Revista Intemperie

Lo crudo, lo cocido, lo prohibido: el frustrado estreno de la obra de Marco Antonio de la Parra

Por: Paula Peña Rozas
Lo crudo lo cocido y lo podrido

La historia del teatro está poblada de anécdotas, misterios y escándalos. En la primera de una serie de recuerdos de este tipo, algunos de los protagonistas recuerdan el complicado estreno de una las primeras obras de Marco Antonio de la Parra

 

El Festival de Viña de 1988 puso en escena los últimos coletazos de la dictadura. Durante la actuación de la banda norteamericana Mr. Mister –recordada por esta polémica más que por otra cosa– el vocalista, Richard Page, daba una explícita señal de rechazo a la represión: “Un saludo para actores chilenos amenazados. Los artistas del mundo estamos con ustedes”. El mensaje aludía a los anónimos con amenaza de muerte recibidos por varios artistas del medio teatral, entre ellos, Julio Yung, Nissim Sharim y Marco Antonio de la Parra. “Nosotros vivimos con miedo, crecimos con miedo”, reflexiona De la Parra acerca del clima de represión vivido en dictadura, sobre todo por quienes se dedicaban a alguna actividad artística, como el teatro.

Diez años antes, en 1978 Marco Antonio De la Parra era ya un dramaturgo emergente y se aprontaba a enfrentar su primer estreno profesional en el Teatro de la Universidad Católica con la obra Lo crudo, lo cocido y lo podrido, dirigida por Gustavo Meza. Pero estrenar en dictadura no era tan fácil, considerando que todos los sectores de la sociedad, incluidas las universidades, estaban intervenidos por autoridades que se ocupaban de callar cualquier voz disidente del régimen militar. Y entonces le tocó el turno a Lo crudo, lo cocido y lo podrido: el estreno fue cancelado por el Vicerrector de Comunicaciones de esa época, el actual senador UDI, Hernán Larraín.

La acción de Lo crudo… transcurre en “Los Inmortales”, un restaurant decadente -más parece un campo de concentración– al que no entra un cliente hace largo tiempo y en donde los garzones están encerrados ya que la “Orden de la Secreta Garzonería” así lo dicta. La obra muestra políticos degradados y oscuros, que fueron los antiguos clientes del lugar.

El ensayo general, previo al supuesto estreno, contó con un público selecto: por un lado, la comisión que representaba al régimen militar, encabezada por Hernán Larraín y por otro, el consejo del teatro, integrado por Raúl Osorio, actual director del Teatro Nacional Chileno y María de la Luz Hurtado, académica e investigadora de la Escuela de Teatro de la UC, entre otros. De aquel ensayo, Hurtado recuerda escenas estremecedoras: “en un momento se abrían las cortinas de la parte superior del teatro y aparecía una galería de esqueletos, era muy impresionante.” “Se torturaba en escena pero dentro del relato, estas torturas eran relativas a otra cosa”, agrega, queriendo aclarar que aquella violencia no significaba únicamente una crítica a los excesos del régimen militar. Pero Hernán Larraín no estaba para discusiones acerca de la multiplicidad de sentidos: sólo decidió cancelar el estreno. “Terminó la función y había un silencio sepulcral, sin aplausos ni nada. Hernán Larraín se paró y dijo que la obra no podía darse porque atentaba contra ciertas morales”, recuerda Raúl Osorio. Los días posteriores se armó una polémica en los diarios respecto al abortado estreno, que incluyó declaraciones de diversas autoridades de la UC. En el diario La Segunda del 29 de Junio de 1978, Larraín señalaba: “Quiero dejar en claro que ésta no es una persecución política, como se ha querido insinuar, porque me tiene sin cuidado lo que piensen algunos sectores, en relación a lo político. La suprimimos por el lenguaje y su contenido, que consideramos irrespetuoso”.

Nadie: ni el director, ni el dramaturgo ni los miembros del consejo del teatro concordaron con Larraín, pero todos coincidieron en que sus argumentos eran sólo eufemismos para esconder una razón más potente que, aunque jamás se haría pública, era de conocimiento general. “La obra no se censuró porque hubiera groserías, sino por un tema político, evidentemente. No cabe duda de que lo que está simbolizado ahí es el orden autoritario”, asegura Hurtado. La obra logró estrenarse fuera de la UC, en la Sala Bulnes. En 1979 fue premiada como la mejor obra latinoamericana por el TOLA en Nueva York, además de traducirse al alemán y ser publicada en antologías. Y casi como una revancha, Lo crudo… fue remontada en el último festival Santiago a Mil.

 

Foto: Revista Ercilla

Deje su mensaje

Debes estarsuscrito para enviar un comentario.