, chatito, el superficial acá eres tú. Yo todo el rato he mostrado una puntita del iceberg y tú me has dicho que abajo no hay nada y que la puntita es como las weas (doble sentido aparte). Primero: que yo hago muchas cosas que tú ignoras, sé muchas cosas que tú ignoras, y vivo muchas cosas que tú ignoras. Segundo: que el verdadero rigor consiste en mantener la invisibilidad de esas bondades, y no mostrarlas como se muestra el escote del intelecto, a ver si te ascienden. Tercero: que por más vueltas que se le den por la academia a determinadas ideas, las ideas SÓLO pueden tener un valor si te han marcado a determinada profundidad, y TODA profundidad surge de ESA primera profundidad. Porque esto es literatura, jefecito, no es cálculo.

    8. Se trata de una barba condenadamente anarkista?

    9. Diablo una mierda? claro, como lidiaba con los asesinos de la dictadura y no con exorcistas como de lateshow de pinto… Demás, loco, que poco fascinante.

    10. Si fueran los 70’s —> en las palabras de whitaker en GhostDog: “A veces lo son”.

    11. Estudiaste antropología? Vivo en un planeta más cerca del sol que vos, compadre: de la cancha de tierra, de la calle, de tu tiendecita en la población.

    12. Y te has subido a esa micro?

    13. La vida del escritor es larga y dura, en eso estoy de acuerdo. Pero no creo que sepas de qué estoy hablando. Porque si para ti yo no soy escritor: ¡cuán compleja y difícil ha de ser esa pesadilla!

    14. Un regalito: http://www.youtube.com/watch?v=YDDHHrt6l4w

  10. Lucas Mas Flow dice:

    Maori Perez, lo que escribiste no tiene nada de malo, solo que se me ocurre que lo hiciste a la rapida…

    Tu historia puede que le haya pasado a muchos
    Espero que algún dia quieras escribir de nuevo acerca del Reggaeton

    😉 Saludos

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