Revista Intemperie

El curioso caso de un joven escritor argentino que nunca envejeció

Por: María Paz Rodríguez

 

rodrigo fresan

María Paz Rodriguez descifra la literatura del escritor argentino, a partir del fantasma que éste no ha podido exorcizar: la infancia.

 

 

Las novelas de Rodrigo Fresán operan como un mapa de conexiones y, entre unas y otras, un lector atento y un poco detective, irá atando los cabos que lo irán guiando hacia la figura del escritor de Fresán. Ese personaje que se pasea con una libreta por La velocidad de las cosas, y que por medio de los nueve cuentos que componen este libro, irá relatando lo que el “permisivo caos de los años” ha estructurado como una vida, o la ficción de una vida. Ese joven escritor que, en esta misma novela, vive en una universidad ubicada en Sad Songs, Iowa, en un programa para escritores bloqueados que conforman la secta de los seguidores del Gran Cetáceo Blanco a cargo de Balthazar Mantra, quien a su vez, representa la figura del escritor universal que Fresán admira y que de algún modo desea ser.

Como siempre ocurre en las novelas de Fresán, este modelo de “gran escritor” es inalcanzable, empujando al narrador-escritor fresaniano, una y otra vez, hacia el país de las canciones tristes: Sad Songs, Londres (en Jardines de Kensington), Rancheras Nostálgicas, México y Chansons Triste, en Mantra y Canciones Tristes, Argentina en La velocidad de las cosas.  Y es allí, en ese lugar, donde todo ocurre; donde ese escritor, que aquí llamamos “joven”, se pasea por su infancia, por su muerte planeada de muchas formas, y sobre todo por las ficciones de su vida.

Y es aquí donde se nos revela un eje central de la narrativa de Fresán: la infancia, que aparece en varias obras de este autor como catálisis de un tiempo, de un recuerdo, de un fantasma que ese personaje-escritor no ha podido exorcizar. En ambos relatos hay un hermano del narrador que muere trágicamente, y este suceso desencadena la muerte y desgracia del resto de los personajes, sobre todo del que narra, quien encerrado en el pueblo Canciones Tristes, algo así como la República de las Letras, escucha una grabadora donde está registrada su infancia y la del hermano muerto en películas, en canciones, en libros, en postales, en personajes infantiles como Peter Pan, o los personajes de la Dimensión Desconocida.

Así, es precisamente la muerte de Baco, hermano pequeño de Peter Hook, narrador en Jardines de Kensington y autor de la saga Jim Yang, el evento que le permite a este personaje articular, en un monólogo de casi 480 páginas, una novela doble donde por un lado le cuenta a Keiko Kai, niño-actor de la saga Jim Yang The Movie, la historia de James Mathew Barrie, autor de Peter Pan, y por otro lado, le habla de su propio trauma, el accidente de Baco, que le impide a este niño-narrador crecer.

Algo similar ocurre en Postales enviadas desde el país de los hoteles, cuento incluido en la novela La velocidad de las cosas, donde el narrador intenta reconstruir su historia y la de su familia a partir de la muerte de un niño, su hermano mayor que nunca conoció y que de algún modo, es su propio fantasma. A través de las postales que envía y recibe de de T.B. Parkinson, personaje clave en este cuento, el narrador irá reconstruyendo la muerte de su hermano, y las secuelas que quedaron en su familia tras este accidente.

En ambos casos, el tema es servido como el artificio que le ha dado a los libros de Fresán su tono más característico: la saturación como estilo y la incorporación de una multitud abigarrada de medios y referentes culturales vinculados al pop. A partir de la conjunción de tema y estilo surge una pregunta que me parece fundamental para apreciar la literatura de Fresán, ¿constituye este estilo sólo una fórmula que lo vincula a un público joven, rockero, pop, mediático, kitsch, pero ante todo moderno y juvenil, o más bien se trata de un imaginario que revela las ganas que sus personajes y narradores tienen de permanecer siempre jóvenes? Tal vez sea precisamente este artificio, el ruido, la acumulación de datos como estilo, lo que esconde la tragedia central que casi siempre aparece y nos deja con la sensación triste de una historia que ha costado contar, pero que finalmente valió la pena escuchar. Así, puede que en una canción como A day in the life de los Beatles, esté contenida la piedra angular de la literatura de Fresán: la infancia como memoria, como recuerdos de una muerte accidental, que nos ha fijado a todos en un estado fantasmal e infantil, y que activa las historias a partir de canciones tristes, que ahora son tristes porque por medio de ellas se recuerda con nostalgia y algo de ficción, la vida.

 

 

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